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lunes, 19 de enero de 2015

El patrón oro, por Juan Ramón Rallo

¿por qué el patrón oro es el sistema monetario más justo desde un punto de vista político?
Comencemos por la situación en la que se halla cualquier país pequeño. Este país soberano tiene de entrada dos opciones para con su moneda: o dejarla flotar libremente o ligarla a alguna moneda extranjera. Aunque en principio podría parecernos razonable que deje flotar la moneda, tengamos presente que las economías pequeñas suelen estar enormemente internacionalizadas (no les queda otra: dentro no pueden producir todos los bienes variados que necesitan), de modo que fluctuaciones bruscas en los tipos de cambio de su divisa con respecto a la de sus principales socios comerciales pueden ser devastadoras para sus economías.
Por ejemplo, supongamos que dentro de esa economía pequeña se desarrolla un producto revolucionario para el resto del mundo (un medicamento contra el cáncer, verbigracia). En tal caso, las exportaciones de ese producto se dispararían, pero junto con las exportaciones específicas de ese producto también se dispararía el tipo de cambio de ese país (los extranjeros comprarían su divisa para poder adquirir el medicamento contra el cáncer). La súbita e intensa apreciación de la moneda del país pequeño supondría así un auténtico mazazo para toda su restante industria exportadora, que vería caer sus ventas al extranjero debido al encarecimiento de su moneda. No es un escenario de ciencia ficción; incluso se ha acuñado una expresión económica para describirlo, el mal holandés, que es plenamente aplicable a la misma naturaleza de los tipos flotantes. De hecho, tal como ilustra el reciente caso de Suiza, las únicas causas que generan una súbita apreciación de la divisa no se limitan a un mayor auge exportador: si la moneda de un país pequeño se convierte en refugio internacional, entonces también se termina machacando a su muy inocente industria exportadora.

Tres cuartos de lo mismo cabría afirmar con respecto a la depreciación de la divisa: imaginemos que la industria exportadora de un país se hunde y que, como consecuencia de ello, su divisa se deprecia enormemente. Muchos ciudadanos verán mermada su capacidad adquisitiva para comprar al exterior incluso productos básicos por el simple hecho de que una parte de su economía (no relacionada necesariamente con su actividad) se ha hundido. Algo similar sucede cuando los ahorradores huyen de una moneda porque el gobierno está destruyendo su valor: la divisa se deprecia tanto que impide financiar la más mínima importación (como le ocurre ahora a Venezuela).
Los problemas anteriores, que se magnifican conforme más pequeña sea una economía, suelen hacer aconsejable que los países diminutos adopten tipos de cambio fijos con sus principales socios comerciales (aquellos otros países a quienes compran y venden mayoritariamente). Y aquí nos topamos con tres posibilidades: el país pequeño puede establecer una convertibilidad fija de su moneda con la moneda extranjera; el país pequeño puede renunciar a su propia moneda y adoptar la de su principal socio comercial; el país pequeño y sus socios comerciales pueden adoptar una moneda común independiente a todos ellos.
El primer caso, la convertibilidad entre monedas nacionales, es problemático. Imaginemos que el país A establece que una unidad de su divisa se intercambiará por una unidad de la divisa del país B (1:1). En tal caso, el banco central del país A tendrá la potencial obligación de comprar ilimitadamente la divisa que emita el banco central del país B, de modo que si éste es tremendamente irresponsable, a aquél no le quedará otro remedio que serlo. Al final, si un país quiere mantener una convertibilidad permanente con su vecino no le queda otra opción que someterse a la política monetaria de ese vecino.
Lo mismo sucede en el segundo caso: si el país pequeño adopta la moneda de un país extranjero, claramente se está subordinando a las decisiones de política monetaria que tome ese país extranjero. Éste, de hecho, estará tentado adoptar decisiones irresponsable con el objetivo de transferirle parte del coste de las mismas al país pequeño. Por ejemplo, la Reserva Federal de EEUU tiene mucho más margen que otros bancos centrales para comportarse irresponsablemente porque los dólares son empleados como reserva internacional; por consiguiente, las tensiones inflacionistas se trasladan (y se diluyen) por todo el planeta.
Por consiguiente, si un país no quiere ser el satélite monetario de otro, la única forma razonable de implantar tipos de cambio fijos es creando una moneda común e independiente a todos ellos. Y, nuevamente, aquí contamos con dos posibilidades: que esa moneda global sea fiat (un simple pasivo del banco central no convertible en nada) o que sea un activo con cualidades monetarias como el oro (o la plata o asimilados).
La primera de estas dos opciones fue la que defendió Keynes en las negociaciones de Bretton Woods, cuando propuso implantar una divisa mundial conocida como bancor. El problema (político) de este tipo de esquemas es que tienden a volverse ingobernables: dado que la moneda fiat es una moneda manejada, controlada y dirigida por el poder político, inmediatamente tras su implantación la pregunta pasa a ser la de quién controla la moneda fiat global (o, mejor, en beneficio de quién se maneja la moneda fiat global). A este respecto, el caso del euro es muy ilustrativo: la moneda única europea es una pugna continua entre los diversos gobiernos nacionales para orientar la política monetaria del Banco Central Europeo en su propio provecho. Imaginen esos mismos conflictos pero a una escala mundial: es evidente que las tensiones internas serían muchísimo más graves que las vividas hoy en día dentro de Europa (imaginen que el gobierno chino o el gobierno de Irán pudieran decidir sobre la política monetaria aplicable también en España).
Dadas las divergencias de intereses geopolíticos de los distintos gobiernos en liza, la implantación de una moneda fiat única suele ir aparejada a una unificación política: a la institución de un gobierno común que represente los intereses de todos (hacia eso quieren llevarnos muchos en Europa para volver al euro "gobernable" y viable a largo plazo). Pero, nuevamente, esto no constituye solución alguna: obviando las dificultades prácticas para constituir un gobierno mundial, parece claro que los incentivos regionales a secesionarse de un gobierno mundial serían enormes en aquellas regiones que se sintieran agraviadas por su actuación (el caso de Reino Unido con la Unión Europea, por ejemplo). Por tanto, la deficiencia de fondo sigue ahí: como la moneda fiat es un dinero politizado y la política es un juego de suma cero (o incluso negativa), los perjudicados por la acción político-monetaria buscarán romper unilateralmente la baraja.
¿Qué nos queda entonces? Nos queda acudir a un árbitro exterior e imparcial: es decir, al patrón oro. Un dinero no politizado –por cuanto nadie puede determinar ni su producción ni su distribución primaria– y común a todas las sociedades: unas reglas del juego superimpuestas a todos que, como las leyes generales e impersonales, no están concebidas para beneficiar a nadie en particular. A la postre, dado que todos los países comparten el mismo dinero, no hay fuertes apreciaciones o depreciaciones monetarias que distorsionen arbitrariamente la especialización regional: el patrón oro es, pues, la infraestructura adecuada para una división global del trabajo.
Por desgracia, en la actualidad existen pocos incentivos para reimplantar el patrón oro. EEUU, el único país que por su tamaño y ascendencia podría impulsar la reforma, carece de toda razón para hacerlo: el mundo vive hoy en un patrón-dólar de facto, lo que le proporciona enormes regalías. A su vez, el resto de países bajo su área de influencia entienden estas regalías, en parte, como un impuesto por la protección militar que les proporciona la superpotencia estadounidense; además, la fluctuación parcial de sus divisas con respecto al dólar proporciona a sus gobiernos un cierto margen de maniobra para utilizar la política monetaria en su privativo beneficio (si bien de manera limitada: si los países satélites deprecian mucho sus divisas frente al dólar, rápidamente hay una llamada al orden). Por último, los países fuera de su área de influencia (Rusia, China y algunos países musulmanes), si bien podrían tener incentivos para abandonar el patrón-dólar (y algunos intentos ya ha habido), han de ser cautos al respecto: un completo abandono del dólar los expondría a los riesgos exteriores que hemos analizado al comienzo del artículo para el caso de países pequeños (fuerte apreciación y depreciación de la divisa frente a sus socios comerciales que sí usan dólares); eso sí, conforme más se amplíe el tamaño interno del mercado de estas economías fuera del área de influencia de EEUU, mayores serán sus incentivos (y menor será el coste) de escapar del dólar ya sea creando una moneda fiat común a todas ellas o implantando un patrón oro regional.

En cualquier caso, que nuestros políticos ventajistas carezcan de incentivos para regresar al patrón oro no debería cegarnos a los ciudadanos para reclamar un orden social internacional más justo, imparcial, eficiente, cosmopolita y cooperativo para todas las partes: es decir, para reclamar el retorno al patrón oro.

lunes, 4 de agosto de 2014

La planificación central y la medicina, por @AlbertoZambrano


Como médico formado en la UCV, aprendí a tener la sensibilidad social que implica entender al enfermo, y mi rol como galeno es ayudarle con su padecimiento, para que pueda recuperar su productividad, regresar a su entorno y continuar con su vida.
En la UCV nos enseñan las bondades de la planificación central, no nos explican que el estado benefactor, ese que te garantiza salud, seguridad social, impuestos y demás lo hace a costa del cobro de impuestos de los más productivos. Nos hablan de la maravilla que implica el “plan de salud para todos en el 2000, firmado en Alma Ata”, la Declaración de Indonesia y demás planes gubernamentales de salud que buscan de forma altruista el garantizar que todo ser humano que padezca una enfermedad sea tratado.
Lo que no nos enseñan en la universidad es quien paga por ello, y como se genera la riqueza.
Y no nos lo enseñan a los médicos porque nos inculcan una especie de apostolado hipocrático.
En la antigua Grecia, para todos esos grandes pensadores, todo aquello que se asemejara a libre ejercicio de la función empresarial era mal visto. El mismo juramento hipocrático le pide a los galenos no lucrarse. Y paradójicamente, la mayoría de la población piensa que los médicos estamos forrados en billetes de altísima denominación. Pero nada podría estar más lejos de lo cierto.
La realidad es que mi profesión ha sido una de las más castigadas por la planificación central de la economía.
Los socialistas yerran en cuestiones de hecho, creen que por ser intelectuales tienen acceso a todo el universo y orden de preferencias de los consumidores, y ello, desde un punto de vista operativo es imposible para el estado, porque no están en capacidad de recopilar una cantidad de información en la cabeza de todos los habitantes del mundo, que surge de manera espontánea, irregular, y entrópica, es imposible para el planificador central de los servicios de salud tenga acceso a esa enorme cantidad de información, pero ellos presumen que si por varias razones:
-desconocen por completo el proceso del mercado
– como preconizan la idea de una economía planificada, paradójicamente no tienen acceso a la información que el orden de preferencias y necesidades que surge de la oferta y demanda que crea el mercado, ante la ausencia de un sistema de precios, no saben que producir y terminan desarrollando una serie de monopolios ineficientes, como por ejemplo el monopolio estatal de la salud, que no satisface la demanda de los consumidores, tiene a galenos con gran talento siendo sub pagados y malgasta dinero. Ya que el gran estado no sólo gasta mucho, sino que gasta mal.
Los planificadores centrales y su estado benefactor ofrecen:
“Salud pública, universal, ‘gratuita‘, para todos” , “Educación obligatoria, universal y gratuita”, entre otras promesas.

