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miércoles, 3 de diciembre de 2014

Venezuela: ley natural y gobiernos contra natura, por @AndrésVolpe

Murray N. Rothbard aborda uno de los temas más importantes de la libertad en su obra La ética de la libertad, la cual discute en sus primeros capítulos la naturaleza del hombre, la ley natural y su conflicto con la ley positiva, es decir, la ley que emana de las instituciones del Estado. Así pasa a citar las palabras de Hannah Arendt para mostrar la crítica principal hacia la noción de naturaleza humana, la cual consiste en argumentar que el concepto de naturaleza humana es una noción teológica y por ende “debe renunciarse a [ella] en todo debate científico”[1].
No obstante, Rothbard, sabiamente, se acoge a la tradición tomista, apoyada por Grocio, la cual confía en que existe una naturaleza del hombre que puede ser descubierta por medio de la recta razón, la cual puede elaborar una ley natural universal que satisfaga los requerimientos objetivos de la vida del hombre en la tierra. Tomás de Aquino le da preponderancia a la razón como instrumento del hombre para diferenciarse en el reino animal e incluso excluirse de él. Por ende, precisamente por medio de la razón, nuestra capacidad diferenciadora frente al comportamiento meramente instintivo, es que el hombre puede descubrir una conducta y un fin “conscientemente percibido”[2]
Del mismo modo, si la razón es el instrumento que constituye al hombre y define su naturaleza, lo mismo “puede ser utilizada por todos los hombres para extraer verdades acerca del mundo”[3]. Es por medio de la comprensión de estas verdades que se compone la ley natural, aquella que obedece a la naturaleza del hombre y es juzgada de acuerdo con lo que es bueno o malo para esta naturaleza comprensible por medio de la razón. La ley natural obedecería de esto modo a una ética objetiva universal, ya que las necesidades reales que impulsan la acción humana son comunes para todos los hombres y se fundamentan en valores comprensibles naturalmente por el género.
La ley natural, en consecuencia, obedece a la naturaleza común y universal de los hombres y es originaria de derechos naturales que están sujetos y son inherentes a la condición humana.
Aquí radica el punto más importante y el aporte más sustancial de Rothbard en el debate: “La ley [natural] es un poderoso motor de cambio radical”[4]. Él establece que la ley natural, haciendo uso de la razón, siempre será una amenaza para el pretendido dominio de tradiciones ciegas o de gobiernos autoritarios, ya que, mientras estas siempre buscan subyugar la naturaleza humana a designios que contraríen los derechos naturales, la ley natural siempre será el ordenamiento ajustado a la ética objetiva para denunciar los intentos que busquen destruir al individuo y sus derechos naturales.
La concepción de los derechos naturales en contraposición con la ley positiva del Estado se la debemos a John Locke, ya que el filósofo no consideraba al Estado como el portador y originador de la moral política y de las acciones virtuosas. Por el contrario, John Locke defiende que el individuo es “unidad de acción, […] ente que piensa, siente, elige y actúa”[5], por lo tanto, capaz de discernir por medio de la razón su propio bien, es decir, defiende la tradición individualista que ve al individuo como fin en sí mismo y no como accesorio al Estado.
