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viernes, 9 de enero de 2015

El islamismo en tiempos de guerra, por @mauriciorojasmr

tomado de ellibero.cl


La brutal expansión del así llamado Estado Islámico en Irak y Siria ha dejado estupefacto al mundo. Nada parecido se había visto desde los tiempos de Stalin, Hitler y Pol Pot, y la amenaza no se circunscribe al Oriente Medio. Las redes del Estado Islámico se extienden muy lejos de las fronteras de los países musulmanes, tal como lo muestra su capacidad de enrolar como combatientes a miles de jóvenes provenientes de Europa Occidental y Estados Unidos. Se trata de una de las manifestaciones más violentas del islamismo o “islam político”, como se autodenomina, y por ello es importante hacer un esfuerzo por entender los fundamentos de esta corriente político-religiosa.


¿Qué es el islamismo?
El islamismo no es más que el fundamentalismo movilizado políticamente en torno a tres objetivos fundamentales. En primer lugar, está el objetivo estratégico de la gran cruzada emprendida ya por Mahoma, a saber, la islamización del mundo, extendiendo la así llamada “Casa del Islam” (Dār al-Islām) hasta absorber completamente ese mundo exterior llamado “Casa de la Guerra” (Dār al-Harb), donde aún reina la ignorancia (jahiliyyah) acerca del mensaje divino transmitido por Mahoma. En segundo lugar, tenemos la islamización plena de las sociedades musulmanas, es decir, su sometimiento integral e irrestricto a la ley islámica, de acuerdo al arquetipo de la umma o “comunidad de los creyentes” instituida por Mahoma en Medina. Esta intención restauradora es la que hace del islamismo un fundamentalismo militante o, en sus variantes yihadistas, un fundamentalismo armado.
A estas dos finalidades, ampliamente reconocidas como características del islamismo, se le suma un tercer gran objetivo, que no es otro que destruir toda interpretación del islam que no sea la propia. Ello explica el carácter de guerra civil musulmana que adopta el islamismo en su versión yihadista. Aquí, simplemente, no hay perdón, y hay que recordar que se trata de una lucha fratricida que, al menos entre sunitas y chiitas, lleva ya más de 1.300 años, es decir, desde la batalla de Kerbala el año 680, aún recordada con gran devoción por los musulmanes chiitas.
La lista de enemigos definida por el Estado Islámico en sus proclamas, por ejemplo aquella instaurando el califato el 29 de junio de 2014, refleja nítidamente estos objetivos. Primero están los rāfidah (chiitas), luego los murtaddīn (apóstatas) y tawāghīt (idólatras o falsos líderes musulmanes), y finalmente las naciones del kufr (pecado), alusión al mundo no islámico donde habitan los kuffār (infieles).
Resumiendo, podemos decir que la lucha islamista –ya sea de raigambre sunita o chiita– tiene un horizonte global, pero su punto de partida son los propios países islámicos que habrían abandonando la pureza del credo original de Mahoma, cayendo nuevamente en aquella jahiliyyah que los caracterizaba antes de la revelación del Corán. Esta es la visión, extraordinariamente influyente, lanzada por Sayyid Qutb (1906-1966; especialmente en su obra Hitos en el camino), el principal teórico de los Hermanos Musulmanes de Egipto. La profesión de fe de los Hermanos Musulmanes es, a su vez, la mejor síntesis posible da las ideas islamistas, cualesquiera que sea su expresión concreta: “Alá es nuestro fin, el Profeta nuestro guía, el Corán nuestra constitución, la yihad nuestro camino y la muerte por Alá nuestro objetivo supremo.”