Estas ideas suenan muy bonitas y bien intencionadas, pero detrás de ellas hay una gran perversidad.

¿Cómo se financia la salud pública ofrecida por el estado?

Se financia a través de medios coercitivos, de acciones institucionales, (en este caso la institución es el estado) dirigidos hacia el empresario, mediante el cobro de impuestos.
¿Qué tiene de malo cobrar impuestos para que el Estado pague la salud de sus ciudadanos?
Que le quita al ciudadano la posibilidad de elegir en donde se puede tratar su padecimiento. Y ese es el peligro inherente al estado benefactor, nos obliga a delegar en un funcionario público, (generalmente un intelectual que se vanagloria de ocupar una oficina o cargo estatal) la libertad de decidir como adultos lo que nos conviene.
El ejercicio de la coacción impide que el proceso empresarial descubra y cree la información necesaria para la coordinar la sociedad que los planificadores desean.
Al impedirle al paciente la libertad de elegir en donde se atenderá un padecimiento el estado tácitamente lo trata como a un niño, es papá estado, representado en un funcionario público el que planificará, monitorizará, y decidirá sobre lo que es mejor para esa persona.
El poder elegir nos hace adultos, el que alguien decida por nosotros con la excusa de nuestro “bienestar” nos pueriliza, y nos convierte en los borregos de los cuales Tocqueville hace más de doscientos años advirtió.

Siempre que se pide la privatización de los servicios de la salud, la izquierda hipócrita, usa el demagógico argumento de los pobres, pobres por los cuales no tiene ningún tipo de interés más allá del electoral. “¿Dónde se atenderán los que no tienen con que pagar?”. La respuesta la encontramos a lo largo de la historia, ya que ninguna sociedad a lo largo de la historia de la humanidad ha permitido que los más desposeídos caigan en desgracia, el icónico ejemplo de las friendly societies de Australia en las cuales se atendían a los enfermos, las organizaciones caritativas y demás asociaciones que de forma altruista decidieron darse a la tarea de cuidar a los enfermos sin necesidad de la intervención estatal.

La caridad es espontánea, si se decreta se aniquila – Frédéric Bastiat

La aniquilación de los monopolios estatales de la salud se traduce en mayores salarios para médicos, enfermeros, bio analistas, investigadores y demás miembros del equipo de salud, al tiempo que creas oferta, para un país como Venezuela, en donde la demanda de los servicios de salud es gigantesca, (porque los servicios públicos sanitarios colapsaron) se equilibran los precios, no es necesario el infame baremo de servicios, que le pone precios máximos al talento competitivo.
Al crear riqueza en vez de redistribuirla en materia sanitaria se incrementa de forma notoria la productividad del país, pues los trabajadores enfermos se reinsertan más rápidamente en su ambiente laboral, se incrementa la esperanza de vida del ciudadano, entre muchos otros beneficios para la economía del hecho que implica que sus ciudadanos gocen de buena salud porque puedan elegir el sitio donde se atienden sus problemas de salud.

en el intercambio comercial, la ganancia de uno es la ganancia del otro

Los progres demagogos e hipócritas aman la salud pública para el pueblo, pero nunca los ves en un hospital público, esa foto que rueda la internet de José Mujica haciendo cola en un hospital público es una gran mentira, la Fiscal General de la República, se hace sus cirugías cosméticas en una clínica exclusiva del este de la ciudad, los miembros del partido comunista cubano se atienden en hospitales exclusivos para ellos. Para la progresía, el poder planificar la vida de los demás es una máxima que aprendieron de Lenin.

¿libertad? ¿Para qué? – Lenin

Los progres siempre van a criticar al médico que se quiera lucrar de su trabajo, y lo hacen porque el dogma legitimador del socialismo es la envidia, los galenos estudiamos durante años y ejercemos nuestra labor de forma moral, legítima, legal y justa, ya quisiera ver a alguno de los que critica a mi profesión no cobrar por su oficio.

no es por la benevolencia del panadero, del carnicero y del cervecero que podemos contar con nuestra cena. Es por su propio interés- Adam Smith , un estudio sobre la riqueza de las naciones

Y es que ninguno lo hará ya que la supervivencia y el modus vivendi que garantizan la propiedad privada son fundamentales para el libre desarrollo de la libertad individual, esa a la que los planificadores centrales, colectivistas detestan para los demás y aman para sí.
Demos una oportunidad a la salud privada y dejemos la demagogia en materia sanitaria afín a MUD y PSUV

Hasta una próxima ocasión, si las circunstancias lo permiten
@AlbertoZambrano

jueves, 31 de julio de 2014

¿Por qué una zona económicamente especial?, por @nassincastillo


Desde los años 60 del siglo 20, las Zonas Económicamente Especiales (ZEE) se han convertido en una herramienta capital para los gobiernos de algunos países como India, China, Rusia, México, y otros países de peso intermedio como Kazajistán y Angola, con la que han logrado incrementar las inversiones extranjeras y acelerar el proceso de desarrollo industrial.

Pero de qué hablamos cuando utilizamos el concepto de ZEE. Debido a sus siglas, puede ser confundida con las Zonas Económicas Exclusivas, que, sin embargo, tiene poco que ver con el concepto que nos interesa. Cuando utilizamos el concepto ZEE nos referimos a un aglomerado de modelos, geográficamente focalizados, de diferenciación del territorio en el campo de las competencias de las autoridades locales y de las legislaciones económicas, con respecto a su Estado de origen, siempre buscando favorecer la libertad económica.

En palabras más sencillas, una ZEE es un territorio que, perteneciendo a un Estado, se rige por normativas distintas, notablemente más propensas al libre mercado, que el resto de los territorios del país.

Tal como registra Orozco (2009), las ZEE en China han logrado tasas de crecimiento económico altísimas que apalancan realmente a la economía de todo el país. El experimento chino permite a los líderes de otros países entender que este tipo de reformas funciona y que sus miedos son generalmente producto de los prejuicios que durante décadas se han asentado en la mentalidad económica de los gobernantes.

Reformulando, y ampliando, el concepto de las Zonas de Procesamiento de Exportaciones, claves en el acelerado proceso de industrialización y desarrollo de otros países asiáticos luego de la Segunda Guerra Mundial, los chinos entendieron que la apertura no sólo era necesaria, sino también deseable, por lo que decidieron:

Reducir aspectos administrativos para disminuir la burocracia (y en consecuencia, las facilidades a la corrupción).
Reducir el número de leyes y también la amplitud de la influencia de las mismas en una serie de temas como la inversión y las operaciones de las empresas.

No solo el experimento triunfó, sino que demostró que el desarrollo de zonas aparentemente “despobladas” y atrasadas, si se les compara con otras, es perfectamente posible. En cerca de 30 años estas zonas marginadas se han convertido en polos indiscutibles de desarrollo y prosperidad para millones. Aquellas zonas donde se iba a permitir la participación de extranjeros y chinos de ultramar y otros territorios del mundo demostraron que con cambios en los incentivos se prospera.

Otros países del mundo han aprendido de la experiencia China, incluso, sorprende que la república de Corea del Norte ha llegado a permitir una ZEE en el extremo norte costero que hace frontera con China y Rusia, proximidad que ha encontrado respuesta de los empresarios de ambos países. Pero el caso norcoreano no es el más exitoso de todos, aunque quizá sea el más simbólico.

Los chinos hace ya un par de décadas notaron que el libre comercio es beneficioso para la sociedad en general, datos de las remesas de los trabajadores migrados a las ZEE que luego envían dinero suficiente a sus familias en la china interior son prueba de que los salario pagados fomentan eldesarrollo del conjunto del país. No sólo las remesas son un indicador, sino que también en términos relativos, el crecimiento de casi 40% de algunas ZEE chinas a apalancado el incremento salarial en base a la productividad. Los trabajadores de las ZEE ganan hoy más que sus pares de las reglamentadas e intervenidas provincias del interior (Orozco, J. 2009: 81).

Estos incrementos salariales casi podrían ser comprendidos como consecuencia lógica de la orientación a la búsqueda de Inversión Directa Extranjera (IDE de ahora en adelante). Y la inversión extranjera en algunos sectores se orienta en mejorar la productividad traduciéndose en mejoras salariales.

Las autoridades de los distintos gobiernos del mundo que han optado por esta forma de liberalización hiper-concentrada geográficamente se han deshecho de muchos de sus prejuicios, entendiendo que aún pueden mantener ciertos controles. A fin de cuentas, una ZEE está siempre bajo la jurisdicción del Estado, y suele ser objeto de experimentación, la clave parece estar en las garantías.

Niveles impositivos competitivos (y lo suficientemente atractivos); derechos de propiedad plenamente garantizados; salarios libremente acordados y leyes laborales flexibles; todo va de la mano con el desarrollo orientado fundamentalmente hacia el sector exportador. Es por ello que muchas ZEE pueden ser confundidas con las tradicionalmente utilizadas Zonas Francas (ZF), más restrictivas en las áreas liberalizadas.

Resulta común el paso desde las ZF a las ZEE, pero el paradigma de hoy parece ir en dirección al establecimiento de ZEE desde el principio, con amplias miras y pocas normas para la instalación, desarrollo y exportación e importación (Tuz, L. 2011). De igual forma, planificadores de todas las latitudes pueden optar por diversos tipos de zonas, unas más orientadas a la inversión industria, tecnológica, comercial, e incluso turística; así, pueden confirmar la idea, revolucionaria para algunos, de que la libertad de industria y comercio funciona.

Tampoco es valedero la crítica que suele dirigirse en torno a la idea de que una ZEE en un país poco importante y peso en el mundo resulta perjudicial. Si se atiene a la historia, precisamente en países aparentemente indefensos e insignificantes, como Bangladesh y Polonia, pequeños como Panamá, Jamaica y Honduras, recientemente, se comprueba que las ZEE reportan oportunidades a quienes aparentemente no las tenían.

