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sábado, 23 de agosto de 2014

Cirene, por @AndresVolpe

A veces vengo en las noches
y me quedo a dormir
en la tumba de mi comandante [Hugo Chávez]
Nicolás Maduro.


Son pocas las veces en las cuales el lector se encuentra con un texto que le revela la clave de la identidad propia y la identidad de un país. Procura el lector no caer en el vacío infinito de la felicidad del descubrimiento y las letras toman cuerpo cierto y se puede ver entonces un atisbo de la eternidad. La comprensión histórica es derrotar la ignorancia.
Enrique Bernardo Núñez, escritor caraqueño, escribe la Galera de Tiberio en 1932. Allí escribe sobre una ciudad llamada Cirene:
 “No es aquella Cirene que pidió una Constitución a Platón, el cual no quiso dársela juzgándola demasiado corrompida. …Los cireneses eran felices.  Vivían entregados al culto de sí mismos y al de sus héroes que habían dilatado su fama en guerras con los estados vecinos. Hubo, sin embargo, uno entre ellos al cual proclamaron el hombre más grande de la tierra. A divulgar esa gloria dirigieron sus esfuerzos”.
No habrá que entretener mucho más al lector, citando la obra impecable, porque de inmediato cualquier venezolano se encuentra con que su identidad ha sido ya descrita. Quizás hoy en día la analogía menos inmediata sea con la figura de Bolívar, ya que el gobierno actual se empeña en propulsar otro héroe y colocarlo en el imaginario histórico como el hombre más grande de la tierra. No obstante, una porción mucho más extensa de la Galera de Tiberio es citada por el historiador Germán Carrera Damas para luego pasar a desarrollar su tesis extraordinaria de Bolívar como unidad nacional, como factor de gobierno y como factor de superación nacional. El culto al héroe de las guerras de la independencia construye a la república; el héroe eterno posteriormente para muchos, pero también uno de los políticos autoritarios más odiado para otros en su momento histórico sirve de piedra angular para la identidad nueva de un pueblo.
Gabriel García Márquez resaltó la complejidad de la relación que existe entre el mito del héroe y nosotros, los que lo hemos heredado. En su obra El general en su laberinto se puede apreciar la conflictividad entre la alabanza y el reproche. Para un venezolano es una obra difícil de digerir ya que se observa con dolor la degradación y la enfermedad de Bolívar mientras al mismo tiempo García Márquez nos obliga a lidiar con sus defectos políticos y míticos, a tal punto que hace cuestionarnos el concepto de identidad nacional en voz del General:
“La vaina es que dejamos de ser españoles y luego hemos ido de aquí para allá, en países que cambian tanto de nombres y de gobiernos de un día para el otro, que ya no sabemos ni de dónde carajos somos”.
Sin embargo, al final, todo venezolano es un cirenés que se esfuerza en la divulgación de las glorias del héroe y extrae de él su concepto de identidad nacional, porque antes de él nada y solo después de él todo. Lo venezolano existe inexorablemente anclado a la historia individual de un hombre. Allí la fuente de toda crisis de identidad nacional e individual.  Bolívar tuvo que habernos liberado de sí mismo.
Al no habernos liberado de sí mismo, Bolívar asentó las bases para nuestra cultura política, la cual está afincada en los cultos a la personalidad de los caudillos con preferencia al poder de hecho frente al poder institucionalizado. La república estaba condenada desde su mismo nacimiento.
“Concluyeron, al fin, por hacer de su héroe un dios a quien rendían el culto más ferviente. Los oscuros tiranos que se sucedieron en Cirene permitían ese culto y lo favorecían. Encontraban así un medio seguro de hacerse perdonar sus latrocinios. Para los cireneses era tolerable la pérdida de sus derechos, de sus bienes, de la vida misma, todo, menos ceder un grano de incienso de sus altares. …La nación no prosperaba, pero las ciudades estaban satisfechas. …La misión de Cirene era permanecer inmóvil, vuelta hacia aquel resplandor que divisaba a su espalda como un astro sin ocaso. Y si en el mundo se oía alguna vez la voz de Cirene era para gritar aquel nombre eterno”.
Venezuela se encuentra hoy en día inmóvil frente al progreso histórico ya que el gobierno autoritario, basado nuevamente en el culto a la personalidad, le niega deslastrarse del culto. Chávez, siguiendo la naturaleza más íntima del venezolano, supo anclar el progreso histórico a su figura, por ende obligando todo proceder político a ajustarse a los lineamientos de su culto: Para los cireneses era tolerable la pérdida de sus derechos, de sus bienes, de la vida misma, todo, menos ceder un grano de incienso de sus altares.
La diferencia está en que el culto de Chávez nunca fue construido a partir de una liberación del individuo e independencia de la nación, sino siempre con el objetivo de la sumisión y la dependencia del individuo al Estado. Por eso hoy en día, si se escucha la voz de Cirene, es para gritar en súplica aquel nombre eterno; la esclavitud de la identidad nacional a la figura del héroe. Solo la comprensión histórica liberará a Venezuela del culto y la ignorancia, dándonos una oportunidad cierta hacía la realización de un identidad nacional independiente y separada de un único líder.