Quizás el único momento donde se ha plasmado y aplicado consecuentemente la teoría de los derechos naturales ha sido en la revolución norteamericana, por medio de la influencia del pensamiento de John Locke. Los trece Estados Unidos de América escriben en su declaración:
“Sostenemos como evidentes por sí mismas dichas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados; que cuando quiera que una forma de gobierno se vuelva destructora de estos principios, el pueblo tiene derecho de reformarla o abolirla, e instituir un nuevo gobierno que base sus cimientos en dichos principios, y que organice sus poderes en forma tal que a ellos les parezca más probable que genere su seguridad y felicidad”.
Allí se puede observar 1) que los derechos naturales son el derecho a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad, 2) la igualdad de todos los hombres y, por lo tanto, iguales portadores de los derechos mencionados, 3) la sumisión del Estado frente al individuo, y 4) el poder del individuo de reformar o abolir el gobierno que viole los derechos naturales.
Incluso, puede irse más allá y afirmar que estos derechos naturales son inalienables aun cuando democráticamente se decida suprimirlos o condicionarlos de alguna manera que afecte al individuo, ya que las mayorías por sí mismas no son legitimadoras de acciones contra estos derechos.
Esto nos lleva al caso actual de Venezuela, ya que, tomando todo esto como indubitable, el gobierno venezolano actúa contra los derechos naturales y esto ha quedado demostrado ciertamente por sus recurrentes acciones en contra del individuo. Por ende, al violar los derechos naturales del hombre, podemos afirmar que el gobierno venezolano es contra natura y frente a todos los hombres, e incluso ante Dios, para los que apoyen el argumento teológico, ilegítimo aun cuando haya sido votado democráticamente por una mayoría. Hay que tener en cuenta, y este punto es sumamente importante, que la elección democrática de un gobierno no es licencia para este de actuar arbitrariamente y alejado de la ley. La legitimidad de un gobierno se evalúa por medio del procedimiento como fue transferido el poder de los individuos para ser representados por este y, luego, por la actuación y resultados del gobierno una vez instituido. Así pues, y debe volverse a repetir, el gobierno venezolano es contra natura e ilegítimo ante Dios y los hombres.
Al mismo tiempo, se puede afirmar que el gobierno venezolano es el clásico ejemplo del enfrentamiento entre la ley positiva y la ley natural, ya que el ordenamiento jurídico venezolano en su aplicación contradice y desobedece la naturaleza humana y los derechos que devienen de ella. 
En razón de ello, es vital que el concepto de naturaleza humana, ley natural y derechos naturales estén muy claros para el individuo, y en particular para los venezolanos, porque, como establece Rothbard, ellos son poderosos motores de cambio radical e instrumentos importantes contra las actitudes autoritarias del Estado. Ellos permiten que el individuo se levante, contradiga y cambie los gobiernos que buscan destruir su naturaleza. Tomar conciencia de los derechos naturales y aceptarlos como un ordenamiento superior y en conflicto con el ordenamiento positivo garantiza la fuerza persistente del ser humano para el cambio y bien es cierto que Venezuela necesita un cambio con urgencia.