Utopía islamista y carácter totalizante del islam
La utopía del islamismo es la creación de la ummat al-Islamiyah o comunidad islámica universal regida, de acuerdo a la tradición sunita ampliamente mayoritaria, por un califa o vicario (halifa) del “mensajero de Alá” (rasul Allah, denominación de Mahoma). De allí el título, halifa rasul Allah, adoptado desde el primer sucesor de Mahoma, Abú Bakr, hasta el autoproclamado jefe del Estado Islámico, Abú Bakr al-Baghdadi.
Esta posición es muy distinta de, por ejemplo, la de los Papas católicos (“Vicario de Cristo”) ya que el califa es, simultáneamente, un jefe espiritual, político y militar. Esta diferencia es clave, ya que alude a dos características cardinales que separan al cristianismo del islam y que, a su vez, son vitales para entender la fuerza del mensaje islamista entre muchos musulmanes. En primer lugar, el cristianismo no es fundacionalmente totalizante (si bien tendería a serlo al pasar a ser, en distintos lugares y épocas, una religión de Estado) y por ello no se articula originalmente como una religión que pretenda regir los asuntos de este mundo. “Dad al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios” y “Mi Reino no es de este Mundo” son dos síntesis bíblicas de esta distancia respecto del orden social y político terrenal que no existe en el islam.
Esto hace que para el cristianismo sea posible, sin alterar sus fundamentos últimos, aceptar una sociedad secularizada, mientras que para el islam una sociedad no regida por la ley islámica o sharia es, en principio, inaceptable. También lo es la democracia, ya que ésta se basa en la plena soberanía popular mientras que en el islam la soberanía siempre recae, en último término, en Alá, y los hombres deben limitarse a reconocerla y aplicarla. Los musulmanes pueden tolerar, por razones de hecho, el vivir en sociedades secularizadas y democráticas, pero nunca pueden dejar de aspirar, sin faltar a su fe, a crear una sociedad plenamente islamizada. Esto no implica, sin embargo, que todos deban ser musulmanes, pudiendo existir otras fes monoteístas en calidad “minorías protegidas”, siempre que se sometan a la ley islámica. Al respecto, hay que recordar que de acuerdo al Corán la conversión forzosa al islam no está permitida (“No ha de existir coacción en la religión”, dice la famosa aleya 2:256).
En segundo lugar, a diferencia de Mahoma, Cristo no fue ni pretendió jamás ser un jefe político-militar ni tampoco el creador de un orden social determinado. La figura de Cristo dirigiendo sus ejércitos espada en mano es tan ajena a los evangelios como es natural la figura de Mahoma combatiendo en las célebres batallas de Badr (624) y Uhud (625), donde incluso resulta herido. De esta manera, Mahoma definió mediante sus actos el amplio campo de la yihad (esfuerzo, especialmente en la expresión coránica al-jihad fi sabil Allah, es decir, “esfuerzo en el camino de Alá”), que va desde la lucha espiritual interior (la así llamada “yihad mayor”) a la lucha, pacífica o violenta, contra otros (la “yihad menor”). Esta última puede ser tanto defensiva (proteger los territorios ya incorporados a la “Casa del Islam”) como ofensiva (extender los dominios del islam a nuevas tierras).
En suma, mientras que el cristianismo nació para resistir al mundo o incluso para apartarse de él, el islam lo hizo para conquistarlo y gobernarlo. El cristianismo pretende originalmente divulgar una “buena nueva” (evangelio) espiritual, mientras que la buena nueva del islam trata del conjunto de la sociedad y de un reino que sí es de este mundo.