Venezuela durante años mantuvo en el estado Nueva Esparta una zona de importación preferencial, un puerto libre (PL). Pero los venezolanos poco advertían de las posibilidades que para Nueva Esparta habría tenido la ampliación del PL hacia una ZF o incluso una ZEE. Los gobernantes, temerosos de darle libertades a la gente, sea por creerse más conocedores que el resto de lo que más le conviene al país, sea por simple rechazo a la idea de libertad económica, poco hicieron por ampliar esta idea.

Mucho menos se percataron de las posibilidades que una ZEE reporta a la agregación de valor en los productos finales, lo que en la mentalidad propia del pensamiento desarrollista cepalino que durante décadas predominó en América Latina, habría justificado ampliamente la adopción de las ZEE como herramienta de desarrollo intensivo. La adopción de esta herramienta no solo será algo deseable, sino necesario, para el desarrollo acelerado que Venezuela requerirá una vez finalizado el largo ocaso socialista.

Las ZEE así como los Business Improvement Districts(BID’s), que no es más que una versión geográficamente diminuta en comparación, pueden encerrar la llave del desarrollo para Venezuela.

Para que tal cosa suceda, tiene que venir un cambio legal, y antes que ello, un cambio de mentalidad para que no se dependa de un milagro, un cambio de opinión en los socialistas de todos los partidos, producto de una crisis aparentemente insoluble dentro de los marcos establecidos por el socialismo en todos los colores en el arcoíris partidista criollo.


Especial para el grupo Condor

Eduardo Castillo es Sociólogo egresado de la Universidad Central de Venezuela

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Fuentes bibliográficas

CONEJO, R. (1985) Las Zonas Económicas Especiales ¿maquiladoras en China? [Versión electrónica]. Estudios de Asia y África, número 3, 444-469.

OROZCO, J. (2009). La creación de zonas económicas especiales en China: impactos positivos y negativos en su implementación [Versión electrónica]PORTES Revista mexicana de estudios sobre la Cuenca del Pacífico, número 6, 69-86.

TUZ, L. (2011). Diseño de un proyecto de generación de una Zona Especial de Desarrollo Económico (ZEDE) en la frontera norte. (Proyecto de titulación previo a la obtención del título de ingeniero empresarial). Facultad de Ciencias Administrativas. Escuela Politécnica Nacional.

VIGUIER-WILLIAMS, A. (2014). Zonas Económicamente EspecialesInternacionalmente. Comercio Internacional y Marketing. Recuperado el 31 de julio de 2014 de:http://internacionalmente.com/zonas-economicas-especiales/

martes, 1 de julio de 2014

El discurso marxista en la oposición, por David Guenni



Parte del esfuerzo de Resistencia consiste en desnudar la propaganda del enemigo, con el objetivo de acercarnos a la victoria también en el plano de lo discursivo. Ya para nadie es un secreto que la MUD y su intelligentsia son parte funcional del régimen. Lo que puede seguir permaneciendo oculto, a muchos, es el hecho de que el discurso de la Oposición Oficial está cargado de elementos ideológicos propios de una popular interpretación del socialismo marxista. Vamos por parte, ya que cada elemento deriva de los anteriores.

1) “Hay que ganarse y movilizar a los pobres, sin eso no hay cambio posible”

El argumento de que “subir a los barrios” es la primera prioridad de los venezolanos que quieren salir de la tiranía, proviene de una postura marxista, según la cual la única clase que -verdaderamente- puede ser sujeto revolucionario auténtico es la clase trabajadora (el pobre o proletario). Esta tesis queda anulada tras una breve consulta con la Historia: las revoluciones las hacen los estratos medios de la sociedad, ya que son éstos los principales sectores amenazados por las monocracias y los regímenes despóticos, y son los únicos que pueden adquirir consciencia política en pleno. Las grandes masas pobres son adictas a la figura del monarca, dictador o tirano (según sea el caso), ya que su psicología está orientada a la seducción por parte de figuras que representan seguridad y fuerza. Si los estratos medios logran sostener la Resistencia, los estratos bajos están ganados de antemano, y se adherirán al combate ya que su grupo de referencia son precisamente los sectores medios de la sociedad (su aspiración de vida es llegar a ser como dichos sectores). –El argumento en cuestión no sirve sino para distraer y dividir a la Resistencia.

2) “Hay que lograr una mayoría aplastante, una avalancha de apoyo dentro de la población; de lo contrario, no lograremos el cambio”.

 El argumento de buscar la “inmensa mayoría” proviene de otra tesis marxista, según la cual la revolución obrera era un derivado necesario e inevitable de la dinámica interna del proceso de acumulación de capital. La pauperización generalizada en los países altamente industrializados, haría del surgimiento de un movimiento de masas proletarias -con consciencia revolucionaria- algo fácil y abrumador. Pero la práctica demuestra, una y otra vez, que las grandes acciones políticas son llevadas a cabo por minorías decididas y comprometidas con una causa determinada. El resultado de la perpetua insistencia en la “construcción de mayorías”, es la resignación de esa porción de la ciudadanía que ya es (¡oh, sorpresa!) una comprobada mayoría numérica.

3) “Hay que hablarle a la gente de los problemas «sociales» y concretos, no podemos llegarle al pueblo con abstracciones”.

 El argumento acerca de que la adhesión demagógica solo se logra si se tocan los temas cercanos a la economía familiar, proviene de la situación filosófica y epistemológica básica de Marx y Engels. El marxismo clásico es estrictamente materialista -en el sentido economicista del término-, y por esa razón tiende a ver, detrás de TODOS los fenómenos humanos (arte, moral, política, comunicación, estructuración social, conocimiento, cultura, etc.), la mano peluda de la dinámica económica de la sociedad. No es de extrañarnos que la “oposición” fustigue como “inútil” cualquier tipo de argumento basado en la defensa de los valores, las leyes, las instituciones, la cultura, la dignidad, la Soberanía, la Libertad… Para los marxistas, todas esas “tonterías” son siempre menos importantes que las necesidades materiales de la gente. Pues malas noticias para ellos: el hombre no es solo necesidad, también es voluntad y consciencia. Una verdadera fuerza política decidida a combatir al comunismo en todos los frentes, sería la primera en elevar el discurso al terreno de las cosas más importantes que tiene el hombre – como ser en busca de la trascendencia. Una verdadera oposición a este régimen, denostaría de todo discurso que reduzca a los seres humanos, en su esencia, a la condición de especie animal, ya que el quiebre de la dignidad de las personas es el instrumento predilecto del comunismo.

4) “Lo que dicen los pobres es santa palabra, la opinión de ellos es la opinión que realmente cuenta”. 

El argumento de la superioridad intelectual -a priori- de los estratos bajos, proviene de las convicciones político-ideológicas del marxismo: dado que la meta irrevocable de la Historia es la sociedad sin clases, la clase llamada por la providencia a hacer la revolución final es el proletariado; lo cual justifica que todo lo que se identifique con este propósito supremo sea endiosado, por pertenecer al “lado correcto de la Historia”. Todo lo demás es automáticamente rechazado como “burgués”, “a-histórico”, “reaccionario”, “retrógrado”, “conservador”, “falsa consciencia”, “ideología”, etc. Las implicaciones perversas de esta postura, son evidentes: a los estratos bajos, en Venezuela, se les ha socializado para que bailen al son de la clase política clientelista; dichas cúpulas siempre pueden utilizar el argumento en cuestión para arrogarse una interpretación infalible de la “voluntad del pueblo pobre”, con lo cual se convierten en portadoras de la palabra de Dios (por aquello de vox populi, vox dei). Asimismo, la reducción analítica de todo proceso histórico a un asunto de clases socioeconómicas pervierte la realidad, y la simplifica brutalmente en función de compartimientos estancos; así, la manipulación del argumento democrático (ya que los pobres son mayoría) no se hace esperar, siendo arma favorita para el control de masas. Este problema “teórico”, sigue siendo uno de los vicios recurrentes producto de la adicción al marxismo. –Por cierto, ¿se fijó usted en que la presencia de los “sectores populares” en la Resistencia, es contundente?

5) “El gobierno, los radicales, los empresarios, los militares, todos son de derecha”

La tesis de que todo aquél que ataque a la MUD es “de derecha”, proviene de una visión de la sociedad contemporánea típica del marxismo clásico. Según el mismo, la sociedad capitalista se divide, a la hora de la verdad, en dos únicas clases: la burguesía y el proletariado. En consecuencia, todo lo que no encaja dentro del discurso de los máximos intérpretes del “pueblo pobre”, es un ataque de la “burguesía”, que ellos ven -naturalmente de forma errónea- como la «derecha». El argumento no solo impide la correcta identificación de la ideología del régimen enemigo, sino que también ignora la ausencia práctica de fuerzas políticas de centro o de derecha en el país; además, genera mayor confusión entre la población (puesto que imita la verborrea de los comunistas), sataniza y ahuyenta a los seguidores que no se consideran de izquierda, y es, simple y llanamente, una idiotez, producto de la indigestión mental de cualquier marxista.

Uno todavía no alcanza a entender, cómo puede haber alguien que logre establecer diferencias significativas entre los integrantes del chavismo y los de la Oposición Oficial. Después de todo, constituyen un gran bloque: la clase política venezolana. –Si usted entiende, por favor explíquese



Tomado de foro libertad.

jueves, 26 de junio de 2014

Los controles de precios: un fracaso de 4.000 años




o toda de la ganancia que se le puede sacar a la oferta, los controles de precios de forma inevitable crean escasez. También llevan a los proveedores a reducir la calidad de los productos que ofertan y con frecuencia conllevan a bizarros e injustos programas gubernamentales de racionamiento. 

El caso de los controles de precios no sólo se limita a los textos de economía. Han habido 4.000 años de historia detrás de esta práctica: 

En Egipto antiguo: el estado buscó regular la distribución y el precio de los granos, resultando en abandono del campo por parte de los granjeros, esto conllevó a debilitamiento político y económico del aparato producto  egipcio y con ello la debacle de su civilización.

En Babilonia, el famoso Código de Hammurabi funcionaba como un sistema de precios:

Decía el código: "si se contrata a un hombre para arar el campo, se le darán 8 gur (medidas babilonias de la época para medir el volumen de granos equivalentes a 8.5 quintales) por año"

"Si un hombre ha de contratar a un pastor para cuidar su ganado, le pagará 6 gur por año"

Y así sucesivamente decía dicho código.

La implementación de dicho código retrasó el desarrollo de esa civilización durante décadas y una vez que el código fue abolido, la calidad de vida de los habitantes de Babilonia mejoró significativamente.

