viernes, 10 de octubre de 2014

Fascismo, por Ludwig von Mises

Cuando estalló la guerra en 1914, el partido socialista italiano estaba dividido sobre la política a adoptar.
Un grupo se atenía a los rígidos principios del marxismo. Esta guerra, sostenían, es una guerra de los capitalistas. No es posible que los proletarios se alineen con cualquiera de las partes beligerantes. Los proletarios deben esperar a la gran revolución, la guerra civil de los socialistas unidos contra los explotadores unidos. Debían defender la neutralidad italiana.
El segundo grupo estaba profundamente afectado por el odio tradicional a Austria. En su opinión, la primera tarea de los italianos era liberar a sus camaradas no salvados. Solo entonces llegaría el día de la revolución socialista.
En este conflicto, Benito Mussolini, el hombre más importante en el socialismo italiano, eligió al principio la postura marxista ortodoxa. Nadie podía sobrepasar a Mussolini en celo marxista. Era el intransigente defensor del credo más puro, el inflexible defensor de los derechos de los proletarios explotados, el elocuente profeta del gozo socialista en el provenir. Era un firme enemigo del patriotismo, el nacionalismo, el imperialismo, el gobierno monárquico y todas las creencias religiosas. Cuando Italia inició en 1911 la gran serie de guerra con un ataque a traición a Turquía, Mussolini organizó manifestaciones violentas contra el envío de tropas a Libia. Ahora, en 1914, calificaba a la guerra contra Alemania y Austria como una guerra imperialista. Seguía entonces bajo la influencia dominante de Angelica Balabanoff, la hija de un rico terrateniente ruso. La señorita Balabanoff le había iniciado en las sutilezas del marxismo. A sus ojos, la derrota de los Romanov era más importante que la derrota de los Habsburgo. No tenía ninguna simpatía por las ideas del Risorgimento.
Pero los intelectuales italianos eran ante todo nacionalistas. Como en todos los demás países europeos, la mayoría de los marxistas ansiaban guerras y conquistas. Musolini no estaba dispuesto a perder su popularidad. Lo más odiaba era no estar en el lado de la facción victoriosa. Cambió de opinión y se convirtió en el más fánatico defensor del ataque italiano a Austria. Con ayuda financiera francesa, fundó un nuevo periódico para luchar por la causa de la guerra.
Los antifascistas cusan a Mussolini por esta deserción de las enseñanzas del rígido marxismo. Fue sobornado, dicen, por los franceses. Pero incluso esta gente debería saber que la publicación de un periódico requiere fondos. Ellos mismos no hablan de soborno si un estadounidense rico proporciona a alguien el dinero para la publicación de un periódico de un compañero de viaje o si los fondos fluyen misteriosamente a las empresas editoras comunistas. Es un hecho que Mussolini entro en la escena política mundial como un aliado de las democracias, mientras que Lenin entró en ella como un virtual aliado de la Alemania imperial.
Más que cualquier otro, Mussolini fue fundamental en lograr la entrada de Italia en la Primera Guerra Mundial. Su propaganda periodística hizo posible que el gobierno declarara la guerra a Austroa. Solo aquella poca gente que piense que la desintegración del Imperio Austro-Húngaro selló la condena de Europa tiene derecho a encontrar un defecto en esta actitud. Solo aquellos italianos que empiecen por entender que el único medio de proteger a las minorías italohablantes en los distritos litorales de Austria contra las mayorías eslavas iba a preservar la integridad del estado austriaco, cuya constitución garantizaba iguales derechos a todos los grupos lingüísticos son libres de acusar a Mussolini. Mussolini fue una de las figuras más despreciables de la historia. Pero sigue siendo cierto que su primera gran acción política sigue teniendo la aprobación de todos sus compatriotas y de la inmensa mayoría de sus detractores extranjeros.
Cuando la guerra llegó a su fin, la popularidad de Mussolini disminuyó. Los comunistas, muy populares por los acontecimientos en Rusia, seguían adelante. Pero la gran aventura comunista, la ocupación de las fábricas en 1920, acabó con un completo fracaso y las masas desalentadas recordaron al antiguo líder del partido socialista. Acudieron en masa al nuevo partido de Mussolini, el fascista. La juventud alababa con turbulento entusiasmo al pretendido sucesor de los césares. Mussolini presumía en años posteriores de haber salvado a Italia del peligro del comunismo. Sus enemigos responden apasionadamente a sus afirmaciones. El comunismo, dicen, ya no era un factor real en Italia cuando Mussolini tomó el poder. La verdad es que la frustración del comunismo acrecentó las filas de los fascistas e hizo posible que destruyeran todos los demás partidos. La abrumadora victoria de los fascistas no fue la causa, sino la consecuencia del fracaso comunista.
El programa de los fascistas, tal y como se escribió en 191, era vehementemente anticapitalista.[1] Los newdealers más radicales e incluso los comunistas pueden estar de acuerdo con él. Cuando los fascistas llegaron al poder, habían olvidado aquellos puntos de su programa que se referían a la libertad de pensamiento y prensa y al derecho de reunión. En este aspecto eran discípulos conscientes de Bujarin y Lenin. Además, tampoco suprimieron, como habían prometido, las grandes empresas industriales y financieras. Italia necesitaba desesperadamente crédito exterior para el desarrollo de sus industrias. El principal problema del fascismo,  en los primeros años de su gobierno, fue ganarse la confianza de los banqueros extranjeros. Habría sido suicida destruir las grandes empresas italianas.
La política económica fascista (al principio) no se diferenciaba esencialmente de las de otras naciones occidentales. Era una política de intervencionismo. Con el paso de los años, se aproximó cada vez más al patrón nazi del socialismo. Cuando Italia, tras las derrota de Francia, entró en la Segunda Guerra Mundial, su economía estaba en buena parte modelada siguiendo el patrón alemán. La principal diferencia era que los fascistas eran menos eficientes e incluso más corruptos que los nazis.
Pero Mussolini no podía permanecer sin una filosofía económica de su propia invención. El fascismo se planteaba como una nueva filosofía, inaudita hasta entonces y desconocida para todas las demás naciones. Afirmaba ser el evangelio que el resucitado espíritu de la antigua Roma traía a los decadentes pueblos democráticos cuyos bárbaros antepasados habían destruido una vez el Imperio Romano. Era al tiempo la consumación del Renacimiento y del Risorgimento, la liberación final del genio latino del yugo de las ideologías extranjeras. Su brillante líder, el incomparable Duce, estaba llamado a encontrar la solución definitiva a los acuciantes problemas de la organización económica de la sociedad y la justicia social.
Del basurero de utopías socialistas descartadas, los intelectuales fascistas rescataron el programa del socialismo gremial. El socialismo gremial fue muy popular entre los socialistas británicos en los últimos años de la Primera Guerra Mundial y los primeros años que siguieron al Armisticio. Era tan impracticable que desapareció muy pronto de la literatura socialista. Ningún estadista serio prestó nunca atención a los planes contradictorios y confusos del socialismo gremial. Estaba casi olvidado cuando los fascistas lo agregaron a una nueva etiqueta y proclamaron pomposamente al corporativismo como la nueva panacea social. La gente dentro y fuera de Italia quedó cautivada. Se escribieron  innumerables libros, panfletos y artículos alabando al stato corporativo. Los gobiernos de Austria y Portugal declararon muy pronto que seguirían los nobles principios del corporativismo. La encíclica papal Quadragesimo Anno (1931) contenía algunos párrafos que podrían interpretarse (no necesariamente) como una aprobación del corporativismo. En Francia sus ideas encontraron muchos defensores elocuentes.
Era mera palabrería. Los fascistas nunca hicieron ningún intento de llevar a cabo el programa corporativista, el autogobierno industrial. Cambiaron el nombre de las cámaras de comercio por consejos corporativos. Llamaron corporazione a las organizaciones obligatorias de los diversos sectores industriales que eran las unidades administrativas para la ejecución del patrón alemán del socialismo que habían adoptado. Pero no hubo nada de autogobierno de las corporazione. El gabinete fascista no toleraba la interferencia de nadie en su control autoritario absoluto de la producción.  Todos los planes para el establecimiento del sistema corporativo quedaron como letra muerta.
El principal problema de Italia es su relativa superpoblación. En esta época de barreras al comercio y la emigración, los italianos están condenados a subsistir permanentemente en un nivel inferior de vida al de los habitantes de los países más favorecidos por la naturaleza. Los fascistas solo veían un medio para arreglar esta desgracia situación: la conquista. Eran demasiado estrechos de mente como para entender que la reparación que recomendaban era falsa y peor que el mal a combatir. Estaban además tan completamente cegados por el engreimiento y la vanagloria que no se dieron cuenta de que sus discursos provocativos eran sencillamente ridículos. Los extranjeros a los que retaban insolente­mente sabían muy bien lo insignificantes que eran las fuerzas militares de Italia.
El fascismo no fue, como presumían sus defensores, un producto original de la mente italiana. Empezó como una escisión en las filas del socialismo marxista, que indudablemente era una doctrina importada. Su programa económico se tomó del socialismo alemán no marxista y su agresividad fue igualmente copiada a alemanes, los Alldeutscher o pangermanos, antecesores de los nazis. Su dirección de los asuntos públicos era una réplica de la dictadura de Lenin. El corporativismo, su muy publicitado adorno ideológico, era de origen británico. El único ingrediente local del fascismo era el estilo teatral de sus desfiles, espectáculos y festivales.
El efímero episodio fascista acabó en sangre, miseria e ignominia. Pero las fuerzas que generaron el fascismo no están muertas. El nacionalismo fanático es una característica común a todos los italianos actuales. Los comunistas sin duda no están dispuestos a renunciar a su principio de opresión dictatorial de todos los disidentes. Tampoco los partidos católicos defienden la libertad de pensamiento, de prensa o de religión. Hay en Italia solo unas pocas personas que comprenden de verdad que el requisito indispensable de la democracia y los derechos del hombre es la libertad económica.

Puede ser que el fascismo resucite bajo una nueva etiqueta y con nuevos lemas y símbolos. Pero si ocurre esto, las consecuencias serían nocivas. Pues el fascismo no es, como proclamaban los fascistas, una “nueva forma de vida”,[2] es más bien una vieja forma de destrucción y muerte.

Que es el dinero?, por Frédéric Bastiat.

Este ensayo de Bastiat fue publicado por primera vez en 1849. 