Raíces históricas del islamismo
Una explicación común sobre la razón de ser del islamismo plantea que éste sería una reacción ante la modernización que se difunde globalmente bajo la influencia occidental. Otros ponen el acento en la amenaza o intromisión político-militar de las potencias occidentales en el mundo musulmán. Este tipo de explicaciones tiene, sin duda, mucho de verdad, pero tiende a olvidar que las primeras reacciones islamistas anteceden en mucho a estos fenómenos y constituyen un rasgo permanente de la historia islámica.
Un breve recorrido por esa historia puede aclarar este punto. La expansión inicial del islam fue extraordinaria y apenas a cien años de la muerte de Mahoma (632) el imperio árabe-musulmán se extendía desde el Indo hasta el Atlántico. Este desarrollo espectacular puso a una sociedad tribal en contacto con grandes culturas, como la helenística, la persa y la hindú. Bajo su atracción, el centro político del imperio islámico basculó rápidamente desde Medina hacia esas zonas más desarrolladas, asentándose primero en Damasco (bajo la dinastía de los Omeyas, 661-750) y luego, bajo los Abasíes, en la recién construida Bagdad en plena Mesopotamia. Esta expansión creó un impulso dentro del islam similar a aquel que tempranamente experimentó el judeocristianismo, es decir, a dejar de ser una religión tribal para convertirse en una religión universal, capaz de difundirse entre otros pueblos e incorporar parte de la rica herencia cultural de los mismos (así, del mestizaje simbólico entre Jerusalén y Atenas, nació el cristianismo).
Esta aspiración más abierta y cosmopolita fue el secreto del momento más esplendoroso de la civilización islámica: los dos primeros siglos del Califato de Bagdad (750-944). Es en ese ambiente que surgen, ya en el siglo VIII, escuelas de pensamiento islámico como los mutazilíes, claramente influenciados por el racionalismo griego y hasta hoy objeto de odio de parte de las corrientes tradicionalistas del islam.
Ahora bien, fue justamente este inicio prometedor el que desencadenó la primera reacción fundamentalista en la historia del islam, en lo que sería una de sus características recurrentes donde los intentos de apertura y mestizaje cultural se ven revertidos por largos períodos de reacción islamista bajo la bandera del retorno “a la pureza de los orígenes”, es decir, al espíritu tribal del primer islam.
Con la desintegración del Califato de Bagdad, ese mundo islámico en que las elites eran fieles al Corán pero leían también las traducciones de los clásicos de la Antigüedad greco-latina, tal como se inspiraban en la cultura jurídico-política de Bizancio y en los sofisticados estilos de vida persas, terminó siendo destruido por el localismo y la reacción popular guiada por los ulemas (“doctores de la religión” y líderes locales). La consecuencia fue el surgimiento de una férrea ortodoxia jurídico-religiosa, basada exclusivamente en el Corán y la Sunna del Profeta (recolección de relatos autentificados de la vida y los dichos de Mahoma o hadices). A partir de ello se fija la ley divina o sharía, que rige toda la vida social, y el islam, especialmente en su versión sunita, pasa a ser una “religión del recuerdo” o la “imitación” (taqlid), que no conoce concepto más aborrecido que el de bid’a o innovación (sinónimo de herejía).


Wahhabismo e islamismo
Durante la larga evolución histórica del islam se dieron nuevos ejemplos, habitualmente en las periferias del mundo islámico, de mestizaje y pluralismo. Fue así como se construyó el esplendor del Califato de Córdoba (929-1031) o del reinado de Akbar en la India (1556-1605). En el caso de la España musulmana, la reacción vino, primero, desde Mauritania y Malí, origen de la expansión Almorávide, y luego se intensificó con los Almohades de origen bereber. En el caso de la India musulmana, fue el emperador Aurangzeb (1658-1707) quien destruyó la notable obra de apertura y sincretismo religioso-cultural de Akbar.
Sin embargo, el caso más extremo y relevante de reacción islamista se da en la propia cuna del islam, la Península Arábiga. Se trata del wahhabismo, también conocido bajo la denominación genérica de salafismo (de salaf o “ancestro”, referido a las primeras tres generaciones de seguidores de Mahoma como modelo ideal de musulmán). Esta es la principal corriente fundamentalista sunita de la que provienen, entre otros, Al Qaida, el Estado Islámico, Boko Haram en Nigeria, Al-Shabaab en Somalia, Al-Nour en Egipto y los talibanes de Afganistán. Deriva su nombre de Muhammad ibn Abdul-Wahhāb (1703-1792), cuyas doctrinas ascéticas fueron una reacción extremadamente virulenta contra lo que interpretaba como una degeneración del islam, particularmente bajo los impulsos místicos del sufismo. Esto lo llevó a predicar la absoluta unidad y centralidad de Alá (al-Taweed), lo que incluso indujo a destruir cúpulas, minaretes y monumentos funerarios, especialmente aquellos asociados con Mahoma y sus compañeros, que pudiesen distraer al creyente del culto único a Alá. Esta obra de destrucción, que el Estado Islámico sigue promoviendo hoy en día, conoció su momento culminante a comienzos en el siglo XIX, cuando las fuerzas saudíes conquistaron La Meca, Medina, Kerbala y Nayaf.
Una de las principales fuentes de inspiración de Ibn Abdul-Wahhāb fue Taqi al-DinIbn Taymiyyah (1263-1328), gran predicador fundamentalista de la yihad militar y el uso de la excomunión (takfir) contra otros musulmanes, que pasaban de esa manera a ser apóstatas. En su caso, los enemigos y “falsos musulmanes” eran los conquistadores mongoles y sus colaboradores, pero su llamado a la yihad contra otros (“falsos”) musulmanes fue retomado de manera genérica por Ibn Abdul-Wahhāb, pasando a constituir la referencia clave de todo el pensamiento salafista hasta nuestros días, tal como lo demuestran, entre otros, Osama bin Laden y los líderes del Estado Islámico.
Tanto el papel histórico de Ibn Abdul-Wahhāb como su importancia actual se fundan en su alianza con un jefe tribal, Muhammad ibn Saud, que adoptó sus doctrinas como base religiosa de sus intentos por unificar Arabia. Los descendientes de ibn Saud fundarían, en 1932, la Arabia Saudita que hoy conocemos y que es la base de un fundamentalismo wahhabí que extiende su influencia dentro y fuera del mundo musulmán con la ayuda de la riqueza petrolera de ese país. No es por ello ninguna casualidad que Osama bin Laden provenga de Arabia Saudita o que muchas de las tribus iraquíes que sostienen el Estado Islámico estén emparentadas con tribus sauditas.