En la antigua Grecia se impusieron controles de precios, el gobierno ateniense nombró inspectores que ponían precio a las cosechas, lo cual generaba gran escasez, sin embargo, los mercaderes griegos desarrollaron mercados negros a través de los cuales se satisfacía la demanda. 

En la antigua Roma: el emperador romano Diocleciano, creó el fenómeno conocido como "inflación"  al poner mucho dinero en circulación y luego fijó el precio máximo al cual la carne, granos, huevos, textiles, y otros bienes y servicios podían ser vendidos. Así como imponer la pena de muerte para todo aquel que ofreciera bienes y servicios a una tasa mayor.

Eso trajo como consecuencia que los mercaderes no llevaban sus bienes a los mercados, ya que no obtenían ganancias producto del intercambio.

En la era moderna, el ejército revolucionario de Washington casi se muere de hambre gracias a los controles de precios impuestos a las raciones de comida que se se distribuían en la guerra de independencia de las Colonias Británicas de Norteamérica; Pensilvania impuso controles de precios a todos los bienes y servicios usados por el ejército rebelde, creando estados de escasez desastrosos para cualquier ejército insurgente. El Congreso Continental abolió dichos controles de precios el 4 de junio de 1778.

Los políticos franceses cometieron el mismo error durante la revolución Francesa: la infame ley de los máximos (le loi du máximum) del 29 de septiembre de 1793 puso controles de precios al trigo y otros bienes. En algunos pueblos de Francia, la gente estaba tan desnutrida que moría de hambre en la calle por no poder comprar comida. Las presiones populares conllevaron a la abolición de ese sistema de control de precios por parte del gobierno francés después de que había matado a miles de franceses. 

Cuando Robespierre era arrastrado por las calles de París, rumbo a su ejecución, la muchedumbre le gritaban: "ahí va el sucio máximo".



Al final de la Segunda Guerra Mundial, los planificadores centrales americanos eran tan totalitarios como los nazis cuando se trataba de políticas económicas. Durante la ocupación post guerra de Alemania a los planificadores americanos les agradaban los controles de precios de la Alemania Nazi así que los mantuvieron después de que la guerra terminó, Hermann Göering le comentó al corresponsal de guerra Henry Taylor  que mantener esos controles era una estupidez. 

"Ustedes, [los americanos] están haciendo muchas cosas en el campo económico que a nosotros [los nazis] nos causaron muchos problemas, ustedes tratan de controlar los salarios, precios y trabajos de la gente, si hacen eso, deben poder controlar sus vidas y ningún estado puede hacer eso eficazmente, nosotros lo intentamos y fracasamos".

El curso de la historia, como podemos ver ha probado que los controles de precios no sólo son ineficaces sino que traen consecuencias terribles para las poblaciones que son sometidas a tan cruel e inhumana práctica.

Anarco-capitalismo en una lección por Josh Snyder


Publicado en el Economic Policy Journal 
25.6.2014


"Si deseas una vision del futuro, imagina una bota pisando la cara de una persona...por siempre" - George Orwell, 1984

Si la cita anterior no permeó en tu cerebro mientras lees el libro de Lew Rockwell "contra el estado: el manifiesto anarco-capitalista", te recomiendo que releas 1984. Habiendo dicho eso, debemos editar la cita -no es una visión del futuro sino una desafortunada foto/retrato del presente. 
Durante demasiado tiempo hemos vivido sometidos a los designios de los totalitarios ciegamente aceptando sus procederes depredadores porque simplemente "no me ha tocado que me opriman a mi". Thomas Jefferson escribió: "la humanidad está más dispuesta a sufrir, siempre que los males sean tolerables, que a darse su puesto al abolir las formas a las cuales están acostumbrados".

Está claro que necesitamos una revolución, no de violencia, sino de palabras. La pluma es verdadera más poderosa que la espada al igual que los verdaderos estados de cuenta de los gobiernos en perpetua expansión alrededor del mundo no sólo son cartas magnas ni leguleyerías. 
Son libros como los de Llewelyn Rockwell los que ayudan a esparcir la realidad y exponen al estado por lo que realmente es - una malévola entidad, destinada a enriquecerse a sí misma a nuestra costa.

Utilizando la prosa de Hazlitt y el pensamiento de Bastiat, Rockwell se ha dado a la tarea no sólo de confinar el rigor lógico al plano económico sino a un plano más esotérico sin embargo igualmente importante tema del anarco-capitalismo. El libro es corto - no de contenido - ya que en 200 páginas la prosa se lee muy sencilla y fácilmente se entiende. Explica los temas de forma tan iluminada y concisa que te sorprenderías de lo rápido que se lee dicho libro. 
Fundamentandose en el pensamiento de Murray Rothbard, con aportes teóricos de Spooner, Molinari y Hans Hoppe, Rockwell nos lleva en un memorable paseo que algunos no han descubierto nunca. Comienza su narrativa utilizando la estructura de producción explicando su travesía hacia el  pensamiento anarco-capitalista y terminando en el "cómo hacerlo funcionar" en una aplicación práctica del constructo teórico. Habiendo dicho esto, Rockwell nos recuerda a lo largo de su manifiesto, que lo que el escribe no es la fundación teórica del movimiento de anarco-capitalistas, que "por una nueva libertad" y "ética de la libertad" son la base pero que su obra es una lección en el por que es necesario dicho movimiento y el cómo debe crecer al proveer ejemplos reales de por que el régimen norteamericano es tan tortuoso y desastroso para el mundo que la salida a ese modelo sería el anarco-capitalismo. 

No queremos arruinar la experiencia de la lectura de este libro a los lectores al simplemente ofrecer un sumario del contenido, pero el libro efectivamente muests el camino a la destrucción del estado a través de la Banca Central y sus consecuencias desastrosas de unificar a las grandes empresas con el gran estado/gobierno y desmantela completamente aquello que no podemos susurrar en una sociedad respetuosa -fascismo-. No usa la conjetura así como la "sabiduría por convención" sino que provee ejemplos reales de ofensivas estatales y la alternativa "sin estado" a tales acciones. 

Al final, la verdad siempre triunfa- pero tiende a tardar mucho más de lo que se espera. Spooner. Molinari, Mises y Rothbard no vivieron para ver sus ideas concretarse, pero tampoco poseían la internet y la masiva rapidez con la que la información puede viajar a las masas. Tampoco tenían el libro del que les comentamos. Así qué hagamos expedito el proceso de anunciar al mundo que la libertad es posible.

Nota del traductor:
A continuación presentamos una serie de enlaces vinculados al movimiento anarco-capitalista.
Tan pronto tengamos el libro en PDF/ePub lo colgaremos ya que solo tenemos el físico.
Biblioteca anarco capitalista en español: http://www.anarcocapitalista.com/pdf.htm 

lunes, 23 de junio de 2014

Yo, el lápiz. Por Leonard Read




Yo soy un lápiz de grafito, el típico lápiz de madera tan conocido por todos los que saben leer y escribir. Escribir es al mismo tiempo mi vocación y mi distracción; eso es todo lo que hago.

Yo, el lápiz, si bien en apariencia soy algo sencillo, merezco tu asombro y admiración. En realidad, si ustedes consiguen darse cuenta del milagro que vengo a simbolizar, podrán ayudar a la libertad que desgraciadamente la humanidad va poco a poco perdiendo. Tengo una profunda lección que enseñar. Y puedo transmitirla mejor que lo que un automóvil, un aeroplano o una lavadora de platos podrían hacerlo, en virtud de ser aparentemente algo muy simple.

¿Simple? Sin embargo, NI UNA SOLA PERSONA SOBRE LA TIERRA SABE COMO HACERME. Esto suena fantástico ¿no es cierto? Especialmente cuando se toma conciencia que alrededor de quinientos millones de unidades como yo son producidas en los Estados Unidos cada año. Tómenme y obsérvenme. ¿Qué es lo que ven? Sus ojos no encontrarán gran cosa: hay un poco de madera, barniz, la etiqueta, la mina de grafito, algo de metal y una goma de borrar.

Mi árbol familiar comienza con lo que en los hecho es precisamente un árbol: un cedro de fibra recta que crece en el norte de California y Oregon. Contemplen ahora todos aquellos elementos que la tarea de cortar el árbol y transportar los troncos hasta la vía del ferrocarril requiere: sierras, camiones, sogas y mucho otros pertrechos. Piensen en todas las personas y en las innumerables técnicas que intervinieron en su fabricación: en la extracción del mineral, la obtención del acero y su conversión en sierras, ejes, motores; el cultivo del cáñamo y su paso por todas las etapas hasta llegar a la soga pesada y resistente; los campamentos de los obreros con sus camas y comedores.

Los troncos son transportados hacia un aserradero en California. ¿Pueden ustedes imaginar a todo aquellos individuos que participan en la fabricación de los vagones, los rieles, los motores del ferrocarril y en la instalación de los sistemas de comunicación? Consideren las tareas que se llevan a cabo en el aserradero. Los trancos de cedro son cortados en pequeñas láminas de menos de un cuarto de pulgada de grosor cada una. Las mismas son secadas y entintadas por las mismas rezones por las que las mujeres ponen rouge en sus rostros: la gente prefiere que yo luzca hermoso y no de un blanco pálido. Las láminas de madera son enceradas y secadas en un horno nuevamente. ¿Cuántos conocimientos intervinieron en la fabricación de la tina y de los hornos, en la generación de calor, en la luz y la energía, las poleas, los motores, y en todas las cosas qua la fábrica requiere? ¿Incluimos a los que realizan la limpieza de mis ancestros? Sí, y también a quienes vertieron el concreto para edificar la represa hidroeléctrica que suministra de energía a la fábrica.

Mi punta en sí misma es compleja. El grafito es extraído de Sri Lanka. Tengan presente a los mineros y a todos aquellos que produjeron sus diversas herramientas y a los que elaboraron las bolsas de papel en las cuales el grafito es transportado y a quienes fabricaron las cuerdas con las cuales se atan las bolsas y a aquellos que las cargaron y a los que fabricaron esos barcos. Inclusive los encargados del faro que guía las naves y los operarios del puerto participaron en mi nacimiento.

El grafito es mezclado con arcilla proveniente de Mississippi en la cual el hidróxido de amonio es utilizado en el proceso refinado. Posteriormente, agentes humectantes son añadidos, tales como sebo sulfurado, que es grasa animal químicamente tratada como ácido sulfúrico. Luego de pasar por numerosas máquinas, la mezcla finalmente luce como salida de un picador de carne, y pasan a ser cortadas a medida, secadas y horneadas por varias horas a una temperatura de 1000 grados Celsius. Para aumentar su resistencia y suavidad, las puntas son tratadas con una mezcla caliente que incluye cera proveniente de México, parafina y grasas naturales hidrogenadas.