¡Odioso dinero! ¡Odioso dinero!”, gritaba F…, el economista, con desesperación, mientras salía del Comité de Finanzas, donde se había discutido un proyecto de papel moneda.
“¿Qué pasa?”, dije. “¿Qué significa este repentino disgusto por la más elogiada de todas las divinidades de este mundo?”
F… ¡Odioso dinero! ¡Odioso dinero!
Bastiat Me alarmas. Escucho paz, libertad y vida denigradas y Bruto llegó a decir: “¡Virtud! ¡Solo eres una palabra!” ¿Pero qué puede haber ocurrido?
F. ¡Odioso dinero! ¡Odioso dinero!
B. Ven, ven, hagamos un poco de filosofía. ¿Qué te ha pasado? ¿Te ha afectado Creso? ¿Te la ha jugado Jones? ¿O te ha estado calumniando Smith en la prensa?
F. No tenga nada que ver con Creso; mi persona, por su insignificancia, está a salvo de cualquier invectiva de Smith y respecto de Jones…
B. ¡Ah! Ya lo tengo. ¿Cómo puede estar tan ciego? Tú también eres el inventor de una reorganización social, del sistema F… De hecho, tu sociedad ha de ser mucho más perfecta de que la de Esparta y, por tanto, todo el dinero debe eliminarse de ella. Y lo que te preocupa es cómo convencer a tu pueblo para que se deshaga del contenido de sus bolsas. ¿Qué tendrías? Es la piedra contra la que se estrellan todos los reorganizadores. Cualquiera podría hacer maravillas si pudiera conseguir superar todas las influencias resistentes y si toda la humanidad consintiera en convertirse en blanda cera en sus dedos; pero los hombres están resueltos a no ser blanda cera; oyen, aplauden o rechazan y… continúan como antes.
F. Gracias a Dios que sigo libre de esta manía de moda. En lugar de inventar leyes sociales, estoy estudiando las que la Divina Providencia se ha dignado inventar y me encanta decir que las encuentro admirables en su desarrollo progresivo. Por eso exclamo: “¡Odioso dinero! ¡Odioso dinero!”.
B. ¿Entonces eres un discípulo de Proudhon? Bueno, hay una forma muy sencilla para que te veas satisfecho. Echa tu bolsa al río, reservándote solo una pequeña cantidad en el Banco de Intercambio.
F. Si grito contra e dinero, ¿es probable que deba tolerar su engañoso sustitutivo?
B. Entonces solo me queda una posibilidad. Eres un nuevo Diógenes y vas a convencerme con un discurso sobre el desdén por las riquezas.
F. ¡Dios me libre de eso! Pues las riquezas, no lo ves, no son un poco más o un poco menos dinero. Son el pan del hambriento, las ropas del desnudo, el combustible que te calienta, la petróleo para alargar el día, una carrera abierta para tu hijo, una cierta dote para tu hija, un día de descanso después de la fatiga, un cordial para el desmayo, un poco de ayuda deslizada en la mano de un hombre pobre, un refugio para la tormenta, una distracción para un cerebro agotado de pensar, el incomparable placer de hacer felices a quienes nos son queridos. Las riquezas con educación, independencia, dignidad, confianza, caridad; son progreso y civilización.  Las riquezas son el admirable resultado civilizador de dos agentes admirables, más civilizadores incluso que la misma riqueza: el trabajo y el intercambio.
B. ¡Bueno! ¡Ahora pareces estar cantando las alabanzas de las riquezas cuando, hace un momento, las estaban cargan de imprecaciones!
F. ¿Pero no ves que eso era solo el capricho de un economista? Grito contra el dinero, porque todos lo confunden, como acabas de hacer, con las riquezas, y es esa confusión causa de errores y calamidades sin número. Grito contra él porque no se entiende su función en la sociedad y es muy difícil de explicar. Grito contra él porque confunde todas las ideas, hace que el medio se tome por el fin, el  obstáculo por la causa, el alfa por la omega; porque su presencia en el mundo, aunque sea beneficiosa en sí misma, ha introducido sin embargo una noción fatal, una perversión de los principios, una teoría contradictoria que, en multitud de formas, ha empobrecido a la humanidad y ha inundado la tierra con sangre. Grito contra él porque me siento incapaz de luchar contra el error al que ha dado lugar, sin que sea a través de una larga y aburrida explicación que nadie escucharía. ¡Oh! ¡Si solo encontrara un oyente paciente y que pensara correctamente!
B. Bueno, no debería decirse que por querer una víctima tengas que permanecer en el estado de irritación en el que estamos. Te escucho; habla, enseña, no te limites en modo alguno.
F. ¿Prometes prestar atención?
B. Prometo tener paciencia.
F. No es mucho.
B. Es todo lo que puedo dar. Empieza y explícame primero cómo se encuentra un error en el tema del dinero, si es que lo hay, en la raíz de todos los errores económicos.
F. Bueno, pues ¿es posible que puedas asegurarme conscientemente que nunca hayas confundido riqueza con dinero?
B. No lo sé; pero, después de todo, ¿cuál puede ser la consecuencia de esa confusión?
F. Nada muy importante. Un error en tu cerebro que no tiene ninguna influencia en tus acciones; pues ya ves que, con respecto al trabajo y el intercambio, aunque haya tantas opiniones como cabezas, todos actuamos de la misma manera.
B. Igual que andamos basándonos en el mismo principio, aunque no estemos de acuerdo sobre la teoría del equilibrio y la gravitación.
F. Precisamente. Una persona que es de la opinión de que durante la noche nuestra cabeza y pies intercambian lugares podría escribir buenos libros sobre le tema, pero aún así caminaría igual que todos los demás.
B. Eso creo. Sin embargo pronto sufrirá la sanción por ser demasiado lógica.
F. De la misma manera, un hombre moriría de hambre si, al haber decidido que el dinero es riqueza real, llevara la idea a su extremo. Esa es la razón por la que esta teoría es falsa, pues no hay una verdadera teoría salvo la que resulta de los propios hechos, que se manifiestan en todo momento y en todo lugar.
B. Puedo entender que, en la práctica y bajo la influencia del interés personal, los efectos dañinos de la acción errónea tenderían a corregir un error. Pero si de lo que hablas tiene tan poca influencia, ¿por qué te molesta tanto?
F. Porque cuando un hombre, en lugar de actuar por sí mismo, decide por otros, el interés personal, ese centinela siempre atento y sensato, ya no está presente para gritar. “¡Detente! La responsabilidad está mal atribuida”. Es Pedro el engañado y Juan el que sufre; el falso sistema del legislador se convierte necesariamente en la norma de acción de poblaciones enteras. Y fíjate en la diferencia. Cuando tienes dinero y estás muy hambriento, ¿qué teoría sobre el dinero puede haber, qué haces?
B. Voy a un panadero y compro algo de pan.
F. ¿No tienes problemas en usar tu dinero?
B. El único uso del dinero es comprar lo que se quiere.
F. Y si resulta que el panadero tiene sed, ¿qué hace?
B. Va al bodeguero y compra vino con el dinero que le he dado.
F. ¡Cómo! ¿No teme arruinarse?
B. La verdadera ruina sería no comer o beber.
F. ¿Y todos en el mundo, si son libres, actúan de la misma manera?
B. Sin duda. ¿Harías que murieran de hambre por ahorrar unos peniques?
F. Lejos de eso, que considero que actúan sabiamente, solo quiero que la teoría no sea sino la imagen fiel de esta práctica universal. Pero supón ahora que fueras el legislador, el rey absoluto de un vasto imperio en el que no hubiera minas de oro.
B. Me parece bien.
F. Supongamos también que estás perfectamente convencido de esto: de que la riqueza consiste única y exclusivamente en dinero; ¿a qué conclusión llegarías?
B. Debería concluir que no habría otro medio para enriquecer a mi pueblo o para enriquecerse ellos mismos, que no fuera conseguir dinero de otras naciones.
F. Lo que equivale a decir empobrecerlas. Así que la primera conclusión a la que llegarías sería esta: una nación solo puede ganar cuando otra pierde.
B. Este axioma tiene la autoridad de Bacon y Montaigne.
F. No es menos lamentable por eso, pues implica que el progreso es imposible. Dos naciones, igual que dos hombres, no pueden prosperar codo con codo.
B. Parecería que ese es el resultado de este principio.
F. Y como todos los hombres ambicionan enriquecerse, se esto se deduce que todos desean, según la ley de la Providencia, arruinar a sus congéneres.
B. Eso no es cristianismo, sino economía política.
F. Esa doctrina es detestable. Pero, para continuar, tengo hacer de ti un rey absoluto. No debes conformarte con el razonamiento; debes actuar. No hay límite para tu poder. ¿Cómo tratarías esta doctrina: riqueza es dinero?
B. Trataría de aumentar, incesantemente, entre mi pueblo, la cantidad de dinero.
F. Pero no hay minas en tu reino. ¿Cómo te las arreglarías? ¿Qué harías?
B. No haría nada: simplemente debería prohibir, bajo pena de muerte, que un solo franco salga del país.
F. ¿Y si resulta que tu pueblo está hambriento y es también rico?
B. No importa. En el sistema que estamos discutiendo, permitirles exportar francos sería permitirles que se empobrecieran.
F. Así que, por propia confesión, les obligarías a actuar siguiendo un principio completamente opuesto al aquel que seguirías tú mismo bajo circunstancias similares. ¿Por qué?
B. Porque solo me afecta mi hambre y el hambre de una nación no afecta a los legisladores.
F. Bueno, puedo decirte que tu plan fracasaría y que ninguna superintendencia sería suficientemente vigilante, cuando el pueblo esté hambriento, como para impedir que los francos salgan y el grano entre.
B. Si es así, esta plan erróneo o no, no haría nada; no haría no bien ni ml y por tanto no requiere más consideración.
F. Olvidas que eres un legislador. Un legislador no debe descorazonarse con bagatelas, cuando está experimentando con otros. Si la primera medida no ha tenido éxito, tendrías que adoptar otras para alcanzar tu fin.
B. ¿Qué fin?
F. Debes tener mala memoria. Ese de aumentar, entre tu pueblo, la cantidad de dinero, que se supone que es riqueza real.
B. ¡Ah! Es verdad, perdona. Pero verás, como se dice de la música, con un poco basta y creo que debe decirse esto, todavía con más razón, de la economía política. Debo pensarlo. Pero realmente no sé cómo arreglármelas…
F. Piénsalo bien. Primero te hago observar que tu primer plan resolvía el problema solo negativamente. Impedir que los francos salgan del país es la forma de impedir que disminuya la riqueza, pero no es la manera de aumentarla.
B. ¡Ah! Estoy empezando a ver… el grano que se permite entrar… una idea brillante me sacude… el ardid es ingenioso, los medios infalibles; lo estoy viendo.
F. Soy ahora yo el que debe preguntarte ¿qué?
B. Pues un medio para aumentar la cantidad de dinero.
F. ¿Cómo lo harías, por favor?
B. ¿No es evidente que si la masa de dinero ha de estar aumentando constantemente, la primera condición es que nadie debe tomar de ella?
F. Sin duda.
B. ¿Y también que deben producirse añadidos constantes a ella?
F. Claro.
B. Entonces el problema se resolvería, o negativamente o positivamente; si por un lado impido que el extranjero tome de ella y por el otro le obligo a añadir a ella.
F. Cada vez mejor.
B. Y para esto deben hacer dos leyes sencillas, en las que el dinero ni siquiera hay que mencionarlo. Por la primera, se prohibiría a mis súbditos que compraran nada en el extranjero y, por la segunda, se les obligaría a vender mucho.
F. Un plan bien pensado.
B. ¿Es nuevo? Debe patentar el invento.
F. No necesitas hacerlo; alguien se te ha adelantado. Pero debes tener en cuenta una cosa.
B. ¿Qué es?
F. He hecho de ti un rey absoluto. Entiendo que vas a impedir que tus súbditos compren productos extranjeros. Bastaría con que impidieras que entraran en el país. Treinta o cuarenta mil funcionarios de aduanas bastarían.
B. Sería bastante caro. ¿Pero qué significa esto? El dinero que reciban no irá fuera del país.
F. Es verdad, y es lo bueno de este sistema. Pero para asegurar una venta en el extranjero ¿cómo procederías?
B. La estimularía con recompensas, obtenidas por medio de algunos bonitos impuestos sobre mi pueblo.
F. En ese caso, los exportadores, limitados por la competencia entre ellos, rebajarían los precios en proporción y sería como regalar al extranjero los precios o los impuestos.
B. Aun así, el dinero no saldría del país.
F. Por supuesto. Se sobreentiende. Pero si tu sistema es beneficioso, los gobiernos de otros países lo adoptarían. Harían planes similares al tuyo: tendrán sus funcionarios de aduanas, así que en ellos, igual que en el tuyo, la masa de dinero no puede disminuir.
B. Tendré un ejército y les obligaré a quitar sus barreras.
F. Tendrán un ejército y te obligarán a quitar las tuyas.
B. Armaré navíos, haré conquistas, adquiriré colonias y crearé consumidores para mi pueblo, que se verán obligados a comer nuestro grano y beber nuestro vino.
F. Los demás gobiernos harán lo mismo. Disputarán tus conquistas, tus colonias y tus consumidores; entonces habrá guerra en todas partes y todo será tumulto.
B. Aumentaré mis impuestos y mis funcionarios de aduanas, mi ejército y mi marina.