@andresvolpe

lunes, 21 de julio de 2014

Salutación al Águila, poema de Rubén Darío


SALUTACION AL AGUILA
(Rubén Darío- Río de Janeiro, 1906)

Poema de Rubén Darío, oda al panamericanismo, que como diría Carlos Rangel en su obra "del buen salvaje al buen revolucionario", no es el panamericanismo en el que pensó Bolivar, ni mucho menos el que pregonan los comunistas continentales que plagan la América.


                                               
"May this grand Union have no end!"
Fontoura Xavier


Bien vengas, mágica Águila de alas enormes y fuertes,
a extender sobre el Sur tu gran sombra continental,
a traer en tus garras, anilladas de rojos brillantes,
una palma de gloria, de color de la inmensa esperanza,
y en tu pico la oliva de una vasta y fecunda paz.

Bien vengas, oh mágica Águila, que amara tanto Walt Whitman,
quien hubiera cantado en esta olímpica jira,
Águila que has llevado tu noble y magnifico símbolo
desde el trono de Júpiter, hasta el gran continente del Norte.

Ciertamente, has estado en las rudas conquistas del orbe.
Ciertamente, has tenido que llevar los antiguos rayos.
Si tus alas abiertas la visión de la paz perpetúan
en tu pico y las uñas esta la necesaria guerra.

Precisión de la fuerza! Majestad adquirida del trueno!
Necesidad de abrirle al gran vientre fecundo a la tierra
para que en ella brote la concreción de oro de la espiga,
y tenga el hombre el pan con que mueve su sangre.

No es humana la paz con que sueñan ilusos profetas,
la actividad eterna hace precisa la lucha,
y desde tu etérea altura, tu contemplas, divina Águila,
la agitación combativa de nuestro globo vibrante.

Es incidencia la historia. Nuestro destino supremo
esta más allá del rumbo que marcan fugaces las épocas
y Palenque y la Atlántida, no son más que momentos soberbios
con que puntúa Dios los versos de su augusto Poema.

Muy bien llegada seas a la tierra pujante y ubérrima
sobre la cual la Cruz del Sur esta, que miro Dante
cuando, siendo Mesías, impuso en su intuición sus bajeles,
que antes que los del sumo Cristóbal supieron nuestro cielo.

¡E, plubirus unum! Gloria, victoria, trabajo!
Tráenos los secretos de las labores del Norte,
y que los hijos nuestros dejen de ser los retores latinos,
y aprendan de los yankis la constancia, el vigor el carácter.

¡Dinos Águila ilustre, la manera de hacer multitudes
que hagan Romas y Grecias con el jugo del mundo presente,
y que, potentes y sobrias, extiendan su luz y su imperio,
y que teniendo el Águila y el Bisonte y el Hierro y el Oro,
tengan un áureo día para darle las gracias a Dios!

Águila, existe el Cóndor. Es tu hermano en las grandes alturas.
Los Andes le conocen y saben que, como tú, mira al Sol.
May this grand Union have no end, dice el poeta.
Puedan ambos juntarse, en plenitud de concordia y esfuerzo.

Águila, que conoces desde Jove hasta Zarathustra
y que tienes en los Estados Unidos monumento, 
que sea tu venida fecunda para estas naciones
que el pabellón admiran constelado de bandas y estrellas.

¡Águila que estuviste en las horas sublimes de Pathmos,
Águila prodigiosa, que te nutres de sol y de azul,
como una cruz viviente, vuela sobre estas naciones,
y comunica al globo la victoria feliz del futuro!

Por algo eres la antigua mensajera jupiterina,
por algo has presenciado cataclismos y luchas de razas,
por algo estas presente en los sueños del Apocalipsis,
por algo eres el ave que han buscado los fuertes imperios. 

¡Salud, Águila! Extensa virtud a tus inmensos revuelos,
reina de los azures, salud! ¡Gloria!, ¡victoria y encanto!
¡Que la Latina América reciba tu mágica influencia
y que renazca nuevo Olimpo, lleno de dioses y de héroes!

¡Adelante, siempre adelante! ¡Excélsior! ¡Vida! ¡Lumbre!
¡Que se cumpla lo prometido en los destinos terrenos,
y que vuestra obra inmensa las aprobaciones recoja
del mirar de los astros, y de lo que Hay mas Allá!