La madera de cedro recibe seis manos de esmalte. ¿Tienen idea de cuáles son todos los ingredientes del esmalte? ¿Se le ocurriría a alguien pensar que as refinerías de aceite de castor forman parte de él? Pues así es,. Al mismo tiempo, el proceso a través del cual se logra que el esmalte tenga un atractivo color amarillo, involucra las habilidades de más personas que las que alguien podría llegar a enumerar.

Mi pequeña porción de metal, está hecha de cobre. Piensen en todos aquellos que se dedican a la extracción de zinc y del cobre, y en quienes conocen las técnicas para producir finas y brillantes láminas con ambos elementos naturales. Los negros anillos que se observan en mi cuerpo, son de níquel negro. ¿Qué es el níquel negro y cómo se le aplica? As su vez, la historia completa de por qué el centro de mi cuerpo no posee níquel negro demandaría páginas enteras para explicarla.

Luego llega el momento de mi "coronación", a la que poco elegantemente se le conoce en el mundo comercial como "la arandela", la parte que los individuos utilizan para borrar aquellos errores que cometen conmigo. Un ingrediente llamado "factice" es lo que constituye esa parte de mi ser. Es un producto de características similares al caucho, hecho con un aceite proveniente de las Antillas Holandesas, mezclado con cloruro sulfurado. La llamada "goma", contrariamente a la opinión popular, se utiliza solamente para pegar. Existe también, numerosos agentes vulcanizadores y aceleradores. Por ejemplo, la piedra pómez proviene de Italia, y el pigmento que le otorga a la arandela su color es cadmio sulfurado.

¿Quiere alguien desafiar ahora mi afirmación inicial de que ningún individuo sobre la Tierra sabe cómo fabricarme? En realidad, millones de seres humanos han participado en mi creación, cada uno de los cuales sólo conoce muy poco del resto. Pero no hay un solo individuo entre todos esos millones de seres, incluyendo al presidente de la compañía de lápices, que contribuya a mi elaboración más que una infinitesimal parte del conocimiento. La única diferencia que existe entre el minero que extrae el grafito en Sri Lanka y el leñador en Oregon está en el tipo de conocimiento que ambos poseen. Ni el minero ni el leñador pueden ser dejados de lado.

He aquí un hecho pasmoso: ni el minero que extrae el grafito, ni quienes conducen o fabrican los barcos o trenes o camiones, ni quien posee en funcionamiento la máquina que talla mis partes metálicas, realizan su tarea porque me quieren. Ellos me quieren aún menos de lo que puede llegar a hacerlo un alumno de primer grado.

En realidad, entre esta vasta multitud existe algo en común, que nada tiene que ver con la circunstancia de que alguna vez hayan visto un lápiz o aún de que sean o no cómo utilizarlo. Su motivación es algo que está más allá de mi propia existencia. Cada uno de estos millones de individuos observa que pueden intercambiar su pequeña arte de conocimiento respecto de cómo se produce un lápiz, por aquellos bienes y servicios que necesitan o desean, pudiendo yo encontrarme o no entre esos bienes.

Existe aún un hecho más pasmoso: La ausencia de una mente maestra, de alguien dictando o dirigiendo por la fuerza todas esas incontables acciones que me permiten cobrar vida. Ni el más mínimo rastro de tal clase de persona puede encontrarse. En cambio, hallamos a la Mano Invisible de Adam Smith trabajando. Este es el misterio al cual me refería al comienzo de mi relato.

Yo, el lápiz, soy una compleja combinación de milagros: un árbol, zinc, cobre, grafito, etc. Pero a todos estos milagros que se ponen de manifiesto en la Naturaleza se le ha añadido un milagro más aún más extraordinario: la configuración de creativas energías humanas, millones de pequeños conocimientos dando forma a una natural y espontánea respuesta a una necesidad y a un deseo humano y en ausencia de cualquier clase de mente maestra.

Lo expresado es lo que quise decir cuando escribí, "si consiguen darse cuenta del milagro que vengo a simbolizar, podrán ayudar a la libertad que desgraciadamente la humanidad va poco a poco perdiendo." Si alguien es consciente de que estos conocimientos se armonizarán natural y automáticamente dando forma a actividades creativas y productivas, en respuesta a las necesidades y demandas de los individuos, y en ausencia de toda mente maestra gubernamental y coercitiva, esa persona poseerá un ingrediente absolutamente esencial para la libertad: FE EN LA LIBERTAD INDIVIDUAL. La libertad es imposible sin esa fe.

Una vez que el gobierno toma para sí el monopolio de alguna actividad creativa, como por ejemplo el servicio de correos, la mayoría de los individuos creerá que la correspondencia no podrá ser eficientemente despachada por particulares actuando libremente. He aquí el motivo: Cada uno admitirá que por sí mismo no puede conocer todas las facetas que involucra la entrega de correspondencia. Será consciente también de que ningún otro individuo sabe tampoco cómo hacerlo. Estas percepciones son en realidad correctas. Nadie posee suficiente conocimiento para desarrollar un servicio nacional de correos, del mismo modo de nadie posee los suficientes conocimientos como para poder fabricar un lápiz. Ahora bien, ante la falta de fe en la libertad individual, ante el desconocimiento de que millones de pequeños conocimientos natural y milagrosamente confluirán para satisfacer una necesidad del mercado, la opinión pública arribará erróneamente a la conclusión de que el correo puede ser repartido por una "mente maestra" gubernamental.

Si yo, un lápiz, fuera el único artefacto que pudiera ofrecer testimonio acerca de lo que los hombres y mujeres pueden llegar a alcanzar cuando se les permite comerciar libremente, entonces quienes tienen poca fe tendrían un justo motivo. Sin embargo, observamos que el despacho de correspondencia es algo relativamente simple si se le compara, por ejemplo, con la fabricación de un automóvil o de una calculadora o con decenas de miles de otras cosas. En las áreas donde los individuos han sido dejados en libertad, ellos han logrado trasladar la voz humana alrededor del mundo en menos de un segundo; hacer llegar un evento visualmente y con movimiento hasta el hogar de cualquier persona al mismo tiempo en que está ocurriendo; transportar cuatro libras de petróleo desde el Golfo Pérsico hasta la Costa Occidental -media vuelta al mundo- por menos dinero que el que cobra el gobierno por despachas una simple carta hasta la vereda de enfrente.

La lección que tengo para transmitir es esta: Déjese a las energías creativas fluir libremente. Simplemente organícese a la sociedad para actuar en armonía con esta lección. Procúrese que la organización jurídica remueva todos los obstáculos lo más que pueda. Permítase que los conocimientos surjan libremente. Téngase esa fe en que los hombres y mujeres libres responderán a la Mano Invisible. Esa fe será ampliamente confirmada.


Yo, el lápiz, aparentemente tan simple, ofrendo el milagro de mi creación como testimonio de que esa fe resultará muy práctica, tan práctica como lo son el sol, la lluvia, un cedro y la buena tierra.

martes, 15 de abril de 2014

14 de abril de 2013: 365 días después

El catorce de abril del año 2013 fue una fecha que ha marcó un antes y un después en la historia política venezolana. Fue la concreción de una década de fraudes electorales continuados.

Se le presentaba a los venezolanos la oportunidad de poder elegir a un presidente distinto a Hugo Chávez un hombre que convirtió al país con mayores reservas de petróleo del continente americano en un erial.

La oposición venezolana venía de la doblemente amarga experiencia que implicó la derrota electoral del candidato Henrique Capriles Radonsky de la mano del enfermo teniente coronel, y la derrota a nivel local de las alcaldías y gobernaciones. Anuncian la muerte de Hugo Chávez en marzo, el CNE con sus rectores con el período vencido de forma ilegal convocan elecciones presidenciales dada la falta absoluta del primera mandatario y se le da una segunda oportunidad a un candidato malo.

Capriles es un candidato malo por un abanico de razones: Si bien fue el ganador de un proceso de primarias que expresan la voluntad popular del elector más radical, estos comicios fueron llevados a cabo con la tecnología que usa el CNE. Puesta en entredicho desde 2004.
El programa de gobierno de Henrique Capriles no era en lo absoluto neo-liberal, como decían David de Lima y William Ojeda, sino que por el contrario era partidario de un control estatal que pretendía dar rango constitucional a programas "sociales" como misiones,  pretendía colocar una ley de primer empleo, y demás instrumentos que a muy largo plazo podrían medio enderezar la economía de un país que en un período de catorce años tuvo el equivalente en ingresos petroleros a cinco planes Marshal.
El partido Primero Justicia, al obtener el candidato ganador de las primarias, tuvo una hegemonía en la mesa de unidad democrática sobre los demás partidos que conforman esa organización, causando la incomodidad y descontento de las organizaciones minoritarias, pero eso es harina de otro costal, ya que el colaboracionismo es algo que mina todos los partidos. Desde los nexos del matrimonio Ramos-D'Agostino con la Gran Misión Vivienda Venezuela, pasando por la conexión Ramón José Medina, con el banquero del régimen Víctor Vargas, sin olvidar los nexos de familiares de Capriles con el gobierno.
Todos esos vínculos de colaboracionismo fueron y han sido denunciados de forma consuetudinaria no sólo por quienes escriben esta columna sino por un número importante de personas que preocupadas por el bienestar del país denuncian ante la opinión pública que existe un serio conflicto de intereses por parte de quienes tienen la responsabilidad de dirigir la oposición.

Las pruebas de fraude en el sistema electoral venezolano han llegado a ser del dominio público y están reflejadas incluso en revistas indexadas internacionales dedicadas al análisis del comportamiento de conjuntos numéricos y estadísticos.
Se sabe bien que los terminales de votación de smartmatic son utilizados en otros países como terminales de lotería. Y ha sido denunciado de forma constante desde hace años, sin embargo, para que el fraude electoral sea posible, no sólo necesita de un componente de máquinas de votación arregladas, registro electoral permanente que no se audita de forma correcta, y demás aspectos técnicos inherentes a como funciona una red de transmisión de datos. Para que el fraude electoral se concrete se necesita de un componente político, de un grupo de personas a quien les convenga mantener una cuota de poder que el régimen les quiera dar. Y este grupo de personas está infiltrado dentro de la mesa de unidad democrática.

Ante la derrota electoral del 14A, el descontento popular desbordó la calle, por órdenes de un candidato mal asesorado que nos mandó a drenar nuestra "arrechera" no marchando hacia las sedes del CNE a protestar y exigir, sino que nos pidió que rompiéramos las ollas de nuestra casa y pusiéramos "salsa".  Logrando apaciguar lo que hubiese sido una gran manifestación. Dicha manifestación nunca se dio, por miedo a "prevenir una masacre"; 2013 cerró con 24.763 homicidios. ¿Cual masacre previno Capriles al no cobrar el triunfo?