[1]Rothbard, Murray (2009): La ética de la libertad. Unión Editorial, Madrid, p. 27.
[2]Copleston, Frederick (1995): Aquinas. PenguinBooks, London, p. 204.
[3]Rothbard, Murray (2009): La ética de la libertad. Unión Editorial, Madrid, p. 36 – 37.
[4]Rothbard, Murray (2009): La ética de la libertad. Unión Editorial, Madrid, p. 48.
[5]Rothbard, Murray (2009): La ética de la libertad. Unión Editorial, Madrid, p. 49.

sábado, 1 de noviembre de 2014

Las cadenas latinoamericanas, por @AndresVolpe

Democracy and socialism have nothing in common but one word, equality. But notice the difference: while democracy seeks equality in liberty, socialism seeks equality in restraint and servitude.
Alexis de Tocqueville


El éxito de los regímenes populistas de América Latina ha sido el de banalizar la democracia. Pocos son los latinoamericanos que confían en la democracia como un sistema de organización política y social que garantice el mejoramiento de la condición humana. Ya que, aunque suene inverosímil, el individuo latinoamericano escoge el socialismo, porque este le promete sacarlo de la pobreza o, por lo menos, castigar a los que no viven en ella. En otras palabras, el socialismo promete los medios para perpetrar la venganza de, los que ellos llaman, las clases desposeídas. El latinoamericano escoge el socialismo democráticamente, porque este le promete progreso o, al menos, le promete una desvirtuada justicia que proviene del odio social. Esta es la tentación socialista.
Ahora bien, el “progreso social” que propone el socialismo en América Latina se hace en detrimento del individuo y sus libertades, y en favorecimiento de la idea del colectivo como fin en sí mismo. La unidad social primigenia para el socialista latinoamericano no es el individuo, sino la masa. Esto lleva a que la democracia no sea la suma de voluntades individuales para la delegación de poder. Por el contrario, la democracia se convierte en el arte de falsamente empoderar a las masas que se creen sin poder para, precisamente, destruir las instituciones democráticas y dar paso a sistemas totalitarios cubiertos bajo el manto de la justicia social.
La justicia social es la falsa justicia que dispensan los regímenes totalitarios en nombre del colectivo. Bajo la justicia social se violan los derechos de propiedad, los derechos humanos, el Estado de Derecho, la libertad de expresión y demás instituciones legales que, bajo el argumento de macilentas, perpetradoras de injusticias e ineficientemente burocráticas, son despreciadas por los populistas latinoamericanos que buscan el “progreso social” mediante soluciones inmediatistas.
Principalmente, la banalización de la democracia por parte de los socialistas latinoamericanos se concreta mediante una sola acción originaria que abre paso a las demás acciones. Esta acción originaria es la de reducir a la democracia a un simple mecanismo de legitimación, ya que los regímenes socialistas latinoamericanos se escudan incansablemente en el hecho de haber sido elegidos popularmente, mientras, al menos en el caso de Venezuela, cometen crímenes contra la ciudadanía y perpetúan la miseria. Particularmente en Venezuela, se puede argumentar que el socialismo se fortaleció a través del falso discurso reivindicador de la dignidad de los pobres y a través de la promesa de venganza que emana del odio social entre clases. No obstante, en un sentido más amplio que abarque a toda la América Latina, los socialistas han convertido la democracia en una hipocresía y, al banalizarla, la vacían de toda razón de ser, lo que conlleva a que las sociedades la descarten como una forma defectuosa de organización política y social.
Esta ha sido la gran mentira del socialismo latinoamericano que, bajo la pretensión de ser democráticos, han destruido las instituciones que esta promueve y protege. Han querido quitarle al latinoamericano, mediante la idea de progreso social, los derechos que la humanidad ha conseguido durante siglos de lucha y evolución política.

Ellos son los que han vuelto a encadenar al individuo.

domingo, 19 de octubre de 2014

El perfecto revolucionario venezolano, por @AndresVolpe

“What has always made the state a hell on earth has been precisely that man has tried to make it his heaven”. 
Friedrich Hölderlin

El perfecto venezolano revolucionario es aquel organismo perteneciente a la masa que busca el fortalecimiento del Estado para que en él se centralice la planificación y organización de la sociedad. Quieren a Venezuela como un Estado grande y paternalista que nos diga qué hacer y cómo hacerlo, porque dicen que el Estado es un fin en sí mismo y se intercambia fácilmente el nombre de país por Estado, pero Venezuela no es el verbo de ellos y a ellos no pertenece el derecho de definir nuestros conceptos. El pueblo es pueblo sin importar la formación de instituciones políticas y de cómo son tratadas estas por los políticos que se olvidan de que están a su servicio y a ella todo deben. Venezuela no es socialismo y mucho menos criminal.
Gran desaliento deben sentir los perfectos venezolanos revolucionarios que han visto desaparecer al Estado institucionalizado dándole paso a un Estado criminal que asesina a los otros y a los suyos, dependiendo del caudillito que caiga en desgracia. El Estado de Venezuela ha desaparecido con república y democracia porque a mandarria han impuesto una anarquía de descontrol y violencia que ya el presidente no controla, porque él es uno de los menos entre los muchos, atrayendo poco respeto y mucha burla con sus desaciertos verbales y desesperaciones públicas. El gobierno revolucionario ha destruido al Estado que empezó el siglo pasado. Tanto mal han hecho que se desmorona la imagen del Estado fuerte y el gobierno revolucionario con guáramo, y los socialistas caen en desasosiego, ya que sin Estado están perdidos como hijos bastardos sin padre que les lleve la compota a la boca.
El socialismo en Venezuela es ahora sinónimo de barbarismo y de aquellos que se empeñan en destruir bajo la mal famada bandera de lo social, porque es con su arrogancia de reivindicadores del desposeído que han engañado y utilizado a los más necesitados. La tragedia de los pueblos ignorantes, que creen siempre depender de la dádiva del Estado, es que son propensos a la esclavitud y al servilismo que el socialismo impone como condición. El socialismo solo ha sido un modelo más para oprimir y violentar al venezolano que todavía no endereza la espalda.