F. Los demás harán lo mismo.
B. Redoblaré mis esfuerzos.
F. Los demás redoblarán los suyos. Entretanto, no tenemos ninguna prueba de que tengas éxito vendiendo mucho.
B. Eso es bien cierto. Lo normal es que los esfuerzos comerciales se neutralizaran entre sí.
F. Y también los esfuerzos militares. Y, dime, ¿no son estos funcionarios de aduanas, soldados y navíos, estos impuestos opresivos, esta lucha perpetua por un resultado imposible, este permanente estado de guerra abierta o secreta con todo el mundo, no son la consecuencia lógica e inevitable de que los legisladores hayan adoptado una idea que admites que no actúa sobre ningún hombre que sea su propio amo, que “la riqueza es dinero y aumentar la cantidad de dinero es aumentar la riqueza”?
B. Lo reconozco. O el axioma es cierto, y entonces el legislador tendría que actuar como he descrito, aunque la guerra universal sea su consecuencia; o es falso, e en este caso los hombres, al destruirse entre sí, solo se arruinan a sí mismos.
F. Y recuerda que antes de convertirte en rey, este mismo axioma te ha llevado por un proceso lógico a las siguientes máximas: que cunado una gana, otro pierde, y que el beneficio de uno es la pérdida del otro; máximas que implican un antagonismo intratable entre todos los hombres.
B. Es completamente cierto. Ya sea un filósofo o un legislador, si razono o actúo bajo el principio de que el dinero es riqueza, siempre llego a una conclusión o a un resultado: la guerra universal. Es bueno que hayas apuntado las consecuencias antes de empezar una discusión sobre ello; de otra manera, no habría tenido nunca el valor de seguirte hasta el final de tu disertación económica, pues, para ser sincero, no es muy de mi gusto.
F. ¿Qué quieres decir? ¡Estaba precisamente pensando en ello cuando me escuchaste quejándome contra el dinero! Estaba lamentando que mis compatriotas no tuvieran la fortaleza para estudiar lo que es tan importante que deberían conocer.
B. Y aun así las consecuencias son espantosas.
F. ¡Las consecuencias! Hasta ahora solo he mencionado una. Podría haberte contado otras aún peores.
B. ¡Me pones los pelos de punta! ¿Qué otros males puede haber causado a la humanidad esta confusión entre dinero y riqueza?
F. Me llevaría mucho tiempo enumerarlos. Esta doctrina es parte de una familia muy numerosa. La más antigua, el conocimiento que acabamos de tener, se llama el sistema prohibitivo; la siguiente, el sistema colonial; la tercera, el odio al capital; la última y peor, el papel moneda.
B. ¡Qué! ¿Procede el papel moneda del mismo error?
F. Sí, directamente. Cuando los legisladores, después de haber arruinado a los hombres con guerras e impuestos, perseveran en sus ideas, se dicen a sí mismos: “Si el pueblo sufre, es porque no hay dinero suficiente. Debemos crear más”. Y como no es fácil multiplicar los metales preciosos, especialmente cuando los pretendidos recursos de la prohibición se han agotado, añaden: “Crearemos dinero ficticio, nada más fácil y así todo ciudadano tendrá su bolsillo lleno y todos serán ricos”.
B. En realidad, este proceder es más expeditivo que el otro y además no lleva a una guerra en el exterior.
F. No, pero lleva al desastre nacional.
B. Eres un quejica. Date prisa y llega al fondo de la cuestión. Estoy impaciente, por primera vez, por conocer si el dinero (o su señal) es riqueza.
F. Concederás que los hombres no satisfacen inmediatamente sus deseos con francos acuñados o billetes de franco. Si tienen hambre, quieren pan; si están desnudos, ropa; si están enfermos, deben tener remedios; si tienen frío, quieren refugio y combustible; si han de aprender, deben tener libros; si han de viajar, deben tener medios de transporte y así sucesivamente. Las riquezas de un país consisten en la abundancia y adecuada distribución de todas estas cosas. Por tanto puedes percibir y regocijarte ante la falsedad de esta lúgubre máxima de Bacon: “Los que una persona gana, lo pierde necesariamente otra”, una máxima expresada de una manera aún más desalentadora por Montaigne, en estas palabras: “El beneficio de uno es la pérdida de otro”. Cuando Sem, Cam y Jafet dividieron entre ellos las enormes soledades de esta tierra, sin duda podían cada construir, drenar, sembrar, cosechar y obtener mejor alojamiento, comida y ropa, y mejor educación, perfeccionarse y enriquecerse; en resumen, aumentar sus placeres sin causar una necesaria disminución en los correspondientes placeres de sus hermanos. Pasa lo mismo con dos naciones.
B. No cabe duda de que dos naciones, igual que dos hombres, desconectados entre sí, pueden, trabajando más y mejor, prosperar al mismo tiempo, sin dañarse unos a otros. No es esto lo que niegan los axiomas de Montaigne y Bacon. Solo quieren decir que en las transacciones que tienen lugar entre dos naciones o dos hombres, si uno gana, el otro debe perder. Y esto es evidente, ya que el intercambio no añade nada por sí mismo a la masa de cosas útiles de las cuales estás hablando, pues si, después del intercambio, resulta que una de las partes ha ganado algo, la otra, por supuesto, resultará haber perdido algo.
F. Te has formado una idea del intercambio no muy incompleta, sino falsa. Si Sem se encuentra en una llanura fértil en grano, Jafet en una ladera adaptada al cultivo de viñas, Cam en un lugar rico en pastos, la distinción de sus ocupaciones, lejos de dañar a cualquiera de ellos, podría hacer que todos prosperaran más. En realidad debe ser así pues la distribución del trabajo, introducida por el intercambio, tendrá el efecto de aumentar la cantidad de grano, vino y carne que se produzca y que se va a compartir. ¿Cómo puede ser otra manera, si das libertad a estas transacciones? En el momento en que cualquiera de los hermanos pensara que el trabajo en compañía, por decirlo así, fuera una pérdida permanente, comparado con el trabajo en solitario, dejaría de intercambiar. El intercambio trae su reclamación de nuestra gratitud. El hecho de que se lleve a cabo demuestra que es algo bueno.
B. Pero el axioma de Bacon es verdadero en el caso del oro y la plata. Si admitimos que en cierto momento existe en el mundo una cantidad dada, está perfectamente claro que una bolsa no puede llenarse sin que se vacíe otra.
F. Y si el oro se considera riqueza, la conclusión natural es que tienen lugar desplazamientos de fortuna entre hombres, pero no progreso general. Es justo lo que dije al empezar. Si, por el contrario, consideras  a la abundancia de cosas útiles, apropiadas para satisfacer tus deseos y gustos, como verdadera riqueza, verás que es posible la prosperidad simultánea. El dinero solo sirve para facilitar la transmisión de estas cosas útiles de uno a otro, lo que puede hacerse igualmente bien con una onza de un metal raro como el oro, con una libra de un metal más abundante como la plata o con un quintal de un metal aún más abundante como el cobre. Según eso, si un país como Francia tiene a su disposición esa misma cantidad de todas estas cosas útiles, su pueblo será el doble de rico, aunque la cantidad de dinero permanezca igual, pero no sería lo mismo si hubiera el doble de dinero, pues en ese caso la cantidad de cosas útiles no aumentaría.
B. ¿La cuestión a decidir sería si la presencia de una mayor cantidad de francos no tiene el efecto, precisamente, de aumentar la cantidad de cosas útiles?
F. ¿Qué relación puede haber entre estos dos términos? Alimento, ropa, casas, combustible, todo viene de la naturaleza y del trabajo, de un trabajo más o menos hábil ejercitado sobre una naturaleza más o menos generosa.
B. Te olvidas de una gran fuerza, que es el intercambio. Si reconoces que es una fuerza, ya que has admitido que los francos lo facilitan, deben también reconocer que tienen un poder indirecto en la producción.
F. Pero he añadido que una pequeña cantidad de metales raros facilita las transacciones igual que una gran cantidad de metal abundante, de lo que se deduce que un pueblo no se enriquece viéndose obligado a renunciar a cosas útiles para tener más dinero.
B. ¿Así que en tu opinión los tesoros descubiertos en California no aumentarán la riqueza del mundo?
F. No creo que, en conjunto, añadan mucho a los placeres, a las satisfacciones reales de la humanidad. Si el oro de California simplemente reemplaza en el mundo lo que se ha perdido y destruido, puede tener su utilidad. Si aumenta la cantidad de dinero, lo depreciará. Los mineros de oro serán más ricos de lo que habrían sido sin él. Pero quienes posean el oro en el momento de su depreciación obtendrán una gratificación menor por la misma cantidad. No puedo considerar a esto como un aumento, sino una reubicación de las verdaderas riquezas, como las he definido.
B. Todo eso es muy posible. Pero no me convencerás fácilmente de que no soy más rico (en igualdad de condiciones) si tengo dos francos que si tuviera solo uno.
F. No lo niego.
B. Y lo que es verdad para mí, lo es para mi vecino y el vecino de mi vecino y así sucesivamente, de uno a otro, en todo el país. Por tanto si todo ciudadano de Francia tiene más francos, Francia debe ser más rica.
F. Aquí cometes el error común de concluir que lo que afecta a uno afecta a todos y confundes así el interés individual con el general.
B. Bueno, ¿qué puede ser más concluyentes? Lo que es verdad para uno debe serlo para todos. ¿Qué somos todos, salvo una serie de individuos? También podrías decirme que todo francés crecería repentinamente una pulgada sin que aumentara la altura media de todos los franceses.
F. Tu razonamiento es aparentemente sólido, lo reconozco, y por eso el engaño que oculta es tan común. Sin embargo, examinémoslo un poco. Diez personas están jugando. Para hacerlo más sencillo, habían adoptado el plan de que cada uno tomara diez fichas y por ellas cada uno pusiera 100 francos bajo una palmatoria, de forma que cada ficha valiera 10 francos. Después del juego se ajustarían las ganancias y los jugadores tomarán de debajo de la palmatoria tantos francos como representara el número de fichas. Visto esto, uno de ellos, quizá un gran aritmético, pero un razonador indiferente, diría: “Caballeros, la experiencia invariablemente me enseña que, al final del juego, gano en proporción al número de fichas. ¿No habéis observado lo mismo respecto de vosotros? Así que lo que es verdad para mí debe ser verdad para cada uno de vosotros y lo que es verdad para cada uno debe ser verdad para todos. Por tanto todos deberíamos ganar más al final del juego si tuviéramos más fichas. Así que no puede ser más fácil; solo tenemos que distribuir el doble de fichas”. Se hace esto, pero cuando el juego acaba y se empiezan a ajustar las ganancias, se descubre que el dinero bajo la palmatoria no se ha multiplicado milagrosamente, según las expectativas generales. Tienen que dividir proporcionalmente y el único resultado obtenido (bastante quimérico) ha sido este: cada uno tiene, es verdad, el doble de fichas, pero cada ficha, en lugar de valer diez francos solo vale cinco. Así que se demuestra que lo que es verdad para cada uno no siempre es verdad para todos.
B. Ya veo; estás suponiendo un aumento general en las fichas, sin un correspondiente aumento en la suma puesta debajo de la palmatoria.
F. Y tú estás suponiendo un aumento general de francos, sin un correspondiente aumento en cosas, cuyo intercambio facilitan esos francos.
B. ¿Comparas los francos con fichas?
F. Desde cualquier otro punto de vista, indudablemente no; pero en el caso que me planteas y contra el que tengo que argumentar, sí. Piensa en una cosa. Para que haya un aumento general de francos en un país, este país debe tener minas o su comercio debe ser tal como para dar cosas útiles a cambio de dinero. Aparte de estas dos circunstancias, es imposible un aumento universal con que solo los francos cambien de manos; y en este caso, aunque pueda ser muy real para cada uno, no podemos llegar a la conclusión a la que llegaste ahora, porque un franco más en una bolsa implica necesariamente un franco menos en otra. Es lo mismo que tu comparación de la altura media. Si cada uno de nosotros creciera solo a costa de otros, sería muy cierto que cada uno, tomado individualmente, sería un hombre más alto si tuviera la oportunidad, pero esto nunca sería verdad para el total tomado colectivamente.
B. Así sea: pero, en los dos supuestos que has realizado, el aumento es real y debes reconocer que tengo razón.