Pero la falta de respeto al elector opositor no quedó en un triunfo electoral no cobrado tras cantar fraude, introducir recursos de impugnación que fueron negados por un TSJ servil. La falta de respeto a la inteligencia y el sentido común del elector fue que la MUD a través de sus opinadores de oficio, y demás voceros le dijeron a la gente que las elecciones no se ganan con el 51% (como las "ganó" Maduro) sino con más del 60%, y que eso sería lo que iba a ocurrir en los comicios de diciembre 2013, el descontento y la lógica llevaron a que el electorado se quedara en casa, y el resultado catastrófico de las elecciones regionales no se hizo esperar. Obviamente, la MUD no asumió la responsabilidad de sus errores políticos, sino que trasladó la culpa al elector.

Junto con un país conmocionado políticamente, tenemos también un país conmocionado económicamente, los resultados de las malas políticas económicas del chavismo, control de cambios, corrupción administrativa, las expropiaciones, el excesivo intervencionismo estatal resultaron en una merma de la capacidad adquisitiva del venezolano, escasez, inflación, estancamiento se tradujeron en la dificultad para el venezolano de asumir que en este país la salida a los problemas que se afrontan es electoral. El venezolano no se apaciguó en grandes colas, se acostumbró a las cifras de muertos, sino que estaba esperando a que llegara un punto de quiebre, punto de quiebre que tuvo su lugar a principios de 2014 cuando posterior a los actos de celebración del cuatro de febrero por parte de los chavistas, una parte de la población decidiera manifestar su descontento en las calles, legítimo derecho aparentemente secuestrado por el chavismo.
El gobierno chavista, asesorado por los expertos en violaciones a los derechos humanos que son los hermanos Castro no hicieron esperar la brutal represión usando cuerpos de seguridad del estado para masacrar y torturar a quienes tomaron la calle para manifestar su descontento.

El gobierno culpó a María Corina Machado, diputada de la Asamblea Nacional y a Leopoldo López, dirigente del partido Voluntad Popular y ex alcalde de Chacao, de estos "alborotos y escaramuzas" y decidió ensañarse contra ellos.

López decidió entregarse al gobierno, pidiendo que "su sacrificio no fuera en vano", porque "quien se cansa pierde, buscando arrebatarle a Capriles la corona de líder opositor, logrando que el régimen lo encarcele, y la diputada Machado ante los asesinatos y torturas, decide intervenir en la Organización de Estados Americanos, pero es bloqueada por triquiñuelas administrativas diplomáticas por parte de la delegación del gobierno venezolano. En respuesta a esto, el gobierno de Panamá le permite usar su asiento para ejercer un derecho de palabra en el consejo de la OEA, y esto generó la ira del teniente Cabello, presidente de la Asamblea Nacional, quien en una muy tosca y errada interpretación del derecho, decide suspender a la diputada de su curul en la AN, arguyendo que ella se separó del cargo de parlamentaria para poder representar a Panamá; lo que pocos recuerdan es que durante la crisis política de Honduras, el gobierno venezolano tuvo la misma cortesía con el depuesto Manuel Zelaya.
Como el gobierno venezolano es una cruenta dictadura que no tolera el mínimo de oposición no se detuvo en encarcelar a un dirigente opositor y separar de su curul a la diputada más votada de la Asamblea Nacional, sino que procedió legalmente contra dos alcaldes porque no hicieron nada al respecto sobre las protestas en sus respectivos municipios, se les lleva a juicio exprés y se les separa de sus cargos.

Los procederes anteriormente descritos no son propios de ningún estado democrático en donde se respeten los derechos civiles y políticos de los ciudadanos, por el contrario son prácticas propias de las dictaduras, las dictaduras han evolucionado, ya no es necesario acudir al fusil de repetición para llegar al poder, se celebran elecciones controladas con una oposición colaboracionista que convalida las fechorías del régimen al no enfrentarse a éste y acomodarse ante sus designios. Pero ante el mínimo intento de la sociedad que no se siente representada por los jerarcas opositores, el gobierno acude al fusil de repetición para reprimir.

Las muertes han generado una ola de solidaridad con los venezolanos a nivel mundial, el gobierno anunció una "ronda de diálogo" bajo sus condiciones que resultaron ser más de lo mismo. Y mientras tanto, el CNE anuncia elecciones en los municipios cuyos alcaldes encarceló el gobierno.

Nosotros desde esta mesa editorial advertimos que este apaciguamiento iba a traer consecuencias nefastas para nuestro país, pero al igual que a muchos otros opositores, se nos tilda desde la MUD de "radicales", "guerreros del teclado", "Tuiterneitors" etc.,  prefirieron escuchar a un comunista con lenguaje soez que coloca vídeos en las mismas redes sociales que nosotros a leer nuestros artículos y prefieren ver sus vídeos, pero eso es libre mercado y libertad, lo que nosotros pregonamos, sin embargo advertimos que esas ideas de izquierda, sumado a la tragedia generacional que supone que una gerontocracia como la instalada en la MUD gobierne los destinos de un país mayoritariamente es joven y busca sobrevivir.

La idea de "La Salida" es esa, SALIR del gobierno actual y reemplazarlo, no convivir con un régimen ilegal, ilegítimo, inmoral e injusto que se ha perpetuado en el poder mediante la violencia y el uso de vías de hecho de apariencia legal para la legitimación de sus actos. Entretanto no se le ponga coto al primer anillo de seguridad del régimen, que es la mesa de unidad democrática, no se podrá salir de la dictadura del partido socialista.

Grupo Cóndor



jueves, 23 de enero de 2014

Capitalismo, por Ludwig von Mises

Los términos descriptivos que la gente utiliza son a menudo muy engañosos. Hablando de los modernos capitanes de industria y de los líderes de los grandes negocios, por ejemplo, llaman a una persona el ‘rey del chocolate’ o el ‘rey del algodón’ o el ‘rey del automóvil’. 

Su utilización de dicha terminología implica que no ven prácticamente diferencia alguna entre los modernos líderes de la industria y aquellos reyes, duques o señores feudales del pasado. Pero la diferencia, de hecho, es muy grande, ya que un ‘rey del chocolate’ no gobierna de manera alguna, sino que sirve. No reina sobre un territorio conquistado, independiente del mercado, independiente de sus clientes. El ‘rey del chocolate’ — o el ‘rey del acero’ o el ‘rey del automóvil’ o cualquier otro rey de la moderna industria — depende de la industria en la que opera y de los clientes a los cuales sirve. Este ‘rey’ debe mantenerse en buenos términos con sus ‘súbditos’, los consumidores; pierde su ‘reino’ tan pronto no pueda dar a sus clientes un mejor servicio, y proveerlo a un menor costo, que los otros con quienes debe competir.

Hace 200 años, antes de la llegada del Capitalismo, la posición social de un hombre estaba fijada desde el comienzo hasta el final de su vida; la heredaba de sus ancestros y nunca cambiaba. Si nacía pobre, siempre permanecía siendo pobre; y si nacía rico — un lord, un duque — mantenía su ducado y las propiedades correspondientes por el resto de su vida.

En lo que respecta a la manufactura, las primitivas industrias procesadoras de esos tiempos existían casi exclusivamente para beneficio de los ricos. La mayor parte de la gente (90 por ciento o más de la población europea) trabajaba la tierra y no entraba en contacto con las industrias procesadoras, orientadas hacia las ciudades. Este rígido sistema de sociedad feudal prevaleció en la mayor parte de las áreas desarrolladas de Europa por muchos cientos de años.

Sin embargo, como la población rural se expandía, se desarrolló un exceso de gente en la tierra. Este exceso de población, sin herencia de tierras o establecimientos rurales, no tenía mucho para hacer, ni le era posible trabajar en las industrias procesadoras; los reyes en las ciudades le negaban el acceso a las mismas. La cantidad de estos ‘marginados’ continuaba creciendo y todavía nadie sabía qué hacer con ellos. Eran — en el total sentido de la palabra - ‘proletarios’, a quienes el gobierno atinaba solamente a ponerlos en un asilo o casa para pobres. En algunos lugares de Europa, especialmente en Holanda y en Inglaterra, llegaron a ser tan numerosos que — para el siglo XVIII — eran una real amenaza para la preservación del sistema social prevaleciente.

Hoy en día, analizando condiciones similares en lugares como India y otros países en desarrollo, no debemos olvidar que — en la Inglaterra del Siglo XVIII — las condiciones eran mucho peores. En ese tiempo Inglaterra tenía una población de seis o siete millones de personas, pero de esos seis o siete millones de personas, más de un millón, probablemente dos millones eran simplemente pobres marginados para los cuales no hacía provisión alguna el sistema social entonces prevaleciente. Qué hacer con estos marginados era uno de los grandes problemas de la Inglaterra del Siglo XVIII.
Otro gran problema era la falta de materias primas. Los Británicos, con mucha seriedad, se hacían a sí mismos esta pregunta: ¿Qué vamos a hacer en el futuro cuando nuestros bosques no nos provean más la madera que necesitamos para nuestras industrias y para calentar nuestros hogares? Para las clases dirigentes era una situación desesperante. 

Los hombres de estado no sabían qué hacer y la aristocracia no tenía idea alguna sobre como mejorar las condiciones.

De esta preocupante situación social emergieron los comienzos del Capitalismo moderno. Hubo algunas personas entre estos marginados, entre esta gente pobre, que trató de organizar a otros para instalar pequeños talleres que pudieran producir algo. Esto fue una innovación. Estos innovadores no producían cosas caras apropiadas solamente para las clases altas; producían cosas más baratas para cubrir las necesidades de todos. Y esto fue el origen del Capitalismo tal como opera hoy. Fue el comienzo de la producción masiva, el principio fundamental de la industria capitalista. En tanto las antiguas industrias procesadoras que servían a la gente rica en las ciudades habían existido casi exclusivamente para cubrir la demanda de las clases altas, las nuevas industrias capitalistas comenzaron a producir cosas que pudieran ser compradas por la población en general. Era producción masiva para satisfacer las necesidades de las masas.

Este es el principio fundamental del Capitalismo tal como existe hoy en todos aquellos países en los cuales existe un altamente desarrollado sistema de producción masiva. Las Grandes Empresas, el objetivo de los más fanáticos ataques de los así llamados izquierdistas, producen casi exclusivamente para satisfacer las necesidades de las masas.