Así, el perfecto venezolano revolucionario es ignorante, ya que, como diría uno de sus héroes desvirtuados, son instrumento ciego de su propia destrucción. Seguirán aplaudiendo los desmanes del crimen organizado estatal pretendiendo llamarlo socialismo, porque bozal de arepa tienen para rato mientras el país se acerca certeramente a su deceso. Ellos son el hombre nuevo, aquél que Hugo Chávez tanto se esforzó en construir y darle a la patria, los que aplauden, los que adulan, los que ríen la desgracia, los que aceptan la miseria, los que venden su libertad. Ellos son el perfecto venezolano revolucionario

viernes, 10 de octubre de 2014

El asesinato de Robert Serra, por @AndresVolpe

“La oposición parece unos carritos chocones, todos se dan contra todos”.
Robert Serra

“Este mundo de odios […] había de estallar con tal violencia que, cuando la Independencia rompe el orden secular, de los 825.000 habitantes que tenía Venezuela para aquel momento, perecen más de 200.000, y no por la acción bélica en sí, sino como efecto de una criminalidad espantable como no hay antecedentes ni en los mismos pueblos vecinos”.
Así reza el prólogo a la edición española de la obra de Francisco Herrera Luque En la casa del pez que escupe el agua, en su edición publicada por Alfaguara. Es una visión escalofriante, ya que las muertes no fueron causadas directamente por el combate de la liberación del territorio nacional, sino por los efectos de la criminalidad. Un fenómeno que ocurría en los tiempos más heroicos de la historia venezolana, cuando se presume que existía virtud cívica y del cual los venezolanos nos vanagloriamos sin miramientos. La cifra pone bajo juicio la glorificación del espíritu histórico independentista y lo reduce tan solo a unos cuantos individuos que lucharon por la causa justa, mientras acusa a una gran mayoría de criminales.
De ser aquello cierto, ¿qué podemos decir del presente?
El diputado Robert Serra por el PSUV ha sido asesinado el miércoles, 1° de octubre. El hecho ha despertado el horror y la denuncia por parte del gobierno, ya que es considerado un acto vil, cruel, monstruoso e inhumano. Seguidamente, se han activado los debidos organismos y mecanismos del Estado para dar con los culpables y así reclamar nuevamente el monopolio de la violencia y ejercer justicia.
Pero, ¿qué ocurrirá con las otras 38 personas promedio que fueron asesinadas ese mismo día, de acuerdo con cifras publicadas por diversos medios nacionales?
En un artículo publicado por otro periódico nacional, el 4 de mayo de 2014, se confirman 4.680 homicidios en los primeros 4 meses del año. No obstante, estas cifras no brindan una fiel representación de la realidad, ya que fueron obtenidas de manera extraoficial. Es decir, nadie sabrá sobre la totalidad de muertes anónimas que ni siquiera obtienen la dignidad de ser registradas y cuantificadas. En su mayoría, la muerte del venezolano es una muerte anónima.
Por ende, si el gobierno entiende de dolor y de indignación ante tan vil acción, el asesinato diario de venezolanos debe ser tomado con tanta seriedad y horror como el asesinato del diputado Robert Serra. Ya que resulta inaudito que la muerte diaria no es misterio ni es dolorosa para el gobierno, pero cuando es asesinado un diputado por el PSUV es misterio y es dolorosa y el Estado entero se indigna y da caza feroz a los asesinos y se hacen declaraciones de dolor.
La muerte es quizás el fenómeno más igualitario para el ser humano, porque al morir la piel se pudre de igual manera sin importar cargo, rango e inclinación política. No obstante, el asesino sí hace diferencia y escoge a sus víctimas. Allí resta entonces la acusación para el gobierno, ya que su política de fomentar la violencia en el país es la causa del asesinato del diputado Robert Serra y los demás 38 asesinados en promedio ese mismo día.
La muerte anónima es la más dolorosa, porque se sufre en silencio. Esa es la muerte que la mayoría de las familias venezolanas padecen y lloran.
Es momento de exhortar al gobierno para que empiece a realizar políticas públicas eficaces para la eliminación de la violencia en el país y quizás así puedan verdaderamente honrar la muerte de su compañero camarada diputado Robert Serra.