F. Hasta cierto punto, el oro y la plata tienen valor. Para conseguir este valor, lo hombres consienten en dar a otros cosas útiles que también tienen valor. Por tanto, cuando hay minas en un país, si dicho país obtiene de ellas el suficiente oro como para comprar algo útil del exterior (por ejemplo, una locomotora) se enriquece con los placeres que pueda producir una locomotora, exactamente como si la máquina se hubiera fabricado en casa. La pregunta es qué pasa si gasta más esfuerzo en lo primero que en lo segundo. Pues si no exporta este oro, se depreciaría y ocurriría algo peor de lo que ocurre a veces en California y en Australia, pues allí, al menos, los metales preciosos se usan para comprar cosas útiles fabricadas en otro lugar. Sin embargo, sigue habiendo el peligro de que puedas morir de hambre sobre montañas de oro, como pasaría si una ley prohibiera la exportación de oro. Respecto del segundo supuesto (el del oro que obtenemos por el comercio) es una ventaja o lo contrario, según el país tenga más o menos necesidad de este, comparado con sus deseos de cosas útiles a las que debe renunciar para obtenerlo. Esto no lo juzga la ley, sino los que se ven afectados, pues si la ley debe acatar este principio, que el oro es preferible a las cosas útiles, cualquiera que sea su valor, y si debe actuar efectivamente en este sentido, tendería a poner a todo país que adopte la ley en la curiosa posición de tener una gran cantidad de efectivo y nada que comprar. Es el mismísimo sistema que representaba Midas, que convertía en oro todo lo que tocaba y estaba por tanto en peligro de morir de hambre.
B. El oro que se importa implica que se exporta algo útil y en este sentido hay una satisfacción que sale del país. ¿Pero no hay un beneficio correspondiente? ¿Y no será este oro la fuente de una serie de nuevas satisfacciones, al circular de mano en mano y estimular el trabajo y la industria, hasta que posteriormente abandone a su vez el país y produzca la importación de algo útil?
F. Acabas de llegar al centro de la cuestión. ¿Es verdad que un franco es el principal que causa la producción de todos los objetos cuyo intercambio facilita? Está claro que una pieza de oro o plata acuñados estampados como un franco solo vale un franco, pero se nos hace creer que esta valor tiene una característica peculiar: que no se consume como otras cosas, o que se consume muy gradualmente; que se renueva, por decirlo así, a cada transacción y que, por fin, este franco en concreto ha valido un franco tantas veces como ha completado transacciones, que vale por sí mismo todas las cosas por las que se ha intercambiado sucesivamente; y esto se cree porque se supone que sin este franco estas cosas nunca se habrían producido. Se dice que el zapatero habría vendido menos zapatos y consiguientemente habría comprado menos al carnicero; el carnicero hubiera ido menos a menudo al tendero, el tendero al doctor, el doctor al abogado y así sucesivamente.
B. Nadie puede discutir eso.
F. Así que es el momento de analizar la verdadera función del dinero, independientemente de minas e importaciones. Tienes un franco. ¿Qué implica esto en tus manos? Es, por decirlo así, el testigo y prueba de que has realizado, en un momento u otro, algún trabajo que, en lugar de resultarte ventajoso, has realizado para la sociedad representada por tu cliente (empresario o deudor). Esta moneda atestigua que has realizado un servicio a la sociedad y además muestra el valor del mismo. Además, es testimonio de que aún no has obtenido de la sociedad un servicio real equivalente, al que tienes derecho. Para estar en disposición de ejercitar este derecho, en el momento y manera que te plazca, la sociedad, representada por tu cliente, te ha dado un reconocimiento, un derecho, un privilegio de la república, una ficha, un título al equivalente a un franco en propiedad de hecho, que solo difiere de los títulos ejecutivos en que muestra su valor en sí mismo y si eres capaz de leer con los ojos de tu mente las inscripciones estampadas en ella descifrarás claramente estas palabras: “Pagar al portador un servicio equivalente al que ha prestado a la sociedad, siendo el valor recibido mostrado, probado y medido por lo que yo represento”. Ahora, dame tu franco. Mi derecho a él, o es gratuito o es un derecho. Si me lo das como pago por un servicio, el resultado es el siguiente: tu cuenta con la sociedad por satisfacciones reales se enumera, equilibra y cierra. Le habías prestado un servicio por un franco, ahora devuelves el franco por un servicio; en lo que a ti respecta, estás en paz. Para mí, estoy ahora en la posición en la que tú estabas antes. Soy yo quien ahora he adelantado a la sociedad el servicio que acabo de prestar a tu persona. Me he convertido en acreedor por el valor del trabajo que he realizado para ti y que podría haber dedicado a mí mismo. Así que está en a mi quien debería pasar el derecho de este crédito (la prueba de esta deuda social). No puedes decir que soy más rico: si tengo derecho a recibir, es porque he dado. Menos puedes decir que la sociedad es un franco más rica porque uno de sus miembros tenga un franco más y otro un franco menos. Pues si me dejas llevarme gratis este franco, es seguro que yo seré un franco más rico, pero tú serás más pobre por ello y la fortuna social, tomada en masa, no habrá cambiado, porque, como ya he dicho, esta fortuna consiste en servicios reales, en satisfacciones efectivas, en cosas útiles. Eras un acreedor de la sociedad; me hiciste un sustituto de tus derechos y eso significa poco para la sociedad, que debe un servicio, pagando la deuda o a ti o a mí. Esto desaparece tan pronto como se paga al portador del derecho.
B. Pero si todos tuviéramos una gran cantidad de francos, deberíamos obtener de la sociedad muchos servicios. ¿No sería eso muy deseable?
F. Olvidas que en el proceso que he descrito, y que es un retrato de la realidad, solo obtenemos servicios de la sociedad porque le hemos prestado algunos. Quien hable de un servicio, habla al mismo tiempo de un servicio recibido y devuelto, pues estos dos términos se implican uno a otro, de modo que uno debe estar siempre compensado por el otro. Es imposible para la sociedad prestar más servicios que los que recibe y creer lo contrario es la quimera que se busca por medio de la multiplicación de monedas, el papel moneda, etc.
B. Todo eso parece muy razonable en la teoría, pero en la práctica no puedo dejar de pensar, cuando veo cómo funcionan las cosas, que si por alguna afortunada circunstancia el número de francos pudiera multiplicarse de tal manera que cada uno de nosotros pudiera ver duplicada su pequeña propiedad, deberíamos estar todos más cómodos, todos haríamos más compras y el comercio recibiría un poderoso estímulo.
F. ¡Más compras! ¿Y qué compraríamos? Sin duda artículos útiles, cosas para procurarnos una gratificación sustancial, como comida, ropa, casas, libros, cuadros. Deberías por tanto empezar demostrando que todas estas cosas se crean por sí mismas, debes suponer que los lingotes de oro fundidos en la casa de la moneda han caído de la luna o que las imprentas pueden ponerse en marcha en el Departamento del Tesoro, pues no puedes pensar razonablemente que si la cantidad de grano, ropa, barcos, sombreros y zapatos sigue siendo la misma, la porción de cada uno pueda ser mayor porque todos vayamos al mercado con una mayor cantidad de dinero real o ficticio. Recuerda a los jugadores. En el orden social las cosas útiles son lo que los jugadores ponen debajo de la palmatoria y los francos que van de mano en mano son las fichas. Si multiplicas los francos sin multiplicar las cosas útiles, el único resultado será que harán falta más francos para cada intercambio, igual que los jugadores requerían más fichas para cada depósito. Tienes una prueba de esto en lo que pasa con el oro, la plata y el cobre. ¿Por qué el mismo intercambio requiere más cobre que plata, más plata que oro? ¿No es porque estos metales están distribuidos en diferentes proporciones en el mundo? ¿Qué razón hay para suponer que si el oro se hiciera repentinamente tan abundante como la plata, no requeriría tanto de una como de otro para comprar una casa?
B. Puede que tengas razón, pero preferiría equivocarme. En medio de los sufrimientos  que nos rodean, tan perturbadores por sí mismos y tan peligrosos en sus consecuencias, he encontrado algo de consuelo en pensar que había un método sencillo de hacer felices a todos los miembros de la comunidad.
F. Aunque oro y plata fueran verdaderas riquezas, no sería sencillo aumentar su cantidad en un país en el que no hay minas.
B. No, pero es fácil sustituirlos por alguna otra cosa. Coincido contigo en que oro y plata solo pueden prestar unos pocos servicios, salvo como meros medios de intercambio. Pasa lo mismo con el papel moneda, los billetes de banco, etc. Luego si todos tenemos abundancia de esto último, que es tan fácil de crear, todos podríamos comprar mucho y no faltarnos de nada. Tu cruel teoría disipa esperanzas, ilusiones si quieres, cuyo principio es con seguridad muy filantrópico.
F. Si como todos los demás sueños estériles creados para promover la felicidad universal. La extrema facilidad de los medios que recomiendas es bastante para exponer su vacuidad. ¿Crees que si fuera simplemente necesario imprimir billetes de banco para satisfacer todos nuestros deseos y nuestros gustos, la humanidad se hubiera contentado hasta ahora sin recurrir a este plan? Coincido contigo en que el descubrimiento es tentador. Eliminaría inmediatamente del mundo, no solo el saqueo, en sus formas diversas y deplorables, sino incluso el propio trabajo, salvo la Oficina Nacional de Imprenta. Pero aún tenemos que saber cómo los billetes de colores van a comprar casas que nadie habría construido; grano, que nadie habría cultivado; textiles, que nadie se habría tomado la molestia de tejer.
B. Hay una cosa que me sorprende en tu argumento. Tú mismo dices que si no hay ganancia en ningún caso hay tampoco pérdida al multiplicar el instrumento de intercambio, como se ve en el ejemplo de los jugadores, que no se ven en absoluto afectados por un engaño muy evidente. ¿Por qué rechazar entonces la piedra filosofal que nos enseñaría el secreto de cambiar la base material por oro, o, lo que es lo mismo, convertir papel en moneda? ¿Estás tan ciegamente encadenado a la lógica que rechazarías probar un experimento en el que no puede haber riesgo? Si te equivocas, estás privando a la nación de una ventaja inmensa, como creen tus numerosos adversarios. Si el error es suyo, no puede producir ningún daño, como has dicho tú mismo, más allá de la quiebra de una esperanza.  La medida, excelente en mi opinión, en la tuya es únicamente negativa. Probémosla entonces, ya que lo peor que puede pasar no es que se produzca un mal, sino que no se materialice un bien.
F. En primer lugar, el fracaso de una esperanza es una muy gran desgracia para cualquiera. También es muy indeseable que el gobierno deba anunciar la abolición de varios impuestos confiando en un recurso que debe fracasar inevitablemente. Sin embargo tu comentario merecería alguna consideración, si después de la emisión de papel moneda y su depreciación, el equilibrio de valores fuera a tener lugar instantánea y simultáneamente en todo y en todas partes del país. Las medidas tenderían, como en mi ejemplo de los jugadores, a una mistificación universal con respecto a la cual, lo mejor que podría hacerse es mirarse entre sí y reír. Pero las cosas no funcionan así. El experimento se ha realizado y cada vez que un gobierno (sea un rey o un congreso) ha alterado el dinero…
B. ¿Quién habla de alterar el dinero?
F. Bueno, obligar a la gente a aceptar en pago pedazos de papel que se han bautizado oficialmente como francos u obligarlos a recibir, como si pesara un onza, un pieza de plata que pesa solo media onza, pero a la que se ha calificado oficialmente como un franco, es la misma cosa, si no peor; y todo el razonamiento que pueda hacerse a favor del papel moneda se ha hecho a favor del dinero legal falsamente acuñado. Indudablemente, viéndolo como acabas de hacerlo y pareces estar haciendo aún, si se cree que multiplicar los instrumentos de intercambio es multiplicar los mismos intercambios así como las cosas intercambiadas, podría pensarse muy razonablemente que el medio más sencillo sería dividir mecánicamente el franco acuñado y hacer que la ley dé a la mitad el nombre y valor del todo. Bueno, en ambos casos la depreciación es inevitable. Ceo que te he dicho la causa. Debo asimismo informarte de que esta depreciación, que con el papel podría continuar hasta que llegara a la nada, se efectúa creando idiotas continuamente y, de entre estos, la gente pobre, las personas simples, los trabajadores y los granjeros son los principales.
B. Ya veo, pero espera un poco. Esta dosis de economía política es bastante fuerte como para tomarla de golpe.