Tiempos de guerra
Vivimos en tiempos de guerra, global, implacable y prolongada, con el islamismo armado o yihadismo. El avance genocida del Estado Islámico y sus ramificaciones internacionales nos han obligado a reconocer esta penosa realidad. El escenario actual de la guerra es el Oriente Medio, pero pronto lo veremos extenderse, bajo nuevas formas, por otras latitudes. Hay miles de jóvenes que viven en las sociedades occidentales que ya son parte o están deseosos de ser parte de la yihad global. Esto es lo urgente, lo que debemos combatir aquí y ahora con toda decisión. Sin embargo, lo decisivo será enfrentar la corriente ideológico-religiosa de la que se nutre el yihadismo y que, como hemos visto, está enraizada en los fundamentos mismos del islam.
Debemos, en otras palabras, reconocer que existe un problema dentro del islam que reside en su aspiración central, incompatible con una sociedad abierta y democrática, de regir la vida social en su integridad. Esta aspiración, y no sólo los métodos más o menos extremos para alcanzarla, es el quid del problema. En este sentido, es sintomático que la crítica al yihadismo proveniente del islam institucionalizado (como la del Gran Muftí de Egipto y otras autoridades similares) se centre en la brutalidad de los métodos usados o en la proclamación ilegítima del califato, pero cuidándose de entrar en el fondo del asunto, ya que sabe que en ese terreno el islamismo tiene muchos triunfos en la mano.
Esta es la gran encrucijada del islam contemporáneo y debiera también ser encarada, clara y honestamente, por aquellos musulmanes reformistas que quieren hacer del islam una religión moderna. Para sobrevivir en el largo plazo, el islam debe iniciar una retirada desde su concepción original totalizante hacia la esfera puramente espiritual y privada. Queda por ver si ello será posible.


Mauricio Rojas, doctor en Historia Económica, profesor adjunto de la Universidad de Lund, ex miembro del Parlamento de Suecia y Director de la Academia Liberal de la Fundación para el Progreso.

viernes, 18 de julio de 2014

Historia de un engaño en la Venezuela actual.

CÁTEDRA “PÍO TAMAYO”: HISTORIA DE UN ENGAÑO EN LA VENEZUELA ACTUAL
Rómulo Lares Sánchez. 18JULIO2014
 
Las agresiones patrocinadas por los usurpadores de la autoridad y la representación de la UCV con el propósito de censurar y callar la investigación en el Centro de Estudios de Historia Actual-CEHA y sus afluentes: la línea “Problemas de la Venezuela Actual” del Doctorado en Ciencias Sociales de la FACES y de extensión en la Cátedra “Pío Tamayo-CPT”, fundada por autoridades rectorales dignas, encabezada por el difunto Rector Carlos Moros Ghersi hace ya 30 años, habría sido permanente durante los dos recientes lustros.
 
Esta certificación puedo ofrecerla como testimonio y como fruto de la investigación en el referido doctorado, que desnudaría la mentira para mostrar el horror de la historia trágica de la ocupación extranjera y la esclavitud de los venezolanos, posible sólo mediante la traición de los hombres y mujeres responsables, en juramento solemne a Dios y a la patria al recibir las armas de la República, la inexistencia de valores ni humanidad y el colaboracionismo de las élites académicas, eclesiásticas, políticas, patronales, gremiales, sindicales, cohonestadoras de la censura, la autocensura y el terror, cómplices y socios indispensables para producir la desaparición de Venezuela, su confirmación de la condición de “ex país” y para establecer VENECUBA.
 