@andresvolpe

jueves, 2 de octubre de 2014

El gobierno y los falsificadores de esperanza, por @AndresVolpe

asciate ogni speranza, voi ch'entrate.
Dante Alighieri 
El Canto Trigésimo del Infierno de Dante Alighieri es dedicado a los falsificadores. Es uno de los círculos del infierno donde se puede encontrar una de las simbologías más fuertes en cuanto a los vicios humanos. El pintor William-Adolphe Bouguereau nos muestra una versión realista de la creación del poeta Alighieri, en la cual el alquimista Capocchio es mordido ferozmente en la garganta por Gianni Schicchi mientras trata de repelerlo jalándole el pelo. Una escena de un Mercal cualquiera cuando llega un producto presumido extinto. No obstante, los esfuerzos son inútiles porque Schicchi tiene todos los dientes profundamente hundidos en la garganta de Capocchio mientras lo ataca rompiéndole la espalda con una rodilla, le rasguña el costillar derecho y le toma el brazo con su mano derecha. Capocchio no tiene otra opción que dejarse devorar el cuello. Virgilio y Dante miran con horror. Al fondo, un demonio se cruza de brazos y sonríe. A lo lejos, se puede ver la tragedia de los que caen en ese lugar entre grietas de lo que vislumbra como fuego. Es tal la desesperación que a cualquiera se le agua el guarapo.
Ese es el destino de los falsificadores y, entre ellos, de los falsificadores de la palabra. Es decir, los embusteros. Tan cierta es esta aseveración que Dante les guarda una que otra línea y así es como conocemos que, entre otros, Sinón se encuentra allí, padeciendo fiebres eternamente, luego de haber engañado a los troyanos y convencerlos de aceptar el Caballo de Troya para así proporcionarles su muerte y destrucción.
Quizás algunos se sientan ofendidos, pero les aseguro que los falsificadores de la palabra conocidos y evidentes son los del gobierno, aquellos que persiguen a los médicos por informar de una crisis de salud en el país. Siéntanse aludidos ustedes, los que le mienten al venezolano y hacen de la salud pública un debate político vergonzoso. Ahora bien, no es que les desee el infierno, pero quizá sí una rodilla de Schicchi, porque la desinformación es letal cuando de pestes se trata, por no hablar de los derechos constitucionales que es notorio que nada les importa. Pero, ¿qué podemos hacer? El monopolio informático lo aseguró el gobierno y solo queda el mercado negro de las redes sociales. La enfermedad solo existirá cuando el gobierno decida que exista.
Decir la verdad en Venezuela es un acto de terrorismo, o eso pretenden que entendamos. Esa quizá sea la única verdad que explícitamente el gobierno admite, porque no se puede esconder que la peste emana de Miraflores y así las palabras de Dante: Una mintió a Josefo y su marido/ otro es Sinón en Troya mal famado:/ y es su vapor, su aliento corrompido. Y qué corrompido está el aliento del presidente y sus allegados que sufren las fiebres y los delirios de ideologías resecadas. Construyen utopías tan maltrechas que solo provoca sino invocar a Jorge Luis Borges para explicar a Maduro: hecho de polvo y tiempo, el hombre dura menos que la liviana melodía que solo es tiempo. Y solo falta tiempo para comprobar que en socialismo cuando el gobierno falla, todo falla. Así a cualquiera se le agua el guarapo.
Mientras tanto, Virgilio y Dante miran con horror.
@andresvolpe