F. Así sea. Así que estábamos de acuerdo, en este punto: que la riqueza es la masa de cosas útiles que producimos mediante trabajo o, mejor aún, el resultado de todos los esfuerzos que hacemos para la satisfacción de nuestros deseos y gustos. Estas cosas útiles se intercambian entre sí de acuerdo con la conveniencia de aquellos a quienes pertenecen. Hay dos formas en estas transacciones; a una se la llama trueque: en este caso se presta un servicio a cambio de recibir inmediatamente un servicio equivalente. En esta forma, las transacciones serían extremadamente limitadas. Para que puedan multiplicarse y realizarse independientemente del tiempo y el espacio entre personas desconocidas entre sí y en fracciones infinitas, ha sido necesario un agente intermedio: esto es el dinero. Permite el intercambio, que no es sino un negocio complejo. Es lo que ha de notarse y entenderse. El intercambio se descompone en dos negocios, en dos departamentos, venta y compra, cuya unión es necesaria para completarse. Vendes un servicio y recibes un franco; luego, con este franco, compras un servicio. Solo entonces se completa el negocio; nunca hasta que tu esfuerzo se ha visto seguido por una satisfacción real. Evidentemente solo trabajas para satisfacer los deseos de otros, para que otros puedan trabajar para satisfacer las tuyas. Solo mientras tengas el franco que te han dado por tu trabajo, tendrás derecho a reclamar el trabajo de otra persona. Cuando lo hayas hecho, la evolución económica se habrá completado en lo que a ti respecta, ya que solo entonces habrás obtenido, con una satisfacción real, la verdadera recompensa a tus tribulaciones. La idea de un negocio implica un servicio prestado y un servicio recibido. ¿Por qué no debería ser lo mismo en el intercambio, que es simplemente un negocio en dos partes? Y aquí hay que hacer dos observaciones. Primera: Es una circunstancia muy poco importante si hay mucho o poco dinero en el mundo. Si hay mucho, se requiere mucho; si hay poco, se quiere poco para cada transacción: eso es todo. La segunda observación es esta: como se ve que el dinero siempre reaparece en todo intercambio, ha llegado a considerarse como la señal y medida de las cosas intercambiadas.
B. ¿Seguirás negando que el dinero es la señal de las cosas útiles de las que hablas?
F. Un luis de oro no es más señal que un barril de harina, que un barril de harina es señal de un luis de oro.
B. ¿Qué daño hay en considerar al dinero como señal de riqueza?
F. El problema es este: lleva a la idea de que solo tenemos que aumentar la señal para aumentar las cosas señaladas y corremos el peligro de adoptar todas las falsas medidas que tomaste cuando te hice rey absoluto. Deberíamos ir más allá. Igual que vemos en el dinero la señal de la riqueza, también vemos en el papel moneda la señal del dinero y por tanto concluimos que hay un método muy sencillo y simple de procurar a todos los placeres de la fortuna.
B. ¿Pero no llegarás a discutir que el dinero es la medida de los valores?
F. Sí, sin duda llegaría a ello, pues es ahí precisamente donde está la ilusión. Se ha convertido en costumbre referirse al valor de todo con respecto al dinero. Se dice que vale 5, 10 o 20 francos, como decimos que pesa 5,10 o 20 granos; que mide 5, 10 o 20 varas; que este terreno contiene 5, 10 o 20 acres y por tanto se ha concluido que el dinero es la medida del valor.
B. Bueno, parece como si fuera así.
F. Sí, lo parece y de esta apariencia me quejo, y no de la realidad. Una medida de longitud, tamaño, superficie, es una cantidad acordada e inamovible. No pasa esto con el valor del oro y la plata. Este varía tanto como el del grano, el vino, la ropa o el trabajo y por las mismas razones, pues tiene el mismo origen y obedece a las mismas leyes. El oro se pone a nuestro alcance, igual que el hierro, por el trabajo de los mineros, las inversiones de los capitalistas y la combinación de mercaderes y marinos. Cuesta más o menos, de acuerdo con lo que cueste su producción, de acuerdo con si hay mucho o poco en el mercado y si se solicita mucho o poco; en una palabra, soporta las fluctuaciones de los demás productos humanos. Pero una circunstancia es singular y da lugar a muchos errores. Cuando varía el valor del dinero, la variación se atribuye por lenguaje a los demás productos por los que se intercambia. Así, supongamos que todas las circunstancias relativas al oro siguen igual y que se ha perdido la cosecha de trigo. El precio del trigo aumentará. Se diría: “El barril de harina que valía cinco francos ahora vale ocho” y esto sería correcto, pues el valor de la harina ha cambiado y el lenguaje se acuerda con el hecho. Pero invirtamos la suposición: supongamos que todas las circunstancias relativas a la harina permanecen igual y que ha desaparecido la mitad del oro existente; esta vez es el precio del oro el que aumentará. Parecería que tendríamos que decir: “Este luis de oro que valía 10 francos ahora vale 20”. ¿Sabes cómo se expresa esto? Como si los demás objetos de comparación hubieran caído en precio, se dice: “La harina que antes valía diez francos ahora solo vale cinco”.
B. Todo acaba siendo lo mismo.
F. Sin duda, pero solo piensa en las perturbaciones, que engaños se producen en los intercambios cuando varía el valor del medio sin darse cuenta de ello por un cambio de nombre. Moneda o billetes se emiten mostrando la inscripción de cinco francos y que llevarán esa inscripción en cualquier depreciación subsiguiente. El valor se reducirá a un cuarto, un medio, pero seguirán llamándose monedas o billetes de cinco francos. Las personas listas se cuidarán de no entregar sus bienes salvo por más billetes (en otras palabras, pedirán diez francos por lo que antes vendían por solo cinco), pero se engañará a los simples. Deben pasar muchos años antes de que todos los valores encuentren su nivel apropiado. Bajo la influencia de la ignorancia y la costumbre, la paga diaria de un labrador seguirá siendo por mucho tiempo un franco, mientras que el precio de venta de todos los artículos de consumo a su alrededor estará aumentando. Se hundirá en la miseria sin ser capaz de descubrir la causa. En resumen, como quieres que termine, debo pedirte, antes de que no separemos, que fijes toda tu atención en este punto esencial: Una vez se pone en circulación moneda falsa (bajo cualquier forma que tome), se producirá una depreciación, que se manifestará en el aumento universal de todo lo que puede venderse. Pero este aumento en los precios no es instantáneo e igual para todo. Hombres agudos, intermediarios y hombres de negocios no los sufrirán, pues su negocio es fijarse en las fluctuaciones de precios, observar la causa e incluso especular sobre ella. Pero los pequeños comerciantes, trabajadores del campo y trabajadores en general soportarán todo el peso. El hombre rico no es más rico por ello, pero el hombre pobre se hace más pobre por ello. Por tanto, cosas como esta tienen el efecto de aumentar la distancia que separa riqueza de pobreza, de paralizar las tendencias sociales que están constantemente llevando a los hombres al mismo nivel y harán falta siglos para que las clases que sufren recuperen el terreno que han perdido en su evolución hacia la igualdad de condición.
B. Bueno, me tengo que ir. Meditaré sobre la lección que me has dado.
F. ¿Has acabado tu disertación? En cuanto a mí, apenas he empezado la mía. Aún no había hablado del odio popular al capital, del crédito gratuito (préstamos sin interés), una idea desafortunada, un deplorable error, que deriva de la misma fuente.
B. ¡Qué! ¿Esta espantosa conmoción del populacho contra los capitalistas deriva de que el dinero se confunda con la riqueza?
F. Es el resultado de diferentes causas. Por desgracia, ciertos capitalistas se han arrogado monopolios y privilegios que son bastantes como para justificar este sentimiento. Pero cuando los teóricos de la democracia han querido justificarla, sistematizarla y darle la apariencia de una opinión razonable y ponerla en contra de la misma naturaleza del capital han tenido que recurrir esa falsa economía política en cuya raíz siempre se encuentra la misma confusión. Han dicho a la gente: “Tomad un franco; ponedlo bajo un vaso; olvidadlo un año; luego id a buscarlo y os convenceréis de que no ha producido diez centavos, ni cinco centavos, ni ninguna fracción de un centavo. Por tanto, el dinero no produce intereses”. Luego, sustituyendo la palabra dinero su pretendida señal, el capital han hecho que se produzca por su lógica esta modificación: “Luego el capital no produce interés”. Luego deducen esta serie de consecuencias: “por tanto quien presta capital no tendría que obtener nada de él; por tanto quien te preste capital, si gana algo con ellos, te está robando; por tanto todos los capitalistas son ladrones; por tanto, la riqueza, que tendría que darse gratuitamente a quienes la tomen prestada, pertenece en realidad a aquellos a los que no les pertenece; por tanto no existe la propiedad, por tanto todo pertenece a todos; por tanto…”
B. Esto es muy serio; más porque el silogismo esté tan admirablemente formado. Me gustaría mucho aprender sobre el tema. ¡Pero, ay! Ya no puedo prestar atención. Hay tal confusión en mi cabeza de palabras como moneda, dinero, servicios, capital, interés, que realmente apenas sé dónde estoy. Si te parece, continuaremos la conversación otro día.
F. Entretanto, he aquí una pequeña obra titulada Capital y renta. Tal vez pueda resolver algunas de tus dudas. Léela cuando quieras un poco de diversión.
B. ¿Para divertirme?
F. ¿Quién sabe? Un clavo saca a otro clavo; una cosa aburrida saca a otra.
B. Todavía no estoy convencido de que tus opiniones sobre dinero y economía política en general sean correctas. Pero de tu conversación, esto es lo que he entendido: Que estas cuestiones son de la máxima importancia, pues la paz o la guerra, el orden o la anarquía, la unión o el antagonismo de los ciudadanos, están enraizados en la respuesta a ellas. ¿Cómo es que en Francia y la mayoría de los países que se consideran como altamente civilizados, una ciencia que nos toca a todos tan de cerca y cuya difusión tiene una influencia tan decisiva sobre el destino de la humanidad, es tan poco conocida? ¿Es que el estado no la enseña lo suficiente?
F. No exactamente. Pues, sin saberlo, el estado se aplica a cargar los cerebros de todos con prejuicios y el corazón de todos con sentimientos favorables al espíritu de desorden, guerra y odio, de forma que, cuando se presenta una doctrina de orden, paz y respeto, es inútil que tenga la claridad y la verdad de su lado: no puede conseguir que se admita.
B. Decididamente eres un quejica espantoso. ¿Qué interés puede tener el estado en mistificar los intelectos de la gente a favor de revoluciones y guerras civiles y extranjeras? Debe sin duda haber una gran cantidad de exageración en lo que dices.
F. Piénsalo. En el periodo en que nuestras facultades intelectuales empiezan a desarrollarse, en la edad en que las impresiones son más vívidas, cuando los hábitos mentales se forman con la mayor facilidad, cuando podríamos mirar a la sociedad y entenderla, en una palabra, tan pronto como tenemos siete u ocho años de edad, ¿qué hace el estado? Nos pone una venda sobre nuestros ojos, nos lleva amablemente al medio del círculo social que nos rodea para lanzarnos, con nuestras facultades susceptibles, nuestros corazones impresionables, en medio de la sociedad romana. No mantiene allí al menos durante diez años, lo suficiente como para dejar una impresión indeleble en el cerebro. Observa ahora que la sociedad romana se opone directamente a lo que tendría que ser nuestra sociedad. Ellos vivían de la guerra; nosotros tendríamos que odiar la guerra; ellos odiaban el trabajo; nosotros tendríamos que vivir del trabajo. Allí los medios de subsistencia se basaban en la esclavitud y el saqueo; aquí deberían proceder de la libre industria. La sociedad romana estaba organizada en consecuencia con este principio. Necesariamente admiraba lo que la hizo próspera. Consideraban como virtud lo que hoy consideramos vicios. Sus poetas e historiadores tenían que exaltar lo que nosotros tendríamos de desdeñar. Las mismas palabras libertad, orden, justicia, pueblo, honor, influencia, etc. no podrían tener el mismo significado en Roma del que tiene, o tendrían que tener, en París. ¿Cómo puedes esperar que todos estos jóvenes que han estado en universidades o escuelas conventuales con Livio y Quinto Curcio para su catecismo, no entiendan la libertad como los Gracos, la virtud como Catón, el patriotismo como César? ¿Cómo puedes esperar que no sean facciosos y belicistas? ¿Cómo puedes esperar que se tomen el más mínimo interés por el mecanismo de nuestro orden social? ¿Crees que su mentes se han preparado para entenderlo? ¿No ves que para hacerlo deben librarse de sus impresiones actuales y recibir otras completamente opuestas?
B. ¿Qué concluyes de eso?