El resultado más escandaloso que se pretende ocultar sería el de la creación y puesta a punto de una maquinaria para el exterminio, estimulando la discriminación, acoso, persecución, maltrato, secuestro, emigración y exilio sembrando el terror, que habría producido la eliminación planificada y sistemática por parte directa del Estado y en el desarrollo de las políticas del “Sistema Judicial” para la represión policial, para-policial y de brigadas de “colectivos armados” urbana, rural y domiciliaria, “fabricando” procesados, todos secuestrados, que muestra más de 230 mil asesinatos a partir de 1999 y más de 23 mil tan sólo durante 2013 con un 95% de impunidad.
 
Estas breves referencias se resumen en la demostración incontrovertible de la violación planificada y sistemática de la diversidad de Derechos Humanos establecida en el desarrollo de la Justicia Penal Internacional a partir de 1948, como resultado de la obligación del  género humano para detener las masacres industrializadas de las revoluciones y guerras de la primera mitad del siglo XX que renacen en el siglo XXI en VENECUBA, territorio bolivariano.
 
Mientras nos neguemos a ver, oír, oler, saborear y sentir la verdad, mientras la evadamos en coro en una danza acoplada de avestruces empinando sus cabezas para clavarlas bajo la arena, será imposible desnudar las mentiras que, de acuerdo con lo anterior y por su condición “In fraganti” serían fraudes cuya convicción se traduce en una lista referida de criminales confesos de lesa patria y de lesa humanidad, cuya responsabilidad no prescribe y la jurisdicción de sus tribunales es planetaria.
 
La semilla post moderna del mal estaría representada por la manipulación de la opinión pública y el fraude político-electoral que las autoridades de la UCV promueven y practican, haciendo coro a la ocupación, esclavitud y exterminio, cuando desprecian la dignidad y extienden la permanencia usurpando sus funciones para promover la institución que soporta toda esta farsa, calificada “pantomima” por otro difunto hombre venezolano, Rosalio Cardenal Castillo Lara, la del Poder Electoral del CNE, de las oposiciones y su sufragio.
 
¿Cómo podríamos sorprendernos ante la más reciente agresión a la Cátedra “Pío Tamayo”?: sólo cuando nos negamos a descubrir el velo de la mentira, el engaño, las tragedias del fraude y los crímenes contra la humanidad, nuevos valores de la ética colectiva implantados también en el siglo XXI venecubano.

jueves, 17 de julio de 2014

EL CIERRE DE LA CÁTEDRA PÍO TAMAYO por Luis Marín



El lunes 14 de julio de 2014 puede ponerse como fecha del cierre de la CPT de la UCV al no abrirle las puertas de la Sala E de la Biblioteca Central donde ha cumplido más de 30 años de labor ininterrumpida; cierre relativo, porque la Cátedra seguirá existiendo y sesionará en cualquier parte, por ahora en el pasillo, sin por esto subestimar el valor simbólico de la Sala E como punto de referencia y sede física de la Cátedra.


Este hecho brutal tiene que inscribirse en el proceso de cierres sucesivos de cuanta ventana de comunicación libre va quedando en este “ex país”, según expresión acuñada por su secretario ejecutivo, Agustín Blanco Muñoz; pero tiene algunas peculiaridades que vale la pena destacar.


Algo bueno debe hacer la Cátedra, en medio del silencio e indiferencia que cerca a sus actividades, para que gobierno y oposición oficial se hayan puesto de acuerdo para terminar de cerrarla. Quizás lo más sobresaliente es que se trata de un cierre de la MUD con el modus operandi del gobierno, esto es: un funcionario de tercera categoría dicta una medida fulminante supuestamente fundada en razones completamente espurias e inconsistentes, tras las que se encubren las verdaderas razones que habrá que adivinar. Como resultado, por un lado, una situación de hecho cumplido y por otro, la indefensión absoluta de los afectados.


A las víctimas se les impone ejercer el viejo arte de pelear contra un muñeco de paja porque el funcionario, no importa que sea de la universidad, actúa como un guardia nacional, cumpliendo “órdenes superiores”, no se sabe de quién, y los argumentos tampoco se pueden rebatir sin caer en la trampa de tomar lo falso por verdadero, en este caso, problemas presupuestarios, que si fuera el casotoda la universidad debería cerrar.