Las empresas que producen artículos de lujo solamente para los ricos nunca alcanzan la magnitud de las grandes empresas. Y hoy, son los trabajadores de las grandes fábricas los principales consumidores de los productos hechos en dichas fábricas. Esta es la diferencia fundamental entre los principios capitalistas de producción y los principios feudales de las épocas anteriores.

Cuando las personas suponen, o alegan, que hay una diferencia entre los productores y los consumidores de los productos de las grandes empresas, están gravemente equivocados. En las tiendas por departamento en los EE.UU. puede oírse la consigna ‘el cliente siempre tiene razón’ Y este cliente es la misma persona que produce en las fábricas esas cosas que son vendidas en la tienda por departamentos. Las personas que piensan que el poder de las grandes empresas es enorme, también están equivocadas, ya que las grandes empresas dependen totalmente de la voluntad de los que compran sus productos: La más grande de las empresas pierde su poder y su influencia cuando pierde sus clientes.

Cincuenta o 60 años atrás se decía en casi todos los países capitalistas que los ferrocarriles eran demasiado grandes y demasiado poderosos; que tenían un monopolio; que era imposible competir con ellos. Se alegaba que, en el campo del transporte, el Capitalismo ya había alcanzado una etapa en la que se había destruido a sí mismo, ya que había eliminado a los competidores. Lo que la gente pasaba por alto era el hecho que el poder de los ferrocarriles dependía de su habilidad en servir a la gente mejor que cualquier otro método de transporte. Desde ya habría sido ridículo competir con uno de estos grandes ferrocarriles construyendo otro ferrocarril paralelo a la antigua línea, ya que esta antigua línea era suficiente para dar servicio a las necesidades existentes. Pero muy pronto vinieron otros competidores. La libertad para competir no significa que se puede tener éxito simplemente imitando o copiando con exactitud lo que algún otro ha hecho. La libertad de prensa no significas que se tiene el derecho de copiar lo que otra persona ha escrito y así obtener el éxito que esta otra persona ha ganado merecidamente en razón de sus logros. Significa que se tiene el derecho de escribir algo diferente. La libertad para competir respecto a los ferrocarriles significa, por ejemplo, inventar algo, hacer algo, que sea un desafío a los ferrocarriles y los ponga en una precaria situación competitiva. En los EE.UU. la competencia a los ferrocarriles — en la forma de ómnibus, automóviles, camiones y aviones — causó grandes problemas a los ferrocarriles y los derrotó casi totalmente, en lo que a transporte de pasajeros se refiere. El desarrollo del Capitalismo consiste en que cada uno tenga el derecho de servir a su cliente mejor y más barato. Y este método, este principio, en un comparativamente corto período de tiempo, ha transformado el mundo entero. Ha hecho posible un crecimiento — sin precedentes — en la población mundial, sin precedentes.

En la Inglaterra del Siglo XVIII, la tierra podía soportar solamente seis millones de personas en un nivel de vida muy bajo. Hoy más de cincuenta millones de personas disfrutan un nivel de vida mucho más alto, aún del que disfrutaban los ricos durante el siglo XVIII. Y el nivel de vida sería hoy probablemente más alto si una gran cantidad de energía de los Británicos no hubiera sido desperdiciada en lo que fueron, desde varios puntos de vista, evitables ‘aventuras’ políticas y militares.
Estos son los hechos sobre el Capitalismo. Así si un inglés — o realmente cualquier otro hombre de cualquier otro país del mundo — dice hoy a sus amigos que se opone al Capitalismo, hay una maravillosa forma de contestarle: ‘Tú sabes que la población de este planeta es ahora 10 veces más grande que en las épocas que precedieron al Capitalismo; tú sabes que todos los hombres hoy disfrutan de un mucho mejor nivel de vida que el que disfrutaron sus ancestros antes de la era del Capitalismo. Pero, ¿cómo sabes que tú eres el uno entre 10 que habría vivido en ausencia del Capitalismo? El simple hecho que hoy estés vivo es la prueba que el Capitalismo ha tenido éxito, así consideres o no que tu vida es valiosa’ A pesar de todos sus beneficios el Capitalismo ha sido furiosamente atacado y criticado. Es preciso que comprendamos el origen de esta antipatía. Es un hecho que el odio hacia el Capitalismo no se originó en las masas, ni entre los propios trabajadores, sino en la aristocracia terrateniente — la alta burguesía, la nobleza — de Inglaterra y del continente europeo. Ellos culparon al Capitalismo por algo que no era para ellos demasiado agradable: A principios del Siglo XIX los más altos salarios pagados por la industria a sus trabajadores forzó a la burguesía terrateniente a pagar igualmente altos sueldos a los trabajadores agrícolas. La aristocracia atacó la industria enjuiciando el nivel de vida de las masas de trabajadores.

Desde luego — desde nuestro punto de vista — el nivel de vida de los trabajadores era extremadamente bajo; las condiciones bajo el Capitalismo temprano eran totalmente espeluznantes, pero no porque las recientemente desarrolladas industrias capitalistas hubieran perjudicado a los trabajadores. La gente contratada para trabajar en las fábricas ya había estado viviendo en un nivel virtualmente sub-humano.
La famosa y antigua historia, repetida centenares de veces, que las fábricas empleaban mujeres y niños quienes, antes que estuvieran trabajando en las fábricas habían estado viviendo en condiciones satisfactorias, es una de las más grandes falsedades de la historia. Las madres que trabajaban en las fábricas no tenían con qué cocinar: Ellas no habían dejado sus hogares y sus cocinas para ir a las fábricas porque no tenían cocina alguna, y si tenían una cocina, no tenían alimentos para cocinar en esas cocinas. Y los niños no venían de confortables guarderías. Estaban pasando hambre y se morían. Y toda la charla sobre el así denominado inenarrable horror del Capitalismo temprano puede ser refutada por una simple estadística: Precisamente en estos años en los cuales el Capitalismo Británico se desarrolló, precisamente en la época llamada de la Revolución Industrial en Inglaterra en los años de 1760 a 1830, precisamente en esos años la población de Inglaterra se duplicó, lo que significa que centenares de miles de niños — que habrían muerto en los tiempos precedentes — sobrevivieron y crecieron para convertirse en hombres y mujeres. No hay dudas que las condiciones de los tiempos anteriores habían sido muy insatisfactorias. Fue el negocio capitalista que las mejoró. Fueron precisamente esas primeras fábricas que proveyeron a las necesidades de sus trabajadores, ya sea directamente o indirectamente, exportando productos e importando alimentos y materias primas desde otros países. Una y otra vez los primeros historiadores del Capitalismo — uno difícilmente puede usar una palabra más suave — han falsificado la historia.

Una anécdota que solían contar — muy posiblemente inventada — involucra a Benjamín Franklin. De acuerdo con la historia, Franklin visitaba una fábrica algodonera en Inglaterra y el propietario de la fábrica, lleno de orgullo, le dice: ‘Vea, aquí hay artículos de algodón para Hungría’. Benjamín Franklin, mirando alrededor, viendo que los trabajadores estaban pobremente vestidos, dijo: ‘¿Por qué Ud. no produce también para sus propios trabajadores?’ Pero esas exportaciones de las cuales el propietario de la fábrica había hablado realmente significaban que él producía para sus propios trabajadores ya que Inglaterra debía importar todas las materias primas. No había algodón en Inglaterra o en la Europa continental. Había escasez de alimentos en Inglaterra, y los alimentos debían ser importados de Polonia, de Rusia, de Hungría. Esas exportaciones eran la manera de pagar las importaciones de alimentos que hacían posible la supervivencia de la población británica. Muchos ejemplos de la historia de esas épocas mostrarán la actitud de la burguesía y de la aristocracia hacia los trabajadores. Deseo citar sólo dos ejemplos. Uno es el famoso sistema Británico denominado ‘Speenhamland’.

Por este sistema el gobierno Británico pagaba a todos los trabajadores que no tuvieran un salario mínimo (así determinado por el gobierno) la diferencia entre el salario que recibieran y este salario mínimo. Esto ahorraba a la aristocracia terrateniente el problema de pagar mayores salarios. La aristocracia pagaría los tradicionalmente bajos salarios agrícolas y el gobierno lo complementaría, evitando así que los trabajadores dejaran sus ocupaciones rurales para buscar empleo en una fábrica urbana. Ochenta años más tarde, después de la expansión del Capitalismo desde Inglaterra a la Europa continental, la aristocracia terrateniente nuevamente reaccionó contra el nuevo sistema de producción. En Alemania, los Junkers prusianos, habiendo perdido muchos trabajadores a los mayores salarios pagados por las industrias capitalistas, inventaron un término especial para el problema: ‘Huída del campo — Landflucht’. Y en el Parlamento alemán discutieron lo que podía hacerse contra este mal, como era considerado desde el punto de vista de la aristocracia terrateniente. El Príncipe Bismarck, el famoso Canciller del Reich Alemán, en un discurso, un día dijo: ‘Encontré un hombre en Berlin que una vez había trabajado en mi establecimiento de campo, y le pregunté: ‘¿Por qué dejo el establecimiento, por qué se fue del campo, por qué ahora vive en Berlin?’ Y de acuerdo con Bismarck este hombre contestó: ‘No tienen un Biergarten tan lindo en el pueblito del campo, como tenemos aquí en Berlin, donde uno puede sentarse, beber cerveza y escuchar música’ Esta es una historia, desde ya, contada desde el punto de vista del Príncipe Bismarck, el empleador. No era el punto de vista de sus empleados.

Ellos se iban a la industria porque la industria les pagaba más altos salarios y elevaba su nivel de vida de una manera que no tenía precedentes.

En la actualidad, en los países capitalistas, hay relativamente poca diferencia entre la vida básica de las así llamadas clases altas y bajas; ambas tienen comida, ropa y alojamiento.
Pero en el siglo XVIII — y antes — la diferencia entre el hombre de la clase media y el hombre de la clase baja era que el hombre de la clase media tenía zapatos y el hombre de la clase baja no tenía zapatos. En los EE.UU. hoy la diferencia entre un hombre rico y un hombre pobre significa, a menudo, solamente la diferencia entre un Cadillac y un Chevrolet. El Chevrolet puede haber sido comprado de segunda mano pero, básicamente, le da el mismo servicio a su propietario: Él, también, puede manejar de un punto a otro. Más del 50 por ciento de la gente en los EE.UU. vive en casas y departamentos de su propiedad.