viernes, 5 de septiembre de 2014

La identidad nacional, por @andresvolpe

“We know what we are, but not what we may be.”
William Shakespeare




Los costos de las utopías se cuantifican por medio de las preguntas condenatorias. Estas preguntas son aquellas que obligan a los hombres a tomar la decisión de enfrentarlas o evitarlas, siempre bajo el peso cierto de la responsabilidad que ello implica. Son aquellas preguntas que van dirigidas a nuestra existencia misma, cuestionándola, condicionándola a dar respuestas, pero inevitablemente nunca susceptible de discernimiento absoluto debido a su naturaleza misma de fronteras inquebrantables entre lo humano y lo divino, entre lo absoluto y lo mortal. Son las cadenas de estas preguntas las que nos mantienen con su peso muerto en tierra y nos inventan y nos destruyen, nos elevan y nos hunden. Isaiah Berlin, en su ensayo The Hedgehog and the Fox sobre la teoría de la historia de Tolstoi, las enumera como las clásicas interrogantes de: ¿Qué se debe hacer? ¿Cómo debemos vivir? ¿Por qué estamos aquí? ¿Qué debemos ser y hacer? Es a través de los intentos de dar respuesta a estas preguntas que se crean las utopías políticas. Cometemos los errores de querer estrechar la humanidad para adaptarla a la dictadura de la lógica y el razonamiento puro y sin límites de los planificadores sociales y los científicos, empeñados en explicar lo inexplicable con sus actitudes programáticas e imposiciones de un “deber ser”. 

El venezolano se encuentra en constante relación con las preguntas condenatorias ya que este es aplastado constantemente por el realismo de su existencia. El venezolano está enfermo de realismo porque su vida bajo el régimen así se lo impone. Ahora bien, resulta difícil definir qué debe ser y hacer el venezolano, ya que su identidad es un concepto complejo que, debido a la coyuntura histórica presente, se encuentra en redefinición constante y dividido en cuanto a vértices políticos. El drama de la identidad venezolana está basado en el hecho de que el concepto de identidad no es independiente para su definición, ya que está condicionado y necesita de la identidad política. Es decir, el individuo y su definición no existen por sí mismo, sino por medio de conceptos políticos absolutamente contradictorios entre sí. 

No obstante, el concepto de ser venezolano es históricamente un concepto eminentemente político. John Lynch, profesor de historia latinoamericana en la Universidad de Londres, enuncia en su obra The Spanish American Revolutions 1808-1826 que la independencia fue la culminación de un largo proceso por parte de los criollos de tomar conciencia de sí mismos, de su cultura, de su poder económico, y de su propia identidad. No en vano cita a Alexander von Humboldt: “Los criollos prefieren ser llamados americanos. Desde la paz de Versalles, y en particular desde 1789, frecuentemente se les escucha declarar con orgullo, ‘Yo no soy español, yo soy americano’, palabras que revelan los síntomas de un largo resentimiento”. 

Por ello, Bolívar remata y para siempre declara que el venezolano es eminentemente republicano y liberal. No obstante, fue y siempre ha sido un concepto frágil, en definición, y esto se corrobora en el temor más profundo de Bolívar en el Discurso de Angostura. Bolívar no confiaba en el venezolano recién liberado porque no era suficientemente consciente de sí mismo, y pide que este sea creado por medio de las correctas leyes e incentivos:

La esclavitud es la hija de las tinieblas; un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción; la ambición, la intriga, abusan de la credulidad y de la inexperiencia, de hombres ajenos de todo conocimiento político, económico o civil; adoptan como realidades las que son puras ilusiones; toman la licencia por la libertad; la traición por el patriotismo; la venganza por la justicia. […] Un pueblo pervertido si alcanza su libertad, muy pronto vuelve a perderla […] Así, legisladores, vuestra empresa es tanto más ímproba cuanto que tenéis que constituir a hombres pervertidos por las ilusiones del error, y por incentivos nocivos

Pero la identidad nacional no es un concepto que se decreta por medio de leyes ni por la voluntad misma de una Asamblea Nacional; siempre será un proceso político-social que debe evolucionar a través del tiempo. 

Chávez hizo esfuerzos por redefinir el concepto de ser venezolano con su revolución. Por ello habló tanto del hombre nuevo, de aquel hombre socialista que debía surgir del mentado socialismo del siglo XXI. No obstante, el régimen ha destruido y transformado tanto al país que existen actualmente dos conceptos de identidad nacional irreconciliables. Ahora bien, uno es el que proviene de la larga evolución histórica del concepto bolivariano del venezolano como hombre republicano y liberal. El otro concepto es el artificialmente creado por la revolución chavista del venezolano como hombre socialista en servidumbre al Estado. 