Lo cierto es que nos enteramos de que la UCV tiene una muy orwelliana “Gerencia de Información, Conocimiento y Talento”, que oficia el cierre de la Sala E, adscrita al Vicerrectorado Académico de Nicolás Bianco a su vez tutelado por la rectora Cecilia García Arocha; pero, por supuesto, la responsabilidad se diluye en los vericuetos de la burocracia y la crisis presupuestaria.


Por supuesto que si las autoridades tuvieran el más mínimo interés en que la CPT funcionara ofrecerían alguna solución alternativa; pero al contrario, cualquier propuesta choca con los inextricables reglamentos universitarios que, como la Constitución, sirven para cualquier cosa que se quiera hacer, pero igual para todo lo que no se quiere hacer.


Entonces, cuando no se entiende qué pasa, cuál puede ser la tranca, es que asoma la garra la inefablepolítica, en el mal sentido de la palabra. En un mundo conspirativista perfecto, donde nada se sabe con certeza, cualquiera puede imaginarse víctima de una negociación: Para que no cierren la UCV, ni desconozcan a sus frágiles autoridades, para que uno llegue a rector y otros a diputados, bien: pero éste tiene que salir.


En la CPT se critica a la MUD tanto como al régimen, no por capricho, sino porque se dice lo que es, sin cortapisas; pero ninguno de los dos está dispuesto a tolerarlo.


Irónicamente, todo tiempo ganado es tiempo perdido: igual van a cerrar a la UCV.


EL VERDUGO BENEVOLENTE


Son tantos los agresores de la UCV que provienen de sus aulas, que han desempeñado cargos de autoridades universitarias, quienes suman a sus cuantiosos honorarios en la administración pública pensiones de jubilación como titulares a dedicación exclusiva con primas de rectores, decanos, directores, que resultaría extenuante e inútil nombrar unos para dejar fuera otros tantos, así que cualquier interesado puede elaborar la lista que mejor cuadre a su memoria y siempre se quedará corto.


Todos comunistas, socialdemócratas, socialcristianos, es decir, que tienen en común el espíritu “social” que hermana a los líderes del gobierno con los de la oposición oficial; esto sin añadir el ingrediente “bolivariano” que los liga sin costuras a una comunidad nacional compacta de la que son representantes y únicos voceros autorizados.


La triste consecuencia de este mundo perfecto es que quien no esté de acuerdo con ellos se coloca fuera de esa comunidad sin fisuras, se convierte en apátrida, enemigo, traidor, que no merece existir y que de hecho, no existe: es puesto en ninguna parte sin posibilidad de comunicarse con otros, privado de toda posibilidad de contaminar con su presencia y su  palabra ponzoñosas la sólida unidad de espíritu del pueblo.


La singularidad del socialismo del siglo XXI es la absoluta beatitud con que ejecuta sus acciones, la desconcertante irresponsabilidad de sus agentes que, después de los resultados que están a la vista, incontrovertibles e irrefutables, admitidos por ellos mismos, no obstante, siguen siendo tan buena-gente como eran antes de perpetrarlas.


Podríamos detenernos en las cartas de Jorge Giordani o Héctor Navarro, ambos de la UCV, pero se correría el riesgo de personalizar, siendo que todos son iguales y puestos a escribir cartas dirían lo mismo y serían demasiadas como para reseñarlas.


Lo que habría es que detenerse a reflexionar en la impermeabilidad de la ideología, de cómo ciertas personas pueden revestirse con un teflón que los hace invulnerables no digamos a los juicios ajenos, los sufrimientos y la rabia del prójimo, sino al testimonio invencible de la realidad.


El socialismo logra milagros sorprendentes, por ejemplo: ellos optan a favor de lo universal en contraste con lo particular y esta toma de partido tiene consecuencias en todos los ámbitos. En materia de responsabilidad, todos somos responsables de todo, de manera que si usted come, es culpable de que otros se mueran de hambre; si usted se enriquece, es culpable de que otros sean pobres y así ad infinitum.


El milagro es que con este punto de partida concluyen en que ellos no son culpables de nada. Si se encara a cualquiera de estos prominentes socialistas del gobierno y se les reclaman los doscientos cincuenta mil asesinatos ocurridos bajo su mandato, los presos políticos, los estudiantes asesinados, secuestrados, torturados y un largo etcétera, dirán cualquier cosa menos admitir su responsabilidad.