F. Te lo diré. La necesidad más urgente no es lo que el estado deba enseñar, sino que deba permitir educar. Todos los monopolios son detestables, pero el peor de todos es el monopolio de la educación.

El asesinato de Robert Serra, por @AndresVolpe

“La oposición parece unos carritos chocones, todos se dan contra todos”.
Robert Serra

“Este mundo de odios […] había de estallar con tal violencia que, cuando la Independencia rompe el orden secular, de los 825.000 habitantes que tenía Venezuela para aquel momento, perecen más de 200.000, y no por la acción bélica en sí, sino como efecto de una criminalidad espantable como no hay antecedentes ni en los mismos pueblos vecinos”.
Así reza el prólogo a la edición española de la obra de Francisco Herrera Luque En la casa del pez que escupe el agua, en su edición publicada por Alfaguara. Es una visión escalofriante, ya que las muertes no fueron causadas directamente por el combate de la liberación del territorio nacional, sino por los efectos de la criminalidad. Un fenómeno que ocurría en los tiempos más heroicos de la historia venezolana, cuando se presume que existía virtud cívica y del cual los venezolanos nos vanagloriamos sin miramientos. La cifra pone bajo juicio la glorificación del espíritu histórico independentista y lo reduce tan solo a unos cuantos individuos que lucharon por la causa justa, mientras acusa a una gran mayoría de criminales.
De ser aquello cierto, ¿qué podemos decir del presente?
El diputado Robert Serra por el PSUV ha sido asesinado el miércoles, 1° de octubre. El hecho ha despertado el horror y la denuncia por parte del gobierno, ya que es considerado un acto vil, cruel, monstruoso e inhumano. Seguidamente, se han activado los debidos organismos y mecanismos del Estado para dar con los culpables y así reclamar nuevamente el monopolio de la violencia y ejercer justicia.
Pero, ¿qué ocurrirá con las otras 38 personas promedio que fueron asesinadas ese mismo día, de acuerdo con cifras publicadas por diversos medios nacionales?
En un artículo publicado por otro periódico nacional, el 4 de mayo de 2014, se confirman 4.680 homicidios en los primeros 4 meses del año. No obstante, estas cifras no brindan una fiel representación de la realidad, ya que fueron obtenidas de manera extraoficial. Es decir, nadie sabrá sobre la totalidad de muertes anónimas que ni siquiera obtienen la dignidad de ser registradas y cuantificadas. En su mayoría, la muerte del venezolano es una muerte anónima.
Por ende, si el gobierno entiende de dolor y de indignación ante tan vil acción, el asesinato diario de venezolanos debe ser tomado con tanta seriedad y horror como el asesinato del diputado Robert Serra. Ya que resulta inaudito que la muerte diaria no es misterio ni es dolorosa para el gobierno, pero cuando es asesinado un diputado por el PSUV es misterio y es dolorosa y el Estado entero se indigna y da caza feroz a los asesinos y se hacen declaraciones de dolor.
La muerte es quizás el fenómeno más igualitario para el ser humano, porque al morir la piel se pudre de igual manera sin importar cargo, rango e inclinación política. No obstante, el asesino sí hace diferencia y escoge a sus víctimas. Allí resta entonces la acusación para el gobierno, ya que su política de fomentar la violencia en el país es la causa del asesinato del diputado Robert Serra y los demás 38 asesinados en promedio ese mismo día.
La muerte anónima es la más dolorosa, porque se sufre en silencio. Esa es la muerte que la mayoría de las familias venezolanas padecen y lloran.
Es momento de exhortar al gobierno para que empiece a realizar políticas públicas eficaces para la eliminación de la violencia en el país y quizás así puedan verdaderamente honrar la muerte de su compañero camarada diputado Robert Serra.