Quizás por ello hoy en día ser venezolano es un acto individualísimo que incluso demanda un acto de rebelión contra el presente y contra el régimen que busca imponer una versión miserable del concepto. Hoy por hoy, ser venezolano es ser rebelde, aferrándose a los principios liberales y republicanos que otrora nos distinguieran de aquellos que se arrastraban bajo el peso de los que llevaban coronas, y que hoy nos distinguen de los que hoy se arrastran bajo el peso del Estado. 

@andresvolpe

sábado, 23 de agosto de 2014

Cirene, por @AndresVolpe

A veces vengo en las noches
y me quedo a dormir
en la tumba de mi comandante [Hugo Chávez]
Nicolás Maduro.


Son pocas las veces en las cuales el lector se encuentra con un texto que le revela la clave de la identidad propia y la identidad de un país. Procura el lector no caer en el vacío infinito de la felicidad del descubrimiento y las letras toman cuerpo cierto y se puede ver entonces un atisbo de la eternidad. La comprensión histórica es derrotar la ignorancia.
Enrique Bernardo Núñez, escritor caraqueño, escribe la Galera de Tiberio en 1932. Allí escribe sobre una ciudad llamada Cirene:
 “No es aquella Cirene que pidió una Constitución a Platón, el cual no quiso dársela juzgándola demasiado corrompida. …Los cireneses eran felices.  Vivían entregados al culto de sí mismos y al de sus héroes que habían dilatado su fama en guerras con los estados vecinos. Hubo, sin embargo, uno entre ellos al cual proclamaron el hombre más grande de la tierra. A divulgar esa gloria dirigieron sus esfuerzos”.
No habrá que entretener mucho más al lector, citando la obra impecable, porque de inmediato cualquier venezolano se encuentra con que su identidad ha sido ya descrita. Quizás hoy en día la analogía menos inmediata sea con la figura de Bolívar, ya que el gobierno actual se empeña en propulsar otro héroe y colocarlo en el imaginario histórico como el hombre más grande de la tierra. No obstante, una porción mucho más extensa de la Galera de Tiberio es citada por el historiador Germán Carrera Damas para luego pasar a desarrollar su tesis extraordinaria de Bolívar como unidad nacional, como factor de gobierno y como factor de superación nacional. El culto al héroe de las guerras de la independencia construye a la república; el héroe eterno posteriormente para muchos, pero también uno de los políticos autoritarios más odiado para otros en su momento histórico sirve de piedra angular para la identidad nueva de un pueblo.
Gabriel García Márquez resaltó la complejidad de la relación que existe entre el mito del héroe y nosotros, los que lo hemos heredado. En su obra El general en su laberinto se puede apreciar la conflictividad entre la alabanza y el reproche. Para un venezolano es una obra difícil de digerir ya que se observa con dolor la degradación y la enfermedad de Bolívar mientras al mismo tiempo García Márquez nos obliga a lidiar con sus defectos políticos y míticos, a tal punto que hace cuestionarnos el concepto de identidad nacional en voz del General:
“La vaina es que dejamos de ser españoles y luego hemos ido de aquí para allá, en países que cambian tanto de nombres y de gobiernos de un día para el otro, que ya no sabemos ni de dónde carajos somos”.
Sin embargo, al final, todo venezolano es un cirenés que se esfuerza en la divulgación de las glorias del héroe y extrae de él su concepto de identidad nacional, porque antes de él nada y solo después de él todo. Lo venezolano existe inexorablemente anclado a la historia individual de un hombre. Allí la fuente de toda crisis de identidad nacional e individual.  Bolívar tuvo que habernos liberado de sí mismo.
Al no habernos liberado de sí mismo, Bolívar asentó las bases para nuestra cultura política, la cual está afincada en los cultos a la personalidad de los caudillos con preferencia al poder de hecho frente al poder institucionalizado. La república estaba condenada desde su mismo nacimiento.
“Concluyeron, al fin, por hacer de su héroe un dios a quien rendían el culto más ferviente. Los oscuros tiranos que se sucedieron en Cirene permitían ese culto y lo favorecían. Encontraban así un medio seguro de hacerse perdonar sus latrocinios. Para los cireneses era tolerable la pérdida de sus derechos, de sus bienes, de la vida misma, todo, menos ceder un grano de incienso de sus altares. …La nación no prosperaba, pero las ciudades estaban satisfechas. …La misión de Cirene era permanecer inmóvil, vuelta hacia aquel resplandor que divisaba a su espalda como un astro sin ocaso. Y si en el mundo se oía alguna vez la voz de Cirene era para gritar aquel nombre eterno”.
Venezuela se encuentra hoy en día inmóvil frente al progreso histórico ya que el gobierno autoritario, basado nuevamente en el culto a la personalidad, le niega deslastrarse del culto. Chávez, siguiendo la naturaleza más íntima del venezolano, supo anclar el progreso histórico a su figura, por ende obligando todo proceder político a ajustarse a los lineamientos de su culto: Para los cireneses era tolerable la pérdida de sus derechos, de sus bienes, de la vida misma, todo, menos ceder un grano de incienso de sus altares.
La diferencia está en que el culto de Chávez nunca fue construido a partir de una liberación del individuo e independencia de la nación, sino siempre con el objetivo de la sumisión y la dependencia del individuo al Estado. Por eso hoy en día, si se escucha la voz de Cirene, es para gritar en súplica aquel nombre eterno; la esclavitud de la identidad nacional a la figura del héroe. Solo la comprensión histórica liberará a Venezuela del culto y la ignorancia, dándonos una oportunidad cierta hacía la realización de un identidad nacional independiente y separada de un único líder.


@andresvolpe

martes, 29 de julio de 2014

Imperios vacíos y el PSUV, por @andresvolpe

To plunder, to slaughter,

to steal, these things they misname empire

Tacitus.

 

Los nuevos presidentes y los líderes eternos nada son, porque nada valen. Son ellos solo un cuento chino más de los que la memoria no aguanta por falta de algo digno que recordar. Títulos vacíos para poderes vacíos. Entes desechables para reciclar. Así son todos ellos, efímeros cuerpos como Carvajal, el narcosol que solo brilla en Venezuela. Quizás ahora Maduro entienda que la ficción revolucionaria se le acaba en la frontera, ya que los poderes galácticos son delirios de grandeza que solamente hallan eco en los pasillos de Miraflores. Mientan ahora al narcosol libre, aunque en Venezuela todos comparten la misma cárcel. El aislamiento de los trasnochados y la soledad de los dementes. Más rotundo puede ser el vacío de las urnas del PSUV y del imperio que no nace. Imperialismo sin imperios. La ausencia del militante es el sonido más rotundo. Pero el único siempre será uno, el líder eterno que se multiplica, aquel que le ha robado la identidad al venezolano. Los héroes que traicionan y son veneno. ¿Qué es Chávez ahora sino un saco de arena? ¿Cómo no perder la fe? Chávez pone la mejilla y exclama Ingratitude vulgi. Y levantarán ficciones nuevamente y repetirán socialismo y sacrificio, porque hominem experiri multa paupertas iubet. Y así se van pidiendo orden y obediencia para destruir en pro de ideas caídas. ¿Qué es para el Estado el individuo, sino algo que debe ser planificado? ¿Qué es el venezolano para Maduro, sino algo que debe ser pisado? Allí se pierde uno en la incoherencia y la necesidad de ser marcado con un número para estar seguro que uno cuenta como uno y no más ni menos. La presencia de la Guardia Nacional como recordatorio del temor al espíritu. La economía como prueba de la cuenta regresiva. Leopoldo en La Carraca y Miranda en Ramo Verde. El silencio de la MUD como admisión de fracaso. La protesta como recuerdo de resistencia. Venezuela como nostalgia. Venezuela como ausencia de presente. Venezuela como expectativa de futuro.

@andresvolpe

-reproducido con la autorización del autor