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sábado, 18 de abril de 2015

Los socialistas y su batalla contra el tiempo, por @andresvolpe

La relación que existe entre el tiempo y el socialismo es extraña, por cuanto que el progreso en los órdenes socialistas es inexistente. Debido a esto, el socialismo, sumido en su ferviente morbo por las utopías, condena la idea de progreso y aboga siempre por el retorno del hombre a sus orígenes, quizás culpa de las creencias de Daniel Defoe, Colón, Rousseau y otros más sobre el hombre americano, del buen salvaje. 
¿Cuántos socialistas latinoamericanos hablan con una nostalgia empalagosa sobre la inocencia perdida en América? Este favor hacia el retorno del hombre ingenuo es lo que ha propulsado, en el imaginario de algunos latinoamericanos, la creencia de que la utopía de la izquierda puede ser realizable en los supuestos pueblos pobres de la América Latina. No obstante, nada está más lejos de la verdad, al ver cómo el ciudadano latinoamericano, tras sufrir el experimento reciente del estatismo y el autoritarismo socialista en Cuba y más recientemente en Venezuela, reniega de la idea de retroceder en pro de la idea de ir hacia delante. El latinoamericano pide democracia y progreso, y no estatismo y retroceso.
Allí radica precisamente el problema para los socialistas anacrónicos, porque ellos, aunque  se gasten el dinero que se gasten en ello, jamás podrán contradecir la concepción del tiempo lineal que ha logrado imponer la democracia liberal y el capitalismo. Cualquier persona piensa en el tiempo como la sucesión de acontecimientos. Idealmente, la noción de sucesión de acontecimientos lleva implícita la creencia del mejoramiento de las circunstancias iniciales. Esto, así mismo, conlleva a equiparar el transcurso del tiempo con la idea de progreso. ¿Cuántas personas ven el desmejoramiento de sus circunstancias como un retroceso? ¿Cuántas veces se ha acusado a Nicolás Maduro de liderar una dictadura retrógrada?

Este retroceso, o batalla contra el tiempo lineal, auspiciada por los socialistas puede verse en todos los ámbitos de la realidad. Es así como el retroceso ocurre en el área de los derechos humanos y hasta en la manera de hacer mercado, desde las nociones de la dignidad humana hasta en las maneras en que se sale de viaje. Y, ¿todo por la utopía que Hugo Chávez se metió en la cabeza?
El buen salvaje como idea puramente abstracta es benévola, pero cuando se toma como política de Estado en el siglo XXI es un crimen contra un pueblo, porque reducirlos a salvajes, quitándoles la oportunidad de progresar en el futuro, es precisamente lo que la dictadura de Nicolás está haciendo con la sociedad venezolana. El socialismo ha despojado al venezolano de su esperanza en el futuro, ya que lo ha condenado a vivir en un presente que amenaza con repetirse incansablemente y, peor aún, con empujarlo hacia el pasado y hacerlo sufrir el sufrimiento de desear un progreso que nunca más podrá venir.

@andresvolpe

martes, 10 de marzo de 2015

Nicolás, el monigote de la dictadura, por @andresvolpe


Ya podemos ver a través de las costuras rotas del galáctico cómo el socialismo del siglo XXI funciona. Este modelo no tiene contenido ideológico, pero sí sentido práctico. Es una herramienta de los peores criminales de la historia venezolana para institucionalizar el robo, el saqueo, la desidia y la ignorancia. Ellos han seguido la máxima, seguramente sin conocerla, que una vez dijera el periodista y novelista George Orwell: Uno no establece una dictadura para salvaguardar la revolución; uno hace la revolución para establecer una dictadura. Y es que estos criminales, mal llamados gobierno instituido, son duchos en hacerse los suizos o ponerse el manto de los redentores mientras roban y asesinan.

Mal podríamos haber esperado algo diferente de los socialistas que asesinaron la democracia, porque eso sería como pedirle peras al olmo. Ellos son el refrito de los peores, y por eso es que los cubanos los llevan de la mano. Carecen de inventiva y de creatividad, incluso cuando se trata de mandar. No obstante, ellos ahora se han vuelto una élite poderosa que huele mucho a aristocracia rancia, sosteniéndose sobre los hombros de los hombres esclavizados al Estado. Quizás habría que concederles que su explotación no depende de clases, porque han reventado al país entero sin miramientos ni distinciones. La nueva élite es el peor fantasma que ha recorrido las tierras del país. Han sumido en la miseria a una sociedad entera, mientras ellos buchones miran con Nerón cómo arde Caracas.

Sin embargo, lo que más desconcierta es el dictador que se ha dedicado a ser el hazmerreír del tinglado que han montado. Este pobre hombre es forzado, quizás lo haga a conciencia, a decir y hacer idioteces para entretener al venezolano que nunca deja pasar una buena oportunidad para burlarse del otro. Así va este hombre que sufre de idiocia, de declaración en declaración, de palabrita en palabrita, banalizando la miseria que imparte a diestra y siniestra. Ahora sabemos, sin lugar a dudas o confusiones, que Nicolás Maduro fue escogido para representar el papel de monigote que nadie más quiso, y quizás ni pudiera hacer.

Aquí no se inventa ni se juega con las palabras, porque bastase solo con repasar los acontecimientos del pasado 12 de febrero para sentir el peso de la verdad. El hazmerreír cumplió con su papel ese día al denunciar una vez más los delirios de un golpe que le otorgan la importancia que nadie le ha concedido. Sin embargo, ese mismo día, los verdaderos hombres de machete en mano de esta dictadura se acomodaban un buen guiso con el Sistema Marginal de Divisas, al dar su propio golpe y cantar un 170 que voló más alto que cualquier posible Tucano artillado. 

Ya que la bonanza petrolera es solo un recuerdo de cuando papaíto estaba vivo, los revolucionarios ahora se aseguran la tajada por medio de un sistema cambiario que es solo posible en un modelo tan práctico para la corrupción, como lo es el socialismo del siglo XXI; sin mencionar, por supuesto, la riqueza ilícita del narcotráfico. El colmo de ello es que hay que concederles la inteligencia de ser capaces de sobrevivir en tan precarias circunstancias, ya que, por los momentos, han sabido mantener los cañones de las fuerzas armadas en la dirección opuesta a sus cuerpos. Aunque, quizás no pueda decirse lo mismo del hazmerreír que, de risa en risa, se hunde más en su propio estiércol. 

Cosas veredes que farán fablar las piedras

@andresvolpe