@andresvolpe

Editorial: Los colectivos

Esta revolución es pacífica pero armada - Hugo Chávez
Con esa frase, el golpista presidente amenazaba constantemente a sus opositores, durante años el partido de gobierno se dedicó, con la asistencia de cubanos, iraníes, chinos, rusos, así como terroristas del FARC, ETA, y ELN a armar, adoctrinar y formar a delincuentes de forma ideológica, agrupándolos en Círculos Bolivarianos o colectivos, que no son otra cosa sino bandas criminales (BACRIM)  dedicadas al secuestro, extorsión, sicariato y demás actividades delictivas al tiempo que para cubrir sus procederes hamponiles, pintaban una pared, sembraban unas matas, o limpiaban una plaza, con asistencia del régimen montaban un operativo de cedulación o ponían una venta de pollo ambulante para decir que "ayudaban a la comunidad".

La realidad es otra, son bandas de delincuentes que se visten de rojo para intimidar opositores. Se radican en sectores más humildes para querer aparentar ser tan humildes como ellos, pero manejan una gran cantidad de dinero producto de sus actividades delincuenciales, sumado a las prebendas, becas, auxilios financieros, pensiones y misiones que el estado benefactor chavista les ha dado. Son una oligarquía xenófoba, racista vestida de rojo que decide vivir entre ranchos y miseria por el mero hecho de querer pintarse de pueblo, pero que tienen un desprecio por los pobres similar al que tiene Jesús Torrealba (jefe de la MUD), basta con entender que ellos no creen en conceptos de libertad, de la misma manera que Torrealba no cree que los pobres entiendan lo que es libertad.

Son estas BACRIM rojas rojitas, un gólem que ha sido alimentado por el gobierno y que ahora se les están saliendo de las manos.
Recientemente el asesinato del diputado Serra, ese que vimos retratado dándole armas a niños con el nefasto Valentín Santana, de los colectivos armados de la urbanización 23 de enero de caracas, despertó el interés de la población por sus delincuenciales actividades, las reacciones de los miembros de los colectivos ante el asesinato y la balacera que se dio entre el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas y las BACRIM rojas, con la muerte del jefe de esa banda, un individuo de apellido Odreman, que en su perfil de redes sociales vimos retratado con el indocumentado usurpador de Miraflores, su esposa Cilia Flores, José Vicente Rangel y el mismo Robert Serra.
El descaro por parte del gobierno y de los cuerpos policiales al referirse a Odreman y sus secuaces como delincuentes cuando las fotos, la evidencia en video y demás pruebas demuestran que era un asiduo de los círculos del poder que tienen usurpada la silla de Miraflores desde hacía bastante tiempo.

Cría cuervos, y te sacarán los ojos.

El problema de la política que desarrolló el régimen al armar malandros para tener el control de la población radica en que estas bandas armadas siempre se encuentran con mayor sed de poder y dinero. El régimen no sabe que hacer con los monstruos que crearon y en vista de que ellos mismos se están matando inician una pantomima de ofensiva contra su misma gente.
Los resultados de más de 10 planes de seguridad a lo largo de la presidencia de Chávez y la presidencia de Maduro han dejado el trágico saldo de casi un cuarto de millón de muertos a manos de la violencia, hoy día, Caracas es la ciudad más violenta del continente americano, y las cifras de muertos los fines de semana van in crescendo.

Robert Serra era miembro de colectivos armados, y mediaba entre ellos para su entendimiento, el móvil de su asesinato está todavía por conocerse. Pero nos resulta increíble comprender la reacción que tuvo la oposición oficial ante su asesinato, los mismos que hacía semanas usaron a Mónica Spear como bandera política, cancelaron la marcha que habían anunciado "por respeto", "para guardar duelo", ojalá hubiésemos visto la misma acción cuando balas de colectivos y Guardias Nacionales acabaron con la vida de Bassil Da Acosta, Robert Redman, Génesis Carmona, entre otros, mientras llorábamos sus muertes y las protestas por ese atropello contra la vida humana, Robert Serra, Nicolás Maduro, Cilia Flores y el resto de la tropa chavista bailaban y hacían fiestas con tambores y guaracha.

La censura

Hace un par de días se filtraron las fotos del cadáver de Serra, lo cual generó una gran polémica y rechazo, "de lado y lado", incluso entre nuestros redactores hubo discusión sobre si hacer públicas dichas fotografías o no, pero dada la ofensiva de los organismos de inteligencia estatal contra aquellos que disienten contra el régimen ilegal, ilegítimo, inmoral e injusto del chavismon decidimos no hacerlo, no sin antes hacer llegar nuestra solidaridad con la tuitera Inés González, conocida en twitter como @InesitaTerrible, la cual ha sido secuestrada por el SEBIN y está recluida en el Helicoide por escribir que Diosdado Cabello sería el próximo en ser asesinado por los colectivos rojos.

Desde esta tribuna exigimos la liberación de Inés González, así como los demás presos políticos sometidos al terrorismo judicial chavista, la ola de violencia entre colectivos y organismos de seguridad del estado es producto de las políticas desarrolladas por aquellos que ejercen el poder desde hace más de tres lustros. Son incapaces de proveer seguridad para sus propia gente y por consiguiente no son capaces de proveer seguridad para el resto de la población.

Grupo Cóndor




jueves, 2 de octubre de 2014

EDITORIAL: El Mal comienzo de @ChuoTorrealba

Recientemente fue nombrado Jesús "Chúo" Torrealba como Secretario Ejecutivo de la Mesa de la Unidad de Democrática, en sustitución de Ramón Guillermo Aveledo, frustrando las aspiraciones de Carlos Raúl Hernández, quien se dedicó desde el portal noticias 24 a difamarnos y llamarnos laboratorio radicado en Miami (al mejor estilo de los chavistas a quien el dice oponerse, sólo le faltó llamarnos "gusanos").

Pues bien, el señor Torrealba se presenta como una alternativa y así lo pasearon por los medios de comunicación, haciendo alarde de su trabajo en lo que el chavismo, y su oposición oficial ha querido hacerle creer a la mayoría de la población (que durante más de tres lustros ha sido sometida a un lenguaje propagandístico repleto de marxismo cultural) que la clase media reside en los barrios. Esto no es un hecho aislado, forma parte del asco, envidia y recelo que los resentidos sociales, náufragos políticos de la extrema izquierda venezolana siempre sintieron contra la mayoría del país, que es la clase media que durante el período de 1961-1998 era la clase media con mayor poder adquisitivo del continente.



Conforme crecía el intervencionismo estatal en la economía de los gobiernos del binomio AD-COPEI, el poder adquisitivo de la clase media venezolana, pudiente y pujante disminuía significativamente, pero con el chavismo, la clase media se empobreció vertiginosamente, y es ahí donde, con el uso de una hegemonía comunicacional propagandística que pretende discursivamente hacer creer que la verdadera clase media es el barrio y su cultura de violencia, por su parte una oposición que no confronta al gobierno sino que se conforma ante sus tropelías, en búsqueda de votos en elecciones controladas, opta por el discurso populista y querer captar chavistas descontentos, obviando que el chavismo no vota opositor, sino que se abstiene.

Señor Torrealba, usted se presenta como la alternativa, como una nueva opción, y toma una línea discursiva en la cual obvia de forma explícita su rol de Jefe de Prensa de la Coordinadora Democrática, nuestro equipo de análisis revisó más de 5000 tweets de periodistas que reseñaron su nombramiento, hicimos una revisión sistemática y ordenada de cada nota de prensa en la cual se le nombra a usted como secretario ejecutivo y ninguna menciona que usted formó parte de esa organización. Es bien sabido que del seno de la Coordinadora Democrática, surgieron iniciativas contrarias a las que la opinión pública y sus acciones de calle que tenían contra la pared al régimen ilegal, ilegítimo e inmoral de Hugo Chávez. Y ud. Sr. Torrealba dirigió los comunicados de prensa de dicho ente, el cual se dio a la tarea de dar la espalda al clamor popular de exigir la renuncia de Hugo Chávez y con la anuencia del "mediador" Jimmy Carter y su Centro, junto con la Organización de Estados Americanos en eso que se llamó la Mesa de Negociación y Acuerdos.


Dicha mesa de Negociación y Acuerdos, no sólo contaba, convenientemente con tener del lado opositor a compadres de José Vicente Rangel, como Américo Martín, sino al actual usurpador de la silla de Miraflores, el indocumentado Nicolás Maduro.

Ante tales hechos, señor Torrealba, ¿por que usted no menciona que su paso por la Coordinadora implicó una política comunicacional apaciguadora de la protesta?.

Usted, ostenta haber iniciado a patear barrios tras darse cuenta que el chavismo ganó el Referéndum Revocatorio presidencial en 2004, obviando de forma evidente los trabajos publicados en revistas indexadas como Statistical Science e International Statistical Review en donde se muestran las inconsistencias matemáticas que dejaron las máquinas de lotería de Smartmatic tras la elección en la cual Venezuela cambió para siempre. 

Las pruebas del fraude electoral se demostraron y de forma académica, Sr. Torrealba pero usted se empeña en decir que jamás se presentaron. ¿Por que?

Señor Torrealba, usted hizo mucho énfasis en decir que fue electo de forma unánime por parte de los integrantes de la MUD. ¿Ha leído usted el artículo 67 de la Constitución vigente?

Artículo 67: Todos los ciudadanos y ciudadanas tienen el derecho de asociarse con fines políticos, mediante métodos democráticos de organización, funcionamiento y dirección. Sus organismos de dirección y sus candidatos o candidatas a cargos de elección popular serán seleccionados o seleccionadas en elecciones internas con la participación de sus integrantes. No se permitirá el financiamiento de las asociaciones con fines políticos con fondos provenientes del Estado. La ley regulará lo concerniente al financiamiento y a las contribuciones privadas de las organizaciones con fines políticos, y los mecanismos de control que aseguren la pulcritud en el origen y manejo de las mismas. Así mismo regulará las campañas políticas y electorales, su duración y límites de gastos propendiendo a su democratización. Los ciudadanos y ciudadanas, por iniciativa propia, y las asociaciones con fines políticos, tienen derecho a concurrir a los procesos electorales postulando candidatos o candidatas. El financiamiento de la propaganda política y de las campañas electorales será regulado por la ley. Las direcciones de las asociaciones con fines políticos no podrán contratar con entidades del sector público.
 De conformidad con la normativa vigente, la Mesa de Unidad Democrática es una Organización Política con Fines Electorales (Partido Político), está registrada ante el Consejo Nacional Electoral, posee una tarjeta y ubicación en el tarjetón electoral de acuerdo con la Ley Orgánica de Procesos Electorales, sin embargo, la ley electoral no se aplica a la MUD.
Si la MUD representa a la alternativa al régimen ilegal, ilegítimo, inmoral, e injusto del Chavismo,por que no se hace cumplir el mandato de la Ley- es decir- ¿Quien votó por usted, Señor Torrealba? 
La respuesta es sencilla: NADIE VOTÓ POR USTED, SEÑOR TORREALBA, USTED FUE ELECTO POR UN CONCILIÁBULO, UN COGOLLO, UNA MACOYA, DE LA MISMA MANERA QUE FUE NOMBRADO RAMÓN GUILLERMO AVELEDO.
Cogollos que buscan defender los intereses particulares de banqueros con millonarios negocios y contratos con el gobierno, como Víctor Vargas y su empleado, Ramón José Medina. Como los negocios sucios de Henry Ramos Allup, Elías Sayegh y sus familiares con la Gran Misión Vivienda Venezuela, y demás conflcitos de intereses ampliamente desarrollados por miembros de este grupo e investigadores y reporteros independientes.