Al decir de Ramón José Medina, un socialista además cristiano como son RGA y HCR, jefes de la MUD, su aliado unitario Leopoldo López está preso por su propia culpa; pero entonces los estudiantes también, los asesinados no lo hubieran sido si no se meten en manifestaciones, etcétera: quien culpa a las víctimas, exculpa a los victimarios.


Si fueran vivos como él, si cooperaran, ahora estarían participando en programas de risa en la televisión, haciendo pésimos chistes de humor negro, mofándose de las víctimas de la tiranía castrista.


La conclusión que se desprende inevitablemente de esta posición de la MUD es que ellos no son responsables de nada, aunque impongan una política y todas estas sean consecuencias directas de esa política.


A la irresponsabilidad burocrática hay que unir la buena voluntad de los dirigentes socialistas y con ambas el rigor militar, la fría impavidez con que perpetran crímenes, asesinatos y robos en masa, permaneciendo inocentes y bienaventurados.


Desafortunadamente para ellos, los hechos no ocurren en vano, no desaparecen por ser ignorados y cada muerto tiene sus dolientes.


DONDE VENCEN LAS SOMBRAS


Así como no puede decirse que la CPT se cerró en un día sino que se trata de un proceso que lleva años, hace tiempo que la UCV o, quizás con mayor precisión, sus autoridades, renunciaron a su función  esclarecedora, optando por el diversionismo y el acomodo.


Por poner un ejemplo inofensivo, denuncian  que la Universidad ha sido víctima en años recientes de cientos de agresiones de “la violencia”. Pero, ¿qué es la violencia? Una abstracción, una potencia ciega e indiferenciada que no tiene nombre ni apellido, que no es una persona imputable, ni una organización identificada, digámoslo de una vez, vinculadas al régimen.


Este lenguaje ha anidado en la sociedad  venecubana garantizando la impunidad: Ya ni se trata de identificar ni detener a nadie, todo se imputa a “la violencia”. Incluso, en un exceso antropomorfista, que no debe existir en ninguna parte del mundo, se dice que cientos de personas mueren cada mes “en manos” de la violencia.


Cuando vemos casos de estudiantes que han sido acorralados, golpeados y desnudados para exponerlos al escarnio público, las autoridades se preguntan: ¿Qué es esto? Y se responden a sí mismas: “¡Esto es fascismo puro!”


Es decir, que las autoridades de la Universidad suscriben el lenguaje oficial según el cual toda atrocidad es sinónimo de fascismo, aunque sea perpetrada por comunistas. El crimen, la violencia y el atropello son fascistas por antonomasia; luego, no existen crimen, violencia y atropello comunistas.


En Venecuba el régimen acusa enfermizamente a todo el mundo de “fascista” y ahora la oposición oficial hace lo mismo contra el gobierno. Alguien debe estar equivocado, porque si el régimen de Maduro es fascista, está como un poco cuesta arriba explicar que sea títere de los Castro que, hasta nuevo aviso, se definen a sí mismos como comunistas y sin ánimo de ofender.


Lo que ocurre es que este es como un sello de calidad izquierdista, al que no le viene nada bien el anticomunismo, que es más propio de la derecha, tan repudiada por el régimen como por la oposición oficial.


Es un hecho sorprendente que en la reciente crisis de Ucrania, los rusos hayan calificado a los ucranianos como “fascistas” y se preparan para defenderse de la agresión hitleriana, ¡dentro del territorio de Ucrania!


Asimismo, los árabes califican de “agresión fascista” las acciones de defensa de Israel contra los ataques misilísticos de Hamas desde Gaza. El fascismo es un comodín, un sello de identidad del izquierdismo, islamismo, terrorismo y cualquier cosa que sea Putin, porque la era postsoviética los dejó sin argumentos.


Y esto nos lleva al meollo del problema y al rol de la Universidad. La pregunta: ¿a qué nos lleva la mentira como sistema?, no ha sido respondida.


Es posible que una población sea movilizada y organizada con base en mentiras y manipulaciones, pero ¿a dónde se llega por ese camino? No hay ni un solo filósofo ni guía de la humanidad que reivindique la mentira como forma apropiada de vida social, ni siquiera que la vida social sea posible sobre esas bases. Todos exaltan la Verdad.


Entonces, ¿no debería ser función de la Universidad decir lo que es, develar lo oculto, hacer brillar la luz, vencer las sombras?


No parece que este sea el caso y ahora sí que podemos decir que entramos de lleno en los “tiempos de oscuridad”.



 

Luis Marín

17-07-14