Los ataques contra el Capitalismo — especialmente en lo que respecta al mayor nivel salarial — comienzan del falso supuesto que dichos salarios son en última instancia pagados por gente que es diferente de quienes están empleados en las fábricas. Es correcto para los economistas y los estudiantes de teorías económicas distinguir entre el trabajador y el consumidor y establecer una diferencia entre ellos. Pero el hecho es que cada consumidor debe, de una u otra manera, ganar el dinero que gasta, y la inmensa mayoría de los consumidores son precisamente las mismas personas que trabajan como empleados en las empresas que producen las cosas que ellos consumen. El nivel de salarios — bajo el Capitalismo — no está fijado por una clase de gente diferente de la clase de gente que gana los salarios; ellos son la misma gente. No es la empresa cinematográfica de Hollywood quien paga los salarios de una estrella del cine; es la gente que paga su entrada para ver las películas. Y no es el empresario de una pelea de boxeo quien paga las enormes sumas que demandan los boxeadores de cartel; es la gente que paga su boleto para ver la pelea. A través de la distinción entre empleador y empleado, una diferenciación se establece en la teoría económica, pero no hay una diferenciación en la vida real; en ésta, el empleador y el empleado son, en última instancia, una persona, la misma persona.
Hay gente en muchos países que considera muy injusto que un hombre, quien debe mantener una familia con varios hijos, reciba el mismo salario que un hombre quien solamente debe mantenerse a sí mismo. Pero la cuestión no es si el empleador debe tener una mayor responsabilidad por el tamaño de la familia de su trabajador. La pregunta que debemos hacernos en este caso es: ¿Está Ud. dispuesto — como un individuo — a pagar más por algo, por ejemplo, una hogaza de pan, si se le dice que el hombre que produjo este pan tiene seis hijos? La persona honesta ciertamente contestará por la negativa y dirá: ‘En principio sí, pero de hecho, si cuesta menos, mejor compraría el pan producido por un hombre sin hijos’ El hecho es que, si los compradores no le pagan al empleador lo suficiente para permitirle pagar a sus trabajadores, se tornará imposible para el empleador permanecer en el negocio.
El sistema capitalista fue denominado "Capitalismo" no por un amigo del sistema, sino por una persona que lo consideraba el peor de todos los sistemas en la historia, el más grande de los males que había caído sobre la humanidad. Este hombre era Karl Marx. Pero no hay razón para rechazar el término creado por Marx, ya que describe claramente la fuente de las grandes mejoras sociales traídas por el Capitalismo. Esas mejoras son el resultado de la acumulación de capital; están basadas sobre el hecho que la gente, como norma, no consume todo lo que ha producido, que ahorran — e invierten — una parte. Hay muchos malentendidos sobre este problema y — en el curso de estas conferencias — tendré la oportunidad de enfrentar los más fundamentales errores que la gente tiene concernientes a la acumulación de capital, el uso del capital, y las universales ventajas que pueden ganarse con dicho uso. Trataré el Capitalismo particularmente en mis conferencias sobre inversiones extranjeras y sobre el más crítico problema político de la actualidad, la inflación. Saben, por supuesto, que la inflación existe no solamente en este país. Hoy, es un problema en todo el mundo.

Un hecho sobre el Capitalismo, a menudo no bien explorado, es éste: Los ahorros significan beneficios para todos aquellos que ansían producir o ganar un salario. Cuando una persona ha ahorrado una cierta suma de dinero — digamos mil dólares — y, en vez de gastarlos, confía estos dólares a un banco o a una compañía de seguros, el dinero va a las manos de un empresario, de un hombre de negocios, permitiéndole embarcarse en un proyecto, en el cual no podría haberse embarcado ayer pues el capital requerido no estaba disponible.

¿Qué hará ahora el hombre de negocios con este capital adicional? La primera cosa que debe hacer, el primer uso que debe hacer de este capital adicional es salir a contratar trabajadores y comprar materias primas, lo cual causa una adicional demanda de trabajadores y materias primas así como una tendencia hacia más altos salarios y más altos precios de las materias primas. Mucho antes que el ahorrista o el empresario obtengan alguna ganancia de todo esto, el trabajador antes desempleado, el productor de las materias primas, el agricultor, el jornalero, están todos repartiéndose los beneficios del incremento en el ahorro.

El momento en el cual el empresario obtendrá algo de su proyecto, depende de las condiciones del mercado en el futuro y de su habilidad en anticipar correctamente esas futuras condiciones del mercado. Pero los trabajadores así como los productores de materias primas obtienen sus beneficios en forma inmediata. Mucho se habló, hace treinta o cuarenta años, sobre la así llamada ‘política de salarios’ de Henry Ford. Uno de los mayores logros del Sr. Ford fue pagar más altos salarios que los que pagaban otros industriales u otras fábricas. Su política de salarios fue descripta como una invención, pero no alcanza decir que esta nueva política ‘inventada’ era el resultado de la liberalidad del Sr. Ford. Un nuevo ramo de negocios, o una nueva fábrica en un ramo de negocios ya existente, tiene que atraer trabajadores de otros empleos, de otras partes del país, aún de otros países. Y la única manera de hacer esto es ofrecer a los trabajadores un mayor salario por su trabajo. Esto es lo que tuvo lugar en los primeros días del Capitalismo, y tiene lugar aún hoy. Cuando los fabricantes en Gran Bretaña comenzaron a fabricar productos de algodón, pagaban a sus trabajadores más que lo que éstos ganaban antes.

Por supuesto, un gran porcentaje de estos nuevos trabajadores no habían ganado absolutamente nada antes de ello y estaban dispuestos a aceptar cualquier cosa que les ofrecieran. Pero después de un corto período de tiempo — cuando más y más capital se acumulaba y más y más nuevas empresas se desarrollaban — los niveles de salario crecieron, y el resultado fue el inaudito crecimiento en la población británica de lo cual ya hablamos antes.

La desdeñosa descripción del Capitalismo por algunas personas como un sistema diseñado para hacer que los ricos se vuelvan más ricos y que los pobres se vuelvan más pobres es errónea del principio al fin. La tesis de Marx sobre la venida del Socialismo estaba basada sobre el supuesto que los trabajadores estaban volviéndose más pobres, que las masas estaban convirtiéndose cada vez en más indigentes, y que finalmente toda la riqueza de un país se concentraría en unas pocas manos o en las manos de una sola persona. Y entonces, la masa de trabajadores empobrecidos finalmente se rebelaría y expropiaría los bienes de los ricos propietarios. De acuerdo con esta doctrina de Karl Marx, no puede existir oportunidad alguna, ninguna posibilidad dentro del sistema capitalista para mejora alguna de las condiciones de los trabajadores.

En 1864, hablando frente a la Asociación Internacional de Trabajadores, en Inglaterra, dijo que la creencia que los sindicatos pudieran mejorar las condiciones de la población trabajadora mera ‘absolutamente un error’. A la política de los sindicatos pidiendo salarios más altos y más cortas horas de trabajo la denominó conservadora — siendo el conservadorismo — desde luego — el término más duramente condenatorio que Karl Marx podía usar. Sugirió que los sindicatos se pusieran un nuevo, revolucionario objetivo: ‘Eliminar totalmente el sistema de salarios ‘e instaurar el ‘Socialismo’ — el gobierno propietario de los medios de producción — para reemplazar el sistema de propiedad privada.
Si estudiamos la historia del mundo, y especialmente la de Inglaterra desde 1865, nos daremos cuenta estaba totalmente equivocado. No existe un país capitalista, occidental, en donde las condiciones de las masas no hayan mejorado en una forma sin precedentes.
Todas estas mejoras de los últimos 80 ó 90 años se realizaron a pesar de los pronósticos de Karl Marx, ya que los socialistas marxistas creían que las condiciones de los trabajadores nunca podrían mejorarse. Eran seguidores de una falsa teoría, la famosa ‘ley de hierro de los salarios’ — la ley que establecía que el salario del trabajador, bajo el Capitalismo, no podría exceder el monto que necesitaba como sustento de su vida para servir a la empresa.

Los marxistas formulaban su teoría de esta manera: Si los niveles de salario de los trabajadores van hacia arriba, y los salarios suben por encima de los niveles de subsistencia, los trabajadores tendrán más hijos; y cuando estos hijos ingreses en la fuerza laboral, incrementarán la cantidad de trabajadores hasta el punto en que los niveles de salarios caigan llevando otra vez a los trabajadores hacia abajo a un nivel de subsistencia, el mínimo nivel de subsistencia que escasamente evitará que la población trabajadora se extinga. Pero esta idea de Marx, como las de muchos otros socialistas, en un concepto del hombre trabajador precisamente como aquel que usan los biólogos — correctamente — en el estudio de la vida de los animales. De los ratones por ejemplo.

Si se incrementa la cantidad de alimento disponible para los organismos animales o para los microbios, entonces una mayor cantidad de ellos sobrevivirá. Si se restringe su alimento, también se restringirá su cantidad. Pero el hombre es diferente. Aún el trabajador — a pesar del hecho que los marxistas no quieran reconocerlo — tiene requerimientos humanos diferentes al alimento y a la reproducción de su especie. Un incremento en los salarios reales resultará no solamente en un incremento de la población, resultará también, antes que nada, en un mejoramiento del nivel de vida promedio. Esa es la razón por la que tenemos un mejor nivel de vida en Europa Occidental y en los EE.UU. que en las naciones en desarrollo de, digamos, África.

Debemos entender, sin embargo, que este más alto nivel de vida depende del suministro de capital. Esto explica la diferencia entre las condiciones en los EE.UU. y las condiciones en la India; métodos modernos de combatir enfermedades contagiosas han sido instaurados en la India — en alguna forma por lo menos — y el efecto ha sido un crecimiento sin precedentes en la población; pero, dado que este crecimiento en la población no ha sido acompañado por un correspondiente incremento en el monto del capital invertido, el resultado ha sido un incremento en la pobreza. Un país se vuelve más próspero en proporción al incremento del capital invertido por habitante.
Espero que en las otras conferencias tenga la oportunidad de ocuparme con mayor detalle de estos problemas y que pueda clarificarlos, porque algunos términos — como ‘el capital invertido per capita’ — requieren una más detallada explicación.


Pero deben recordar que en políticas económicas no hay milagros. Han leído en muchos diarios y discursos sobre el así llamado ‘milagro económico’ alemán, la recuperación de Alemania después de su derrota y destrucción en la segunda guerra mundial. Pero esto no fue milagro alguno. Fue la aplicación de los principios de la economía de libre mercado, de los métodos del Capitalismo, aún cuando no fueron totalmente aplicados en todos sus aspectos. Cualquier país puede experimentar el mismo ‘milagro’ de recuperación económica, aunque debo insistir que la recuperación económica no proviene de un ‘milagro’, viene de la adopción de — y es el resultado de — sanas políticas económicas.