Señor Torrealba: Usted dice que el asesinato de Mónica Spear y su esposo le mostró la cara de la inseguridad y la violencia al país. Desde nuestra tribuna hallamos absolutamente detestable que usted haga semejante afirmación, es jugar con el dolor de la familia Spear-Berry e ignorar descaradamente los asesinatos como el del periodista Orel Sambrano, a quien Walid Makled mandó a matar, el secuestro y asesinato de los hermanos Faddoul, que generaron violentas protestas en rechazo a la violencia las cuales Chávez y sus secuaces rápidamente mitigaron usando métodos cada vez más represivos.
¿Ignora usted, señor Torrealba que los asesinos de Mónica Spear son militantes del Partido Socialista Unido de Venezuela?
Esos mismos militantes a los cuales usted busca desesperadamente convencer para que se unan a las filas opositoras y voten en las parlamentarias de 2015, usted y la MUD preconizan un discurso de "encuentro", de "reconciliación", quien le devuelve la vida a los más de 250.000 venezolanos asesinados por lo que es una política del régimen, esa de la inseguridad, de mantenernos secuestrados en nuestros propios hogares mientras colectivos armados matan a mansalva y de formas cada vez más cruentas, con decapitaciones y desmembramientos idénticos a los que cometen los terroristas del Estado Islámico.

¿Sabe usted SEÑOR TORREALBA que han muerto más de un cuarto de millón de venezolanos en catorce años, y que esa cifra roja es mayor que el número de muertos a los del conflicto armado en Colombia en 50 años de guerra civil, que la suma de bajas de soldados americanos en las guerras de vietnam, irak y afganistán combinadas?

Recientemente usted convocó a la Unidad a la calle, pero tras la muerte del diputado Robert Serra, (ese que dio armas a colectivos y se retrató con delincuentes como Valentín Santana, solicitado por las autoridades venezolanas por homicidio y secuestro,  al tiempo que otorgaba armamento a niños delito que prescribe en tribunales internacionales), decidió recular y echar para atrás la convocatoria, arguyendo respeto, y que no era momento de celebrar, cuando lo que indica es miedo.
El mismo miedo que tuvo Capriles de que lo metieran preso a él y su combo cuando canceló la marcha hacia el CNE después de que nos robaran las elecciones, que dicho sea de paso, se pasó la página y se ignoró por completo, en un descarado acto de colaboracionismo y cohabitación.

Responda nuestras preguntas, señor Torrealba, y mientras tanto, estimados lectores, dense cuenta de que el comienzo de "Chúo" fue con el pie izquierdo, un hombre que dijo que los que protestaron en febrero de este año y fueron ASESINADOS por el régimen son unos "radicales", "antipolíticos" que se lanzaron "por un tobogán del odio", minimizando su deseo de vivir en un país con libertad.



Jesús Torrealba se vanagloria de deberse a los más necesitados y los pobres, al barrio, pero cuando se le toca el tema de la "libertad", dice que es un concepto abstracto que en los barrios no se entiende. Sólo alguien con un profundo desprecio hacia los más desposeídos es capaz de hacer tal afirmación, y tal afirmación implica que los que están metidos en un rancho no tienen la capacidad de entender ese concepto, y por ende tienen la inteligencia de un animal, y no la de un ser pensante y racional. Pareciera que el señor torrealba no entiende que el ignorante no es libre.

Se nota el paso de Jesús Torrealba por el Partido Comunista de Venezuela cuando usa frases como "justicia social", "redistribución de la riqueza", "estado de bienestar", "contraloría social", "lucha de clases sociales". No se puede hacer oposición al socialismo con más socialismo. No nos vamos a cansar de decirlo.

Señor Torrealba, pretender que el Estado sea un fin en si mismo, es una aberración que contradice la noción fundamental de la libertad. No vuelva a decir que ese es un concepto demasiado abstracto como para que los pobres lo entiendan. Deje de invocar el bien común en vez del bienestar individual, le exigimos suspenda su discurso colectivista idéntico en contenido ideológico al del chavismo.
Pero sabemos que no lo va hacer.
Como escribiría ese cantautor argentino recientemente fallecido:
Nada cambiará con un aviso de curva. 
En sus caras veo el temor, 
ya no hay fábulas, en la ciudad de la furia. 
Lo que empieza mal, termina mal.
El primer anillo de seguridad del Régimen es la MUD.

Grupo Cóndor.
3-oct-2014


El gobierno y los falsificadores de esperanza, por @AndresVolpe

asciate ogni speranza, voi ch'entrate.
Dante Alighieri 
El Canto Trigésimo del Infierno de Dante Alighieri es dedicado a los falsificadores. Es uno de los círculos del infierno donde se puede encontrar una de las simbologías más fuertes en cuanto a los vicios humanos. El pintor William-Adolphe Bouguereau nos muestra una versión realista de la creación del poeta Alighieri, en la cual el alquimista Capocchio es mordido ferozmente en la garganta por Gianni Schicchi mientras trata de repelerlo jalándole el pelo. Una escena de un Mercal cualquiera cuando llega un producto presumido extinto. No obstante, los esfuerzos son inútiles porque Schicchi tiene todos los dientes profundamente hundidos en la garganta de Capocchio mientras lo ataca rompiéndole la espalda con una rodilla, le rasguña el costillar derecho y le toma el brazo con su mano derecha. Capocchio no tiene otra opción que dejarse devorar el cuello. Virgilio y Dante miran con horror. Al fondo, un demonio se cruza de brazos y sonríe. A lo lejos, se puede ver la tragedia de los que caen en ese lugar entre grietas de lo que vislumbra como fuego. Es tal la desesperación que a cualquiera se le agua el guarapo.
Ese es el destino de los falsificadores y, entre ellos, de los falsificadores de la palabra. Es decir, los embusteros. Tan cierta es esta aseveración que Dante les guarda una que otra línea y así es como conocemos que, entre otros, Sinón se encuentra allí, padeciendo fiebres eternamente, luego de haber engañado a los troyanos y convencerlos de aceptar el Caballo de Troya para así proporcionarles su muerte y destrucción.
Quizás algunos se sientan ofendidos, pero les aseguro que los falsificadores de la palabra conocidos y evidentes son los del gobierno, aquellos que persiguen a los médicos por informar de una crisis de salud en el país. Siéntanse aludidos ustedes, los que le mienten al venezolano y hacen de la salud pública un debate político vergonzoso. Ahora bien, no es que les desee el infierno, pero quizá sí una rodilla de Schicchi, porque la desinformación es letal cuando de pestes se trata, por no hablar de los derechos constitucionales que es notorio que nada les importa. Pero, ¿qué podemos hacer? El monopolio informático lo aseguró el gobierno y solo queda el mercado negro de las redes sociales. La enfermedad solo existirá cuando el gobierno decida que exista.
Decir la verdad en Venezuela es un acto de terrorismo, o eso pretenden que entendamos. Esa quizá sea la única verdad que explícitamente el gobierno admite, porque no se puede esconder que la peste emana de Miraflores y así las palabras de Dante: Una mintió a Josefo y su marido/ otro es Sinón en Troya mal famado:/ y es su vapor, su aliento corrompido. Y qué corrompido está el aliento del presidente y sus allegados que sufren las fiebres y los delirios de ideologías resecadas. Construyen utopías tan maltrechas que solo provoca sino invocar a Jorge Luis Borges para explicar a Maduro: hecho de polvo y tiempo, el hombre dura menos que la liviana melodía que solo es tiempo. Y solo falta tiempo para comprobar que en socialismo cuando el gobierno falla, todo falla. Así a cualquiera se le agua el guarapo.
Mientras tanto, Virgilio y Dante miran con horror.
@andresvolpe

@AlekBoyd / INFODIO: How to steal 70 Million dollars in a day: Derwick Associates Style



    There are many things we still don't know about Derwick Associates, but there's one we do know: Alejandro Betancourt (left), Pedro Trebbau and Jeff Canon (right) swindled -at the very least- $70 million USD from the Venezuelan State.


Do readers remember Adam Kaufmann? Former New York's District Attorney's Office über prosecutor cum Derwick Associates lawyer, who went on the record, on the Wall Street Journal no less, saying "We are a transparent company and have nothing to hide"? Well, vindication's a bitch, isn't Adam? As it turns, someone has leaked documents straight from within Derwick Associates' office in Caracas, and what do we find about this "transparent company"? We find a $277 million purchase order from BARIVEN (a PDVSA subsidiary), addressed to Pedro Trebbau (one of Derwick Associates main execs) for a bunch of turbines. We also find a $207 million "Equipment Purchase Agreement" between Alejandro Betancourt (another of Derwick Associates execs) and Jeff Canon from Energy Parts Solution (a division of ProEnergy Services). What else do we find? We find that both documents refer to the same equipment and have the same date: December 30, 2009. Which means, in Kaufmann's own words, it is "transparent" that in concurrent transactions that took place the same day Derwick Associates stole $70 million from BARIVEN. Take it away Adam, all the way to discovery mate!


UPDATE: in my inbox this morning a link to an article (in Spanish) about another $66 million deal between Jeff Canon's Energy Parts Solution and CORPOELEC, where it is laid out, transparently, how Canon's company paid $9.3 million worth of commissions to Omar Petit ($1.3 million) and Khaled ($8 million). Long time readers of my blogs perhaps will remember who that Khaled may be. But the interesting point is the booking of that bribe payment in the pricing summary provided by Canon's Energy Parts Solution (see below). How will Jeff Canon justify / explain to U.S. authorities currently probing his ProEnergy company those payments? Furthermore, if evidence of payment of bribes has already emerged in a different deal, who is to believe that Canon, and/or Betancourt, and/or Trebbau, and/or Francisco D'Agostino, and/or some other associate in their stead, did not incur in exactly the same practice of paying bribes to Venezuelan officials to get contracts without bidding? Derwick claims in its defense in various lawsuits that all contracting done with the Venezuelan State was above board, open, public and legitimate, despite the fact that there is no evidence to support that claim anywhere. Derwick could have well been contracted under special circumstances (emergency decree), which allow officials to grant contracts directly, without much ado. But if that was the case, the question -considering Derwick's absolute lack of a verifiable track record- is: if not through nepotism and bribe payment, how come 12 contracts worth billions were granted to